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El día que volví a nacer

Fuente: Engin Akyurt/ Unsplash

Todo comenzó una bonita noche de verano, concretamente un martes 18 de agosto, en una bonita isla llamada Mallorca. Llegó alguien especial, que no supo que lo era hasta muchos años más tarde, en este bonito viaje le acompañaba su madre, sus abuelos y una hermana mayor que sería una especie de ángel de la guarda.

«¿Dos chicos se pueden besar?»

Poco tiempo después se mudaron a Barcelona, allí empezó en su primer colegio, donde tuvo que ponerse el color azul en un babi con el que no se sentía nada identificada. Siempre prefirió el rosa, desde ese primer momento donde ya empezaba a tener uso de razón sabía que pasaba algo en “ella”, pero no sabía qué era exactamente pues no tenía referentes al respecto. Se sentía atraída por los chicos, pero siempre pensó que estaba cometiendo un pecado mortal, que sentía algo malo, y aquello se convirtió en un compañero de viaje: la culpabilidad, la vergüenza, el miedo, la desazón….

Un día se atrevió a preguntarle a alguien…«¿dos chicos se pueden besar?» Y un rotundo «NO» salió de esa boca, seguidos de “eso es algo impensable”. A partir de ese momento pasó a pensar durante toda su infancia que estaba “loca” literalmente loca, el sufrimiento era parte de su día a día. Años más tarde regresaron a esa isla donde la vio nacer, y de nuevo tuvo que empezar en un colegio distinto, ahora trataré de haceros ver con mis ojos lo que sentí cuando llegué a esta parte de la historia, ella NO TENÍA AMIGOS, nunca los tuvo, siempre sufría rechazo, desplantes y desprecios por ser diferente a lo que se supone que esta sociedad ha impuesto que es NORMAL.

«Ella fuerte, bella, bonita por dentro y por fuera»

En ese colegio un día cualquiera a la hora del recreo, había dos patios separados por unas rejas, a un lado estaba ella y al otro su querida hermana mayor, imaginaos esto, ella se acercaba a esa reja a comerse el bocadillo con su hermana, se pasaban el recreo juntas separadas por esos hierros, porque no había ni un solo niño que quisiera jugar con ella y si algún día su hermana no estaba en el patio, se dedicaba a dar vueltas alrededor SOLA. En aquella época se llevaban mucho las cartas perfumadas para las chicas y para los chicos las cartas de Dragon Ball. Uno de los días Lara llevaba una carpeta con esas cartas y se le cayó al suelo, todas salieron volando y literalmente fue el hazmerreír de un centenar de niños. Ella tirada en el suelo recogiendo aquellas cartas perfumadas para chicas, recogiendo su pedazo de corazón hecho añicos por no sentir lo que debía sentir, por no ser cómo debería de ser, por no estar donde debería estar, por no tener el cuerpo que tendría que tener… pero ella fuerte, bella, bonita por dentro y por fuera.

Con el alma llena de grietas, pero con alas en la espalda, ella sabía que algún día echaría a volar… le siguieron muchos más años de burlas y de insultos, “llorica”, “marica” o “maricón”. A pesar de esta infancia llena de subidas  y bajadas ella guarda un bonito recuerdo, es lo que le tocó vivir y es lo que ha hecho que hoy sea la persona que es. Llegó el día en que le contó a su madre que le gustaban los chicos, tuvo miedo de defraudarla, pero todo salió bien, a pesar de todo siempre se sintió protegida por su querida hermana mayor.

A los 13 años conoció a transexuales eran personas mucho mas mayores que ella, nunca olvidará especialmente a dos chicas trans “Amaranta” y “Natalia” son las que le empezaron a hablar de las hormonas y todo aquel mundo que ella no entendía, pero al que sí aspiraba. Realmente su gran descubrimiento fue en unos carnavales, tenía unos 13 años, se disfrazó de Cleopatra, ella maquillada, tacones, peluca, fue la primera vez que sintió que su alma, su corazón y su cuerpo iban al unísono. La primera vez que entendió que era una mujer, que era eso lo que quería ver reflejado en su espejo el resto de su vida, aquel día se convirtió en uno de los días más felices que recordará siempre.

Ahora viene su primer amor a los 16 años, aún no estaba operada, el chico era heterosexual, pero se enamoraron, fue esa preciosa historia de amor que todos tenemos en la adolescencia, pero con un matiz importante. Ella no le podía proporcionar un “sexo completo”, así que aquello tuvo que llegar a su fin, sufría muchos bajones emocionales y era una lucha continua por andar en desconcordancia con lo que se supone que debe ser el amor cuando se lleva a la piel. A esto le siguieron años de lucha, trabajos…

«LARA y su bonita forma de intentar volar en todos los sentidos»

A los 19 años pensó que el mejor trabajo de su vida sería en una tienda de ropa, veía a las chicas dependientas con tacones, maquilladas, arregladas y se volvía literalmente loca, y ¿sabéis que? Lo consiguió como todo lo que se ha propuesto en su vida y llegó el gran momento: la operación. Aunque ella lo llamó “el día que volví a nacer”, que bonita manera de expresarlo, ¿verdad? Ese día su alma salió a la luz, desquebrajada, llena de llagas, con los ojos rojos de haber estado tantos años en la oscuridad absoluta, en ese momento de su vida le acompañaba otro amor que atravesó la puerta de esa habitación de hospital con un gran ramo de rosas rojas preciosas… pero tampoco siguió adelante, pues eran muchos años de sufrimiento, soledad, tristeza, incongruencia e inseguridades, y tuvo que decir adiós a aquel chico.

Paso algún tiempo en valencia y finalmente en Madrid, donde consiguió ser auxiliar de vuelo para una de las mejores compañías, ¿que casualidad no? Auxiliar de vuelo, volar, alas…LARA y su bonita forma de intentar volar en todos los sentidos…. Y ahora, ahora sigue volando de todas las maneras posibles que os podáis imaginar, solo le falta volar en el amor y sé que algún día lo hará, ella me dijo esta frase “los hombres no se plantean llevar de la mano a una chica trans”, y yo digo “los hombres de verdad se plantean amar en cualquiera de sus formas”, esta bonita historia de superación no va de mí ni de mi forma de escribir, no va de reivindicaciones, eso LARA lo hace genial, tampoco va de dar lecciones de nada ni a nadie, va de una chica que nació chico y lo único que quería era ser aceptada, respetada, valorada y sobre todo AMADA.

Con todo el respeto y el amor del mundo a todas esas personas que como LARA han pasado por todas estas cosas, lo siento… volvería a nacer para deshacer vuestra memoria.

Ana tey
Ana tey

Actriz sevillana, viviendo en Madrid, vitalista y muy activa en grupos de Whatsapp.

1 Comentario
  1. Aceptar las diferencias nos hace nobles, grandes hombres,grades mujeres, grandes personas.
    El inconsciente no distingue de género masculino ni femenino para el inconsciente somos sujetos psíquicos.
    Miremonos con amor y aceptemos las diferencias.
    Me ha encantado este relato de Ana Tey.

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