Pilar Aural, una vida de lucha e inconformismo

Un día mi hermana me propuso colaborar con un centro, me contaba pequeñas historias de su fundadora. Hasta que decidí llamar a esa mujer e ir a conocerla. Su nombre es Pilar Aural Izquierdo, está a punto de cumplir 80 años, pero tendrías que verla. Fue una niña de la postguerra, como ella dice, eran cinco hermanos, dos niños y tres niñas, ella la segunda. Muy pobres y a falta de recursos, pues su padre se dedicaba a picar en las trincheras buscando cualquier cosa. Así era la vida un trapero:

«Recuerda una niñez con muchas calamidades y fatigas, pasaban tanta hambre que la comida que tiraban los ricos a la basura, ellos la cogían»

«Ahora se baja la bolsa de la basura a los cubos, pero antes el portero subía piso por piso a recogerla. Para que el portero te dejase subir a ti, tenías que criar un pollo todo el año (que no nos lo podíamos comer nosotros con el hambre que teníamos). Mi padre sacaba la basura de la Plaza  de Oriente, luego la traíamos a casa y echábamos el trapo a un lado, el papel a otro, separábamos el metal y el resto de la basura se la echábamos a los cerdos de los vecinos», cuenta Pilar.

Recuerda una niñez con muchas calamidades y fatigas, pasaban tanta hambre que la comida que tiraban los ricos a la basura, ellos la cogían, la lavaban y se la comían. Su casa la había fabricado su padre, imagínate cómo sería, que no se olvida de la hierba que salía de debajo de las camas, con una base de colchón de borra.

Llegó un día importante en su vida; se casó con su novio a los veintiún años. La única pareja que había tenido en su vida. Estaban enamorados, alquilaron una casa, pero la desahuciaron y se tuvieron que ir a vivir con su suegra. Ella no soportaba a su suegra, era una mujer muy celosa que no podía ver cómo su hijo estaba con otra mujer que no fuese ella. Le hizo la vida imposible.

«El sustento de la casa era Pilar, aunque su marido trabajaba, estaba enfermo del corazón y no podía hacer muchos esfuerzos»

El marido de Pilar se queda sin trabajo, y el desprecio de su suegra hacia ella, hizo que volviera a la casa de sus padres. Volvió a quedar embarazada. Mientras hacía pequeños trabajos de costura y limpiaba casas, su padre les echó de casa. Gracias a un primo suyo que les dejó una chabola donde vivir » donde conocí las cucarachas que volaban, yo no sabía que las cucarachas volaban»; y ahí fue donde nació su segunda hija.

Un día su padre se puso muy malo por haberla echado de casa y volvió con ellos. Como tenía una nave le dejó que se instalaran allí. Tenía hermanos solteros que también le hacían la vida imposible. Después de mucho penar, por fin, se compraron su casa donde viven desde hace cuarenta y ocho años. Lugar donde nacieron otros cuatro hijos más.

El sustento de la casa era Pilar, aunque su marido trabajaba, estaba enfermo del corazón y no podía hacer muchos esfuerzos. Él trabajaba en el almacén de una empresa, hasta que se enfermó y le dieron un puesto en la oficina. Todo parecía ir más o menos bien, la situación se estaba estabilizando. «Después de toda una vida cuidándole, hasta que pasó otra mujer por su lado y se marchó. Yo siempre digo que fui una mujer abandonada, no maltratada. Lo pasé muy mal al principio, pero luego pensé que el matrimonio es un contrato que se firma y no compras a nadie, entonces si él se ha enamorado y se ha ido, no pasa nada» cuando Pilar me confesó esto me encojo de hombros, abro los ojos y… juntas explotamos a reír a plena carcajada.

«Mi hijo empezó con catorce años con la droga, la compraba en la puerta del colegio»

Ahora es cuando viene lo realmente duro. Pilar tenía un hijo que estaba enfermo: «Mi hijo empezó con catorce años con la droga, la compraba en la puerta del colegio. No sabía lo que esos suponía y cuando mi hijo me pidió ayuda lo llevamos a un centro de desintoxicación por el que pagaba 150.000 pesetas. Allí estuvo seis meses. La mujer que le vendía la droga iba al centro diciendo que era su suegra, para así sacarlo y engancharlo otra vez . Comió mucha cárcel y más cárcel» Su hijo le pidió ayuda cuando ya estaba muy dependiente.

