Todos abrían armarios y cajones, adjudicándose sus recuerdos.
Incómoda, salí al patio.
Con suerte el sol secaría mis mejillas.
Lo supe.
Elegí un geranio.
Si ella ya no podía regar sus plantas, lo haría yo.
Lo único que me importaba era seguir cuidando de lo que ella mantuvo con vida.
