Hay una expresión que fui cambiando con el tiempo…
Apenas llegué a España, me dije: «Ahora hay que empezar de cero». Y alguien que me ama me dijo: «¿Y si cambias la palabra cero por la palabra nuevo?»
Ahora hay que empezar de nuevo.
Lo hice. Puse en mi corazón ese cero. Lo dibujé en el aire para poder verlo afuera.
Cero.
Cero en la cuenta bancaria, cero en mi lista de contactos telefónicos, cero vecinos conocidos, cero amigos a la hora de un mate, cero en mi lista de clientes, cero…
Lo acaricié, lo abracé, lo miré y lo solté.
Y no… no lo solté porque soy brava ¡Lo solté porque elegí!
Elegí con el corazón.
Elegí transmutar el vacío total, el pozo, la caída libre, el ahogo del cero, en una oportunidad de cambio, de salto, de paso.
Elegí el Hoy.
Elegí ver que, así como el cero es un círculo, el tiempo también lo es…
No dejé todo atrás, ese todo viene conmigo, sigue aquí, me constituye, ese todo es lo que SOY y soy donde sea que esté.
Elegí ver en la Nada del cero, el TODO de lo nuevo.
Y me pregunto ¿cuántas veces en la vida pasamos del cero a lo nuevo?
¿Cuántas veces tomo la oportunidad que llega o me quedo en lo conocido que, aunque resulte incómodo, me mantiene atrapada en el rincón calentito del cero?
Todos somos migrantes.
No hace falta cruzar fronteras, ni tomar aviones, ni adaptarse a idiomas nuevos, ni tocar las piedras de Outlander…
Todos dejamos atrás algún castillo, incluso de naipes, para habitar otros.
Se migra de tierra, se migra de piel, se migra de dimensión.
Migrar es moverse, mudarse, cambiar, integrar, soltar y… ¡¡¡volver a empezar!!!
Migrar es Renacer.
Migrar es tener la Valentía de Vivir, de Ser quien Soy, no importa dónde, no importa con quién, no importa con cuánto en el bolsillo, no importa en qué idioma, no importa qué diploma quedó colgado en alguna lejana pared…
Se requiere de acción, de fuerza,de silencios que incomodan adentro mientras todo se acomoda afuera y, sobre todo, de una gran certeza en el alma: esa voz que te va guiando y que, si estás abierta a oírla, te llevará al sitio en el que hoy hay que estar, aunque todavía no sepas para qué o, por el contrario, aunque lo tengas clarísimo.
Los planes del ego no siempre son los planes del alma, cuanto antes lo asumamos, más sutil será la mudanza.
Los nombres de las calles se aprenden, la nueva lengua se entiende, los trabajos aparecen, los vecinos rápidamente abren sus puertas y pronto salen a nuestro encuentro nuevos amigos. Mientras tanto, la persona que eres está más fuerte, se escucha más, se enraíza, brilla más.
Y mientras afuera te dicen: «¡Cómo cambiaste!». Y sí, ¡cambié!, y celebro el cambio.
Celebro y agradezco los castillos y las pieles de los que fui migrando, son los que me trajeron hasta acá.
Hoy abro mis brazos y mi corazón para seguir migrando y seguir sintiendo que eso que ahora tiembla por dentro es el impulso que está tomando el alma para ir a lo nuevo.