¿Por qué fue a la cárcel? «Porque ninguna familia puede soportar, a no ser que tengas millones y millones, el gasto de esta enfermedad. No me gustaba que mi hijo robase, pero él lo hacía para dar de comer a otros. La gente ha abusado de estos chicos, han comido de ellos, mientras sus familias acaban destruidas. Me da mucha vergüenza decir que mi hijo robaba, pero no tenía más remedio. Se había metido en un mundo que yo no podía mantener y que además, nunca le he dado dinero para que se mate, le he dado dinero para que se salve. Todo el mundo ha comido de ellos, y ya no tenían nada más que la muerte»  Ella lo contaba con tanta rabia, y con todo su derecho, pues sentía que estaban tirando de su hijo para el lado que no tenía que ir, y la fuerza que hacía ella no era suficiente.

«No eres más hombre ni más mujer porque te ofrezcan y lo cojas»

«Dile a los chicos y chicas que creen que siempre van a controlar, por favor, diles qué siente una madre con un hijo o hija enfermo. A los chavales que están empezando, que para reír no hace falta tomar nada, y siempre que tengas un problema consúltale antes a tu mejor amigo o a tus padres que son los que te van a ayudarte. No eres más hombre ni más mujer porque te ofrezcan y lo cojas. Imagínate cómo me he sentido cuando he ido a la cárcel y le he visto a mi hijo chorreando sangre y le he preguntado al funcionario:»

Pilar: ¿Qué le ha pasado a mi hijo?

Funcionario: ¿Qué te ha contado él?

Pilar: Que se había caído.

Funcionario: Pues quédate con eso y no con que le hemos pegado.

Tengo la sensación de que en la cárcel la castigaban a ella por los delitos de su hijo. Estas son algunas frases que he sacado de nuestra conversación: «Hay mucha información, pero hay más gente que quiere ganar dinero»; «Parece ser que la juventud estorba»; «Murieron miles de chavales por la droga… ¿y no lo veían? Lo veían de sobra» ;»¿Por qué en vez de cárcel no les daban un centro? No sé de ninguno que haya salido de la cárcel recuperado».

 El 11 de septiembre de 2012, su hijo Javier fallecía en sus brazos. No quiso llevarle a un hospital, ella se encargó de los cuidados sus últimos 18 meses de vida. ¿Cómo afrontar la muerte de un hijo? Ahora Pilar es cuando sonríe y se siente aliviada y relajada. «La muerte de mi hijo la he aceptado llena de sonrisa porque está en mi corazón. Nadie come de él, nadie le pega, ni lo va a maltratar. Sé que está en el cielo descansando. Cuando tengo un problema, llamo a mi hijo y a mis chavales y algo viene al Pato Amarillo». Pilar habla de todos los chicos que ha intentado ayudar cuando estaban en la situación de su hijo y han fallecido.

«Empecé siendo una madre contra la droga y me he convertido en un centro donde todo el que sale por la puerta se va vestido y alimentado»

¿Y qué es el Pato Amarillo? «Empecé siendo una madre contra la droga y me he convertido en un centro donde todo el que sale por la puerta se va vestido y alimentado. Para la comida sí se piden unos requisitos, pero para la ropa nada, lo que aquí tenemos son cambios de armario, bien me gustaría que viniese una empresa grande y nos echara una buena mano. Ahora tenemos una empresa que nos ha comprado zapatos nuevos para que los niños puedan ir al colegio. El Pato Amarillo es un sitio donde viene gente con muchos problemas».

¿Tenéis alguna ayuda o subvención? «Todavía no he pedido nada. Con la ayuda de todo el que quiera traer algo, pintar o arreglar una avería. Esto se mantiene con lo que la gente nos trae: ropa, comida, lo que sea. Además, no cerramos ningún día del año, porque la gente come todos los días».

Desde entonces, cada vez que voy a verla nace en mí una sensación de, siempre que esté ella ahí no va a pasar nada malo. Es una sensación de calidez y felicidad, de sentirte protegida. No hay vez que vaya que me deje indiferente, cada día me traigo algo nuevo.

María Ángeles
María Ángeles

Prefiero escuchar a hablar.

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