Perder el miedo para dar paso a la oportunidad

Fuente: Andrea Piacquadio/ Pexels

Estamos ante tiempos cambiantes o quizás debiéramos pensar en los cambios en los tiempos establecidos. Nos han sacado de nuestra zona de confort, con el estrés y la ansiedad repentina que eso puede generar. Hemos pasado de la inmediatez y frenetismo en nuestro día a día a la quietud, la calma y el sosiego. Es un gran momento para poder conocernos y aprender a manejar las herramientas adecuadas para lidiar de la manera más adecuada con la situación, perdiendo el miedo y dando cabida a la creatividad, originalidad y oportunidad. 

Preocupados normalmente por las tecnologías, la economía, los horarios o los transportes, y dejando de lado la salud de las personas, tanto la física como la psíquica, los cuidados propios y de las personas cercanas, ha venido un pequeño bichito, que no solo desorganiza todo nuestro sistema establecido, sino que nos hace despertar y ser conscientes de lo importante e impactante que es la salud en todo lo que rodea a nuestras vidas.

«Ningún cambio radical es bueno, uno tarda en acostumbrarse unos días mínimo en generar un hábito nuevo»

Va a haber un antes y un después de la pandemia. Se ha visto cómo teníamos una frontera con países vecinos, momentos en los que quizás ahora ese muro nos parezca demasiado alto. Cómo podemos sentirnos cuando los demás no nos dejan entrar a sus tierras, y la poca costumbre que tenemos de estar sin hacer nada, disfrutando de los nuestros, con un ritmo más lento y pasando más tiempo con nuestro yo interior.

Ningún cambio radical es bueno, uno tarda en acostumbrarse unos días mínimo en generar un hábito nuevo. Pero quizás de este parón obligado, al cabo de las semanas, algunos empiecen a valorar otras cosas. Por ejemplo, que ya no es necesario contratar a alguien cercano, si desde cualquier país me pueden dar ese servicio. O que para qué estar de alquiler en una oficina grande si no es necesario que la gente esté todos los días y todo el tiempo allí. O que no nos apetezca usar tanto tiempo de nuestras vidas en transporte, si desde casa lo puedo hacer igual o mejor.

«Tenemos que practicar el cambio, la plasticidad, la adecuación y con ello el bienestar, tenemos desentrenado al cerebro»

A los dos días de estar el país en cuarentena, escuchaba a la gente desesperada de estar encerrada en casa. Me resultaba curioso, cuando un fin de semana de lluvia sé de amigos que ni abrían la puerta de su casa. Esto nos hace ser conscientes de la poca educación que tenemos en el tratamiento de nuestros valores, inquietudes, sentimientos, el conocernos y respetarnos a nosotros mismos. No sabemos gestionar nuestros sentimientos, nuestras formas de actuar, nuestro auto control.  Continuamente nos llegan deberes para los niños, qué series o programas de televisión podemos ver, cómo podemos organizar y pasar el día. Estamos continuamente en un día a día dirigido, somos como autómatas que si no nos establecen lo que debemos o tenemos que hacer, y estamos siempre ocupados, no sabemos estar. Tenemos que practicar el cambio, la plasticidad, la adecuación y con ello el bienestar, tenemos desentrenado al cerebro. 

Qué ocurre con la creatividad, con el no hacer nada y aburrirse, esos momentos que son los que verdaderamente hacen que salgan los genios de nuestras mentes y seamos brillantes. Los niños parece que no saben estar en casa si no hacen deberes ¿o somos nosotros los que no sabemos estar con ellos sin mantenerles ocupados? 

«Observar exige de una gran concentración y entrenamiento, que ayuda a dejar de dar conclusiones subjetivas sobre nosotros mismos»

Qué estamos haciendo con el aprendizaje y la creatividad en las escuelas y los hogares. Quizás si empezásemos a observarnos y a observar a nuestro alrededor, podríamos darnos cuenta no sólo de lo que podemos dar y enseñar, sino lo que podemos aprender. Observar exige de una gran concentración y entrenamiento, que ayuda a dejar de dar conclusiones subjetivas sobre nosotros mismos y lo que nos rodea, y así poder dar respuestas a las necesidades, sensibilidades, dificultades e intereses en cada momento. 

Y por último no puedo dejar de hablar sobre el curioso brote de psicosis sobre el papel higiénico. Parece que la gente no sabe que hay agua en las casas para lavarse, quizás muchos clientes entiendan ahora por qué los profesionales les aconsejamos muchas veces que, si quieren prescindir del bidé, pongan las duchas higiénicas o grifos de bidés. Quizás después de esto nos encontremos que la gente ya no busca tanto estar en un mini piso en zonas centrales, sino que prefiere poder estar en una casa con más espacio, y volvamos a instalar los bidés que en su día se mandaron cerrar o quitar.

Adamira Herrero
Adamira Herrero

Arquitecta, diseñadora, profesora, emprendedora, amante del origami y madre.

1 Comentario
  1. Comentarios muy interesantes y enriquecedores para estos momentos. Qué bueno sería que de verdad aprendiéramos algo para cambiar cuando todo esto acabe. Pero hay que estar atentos a la rueda de la producción y del consumo, que volverá a estar, más dispuesta que nunca,a manejarnos.

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