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El 42,8% de los jóvenes han sufrido ataques de ansiedad durante la pandemia

ansiedad
Fuente: Eric Ward/ Unsplash

En algunos artículos se habla de la generación nacida entre 1985 y 1994 como una de las grandes perjudicadas por haber sufrido la gran recesión de 2008, la situación actual y la previsible crisis que esta pandemia provocará. 

Sin embargo, poco se habla de los adolescentes de hoy, que antes de que todo esto pasara ya luchaban por sobrevivir en una sociedad basada en la imagen, y en el término ampliamente utilizado como “postureo”, que resume a la perfección esa necesidad de mostrar que están bien aún sin estarlo. 

¿Cómo sobreviven esos jóvenes al impacto psicológico que supuso estar encerrados en casa si se encuentran en una etapa en la que lo más importante son sus relaciones sociales? ¿Cómo superan ese encierro físico y emocional para huir de una familia con la que están en conflicto permanente y con la que la comunicación es escasa? ¿Cómo retoman sus vidas tras pasar horas con la única compañía de una o varias pantallas, y que, sin saberlo, fue la gota que colmó el vaso ante una generación que no es capaz de encontrarse?

Escucho casi a diario, de forma directa o a través de otros docentes, casos de adolescentes con depresión, ansiedad social y problemas relacionados. Estos datos han sido avalados por una encuesta reciente del CIS según la cual, el grupo de jóvenes entre 18 y 24 años son los que más ataques de ansiedad han sufrido durante la pandemia, en torno al 42,8%, o por un estudio de la revista Psychiatry Research que afirma que han aumentado los casos de insomnio y los síntomas de depresión y ansiedad.
La pandemia no ha hecho más que agravar un problema ya existente, el de la baja autoestima, el de la necesidad de obtener resultados inmediatos, y el de la frustración al no lograrlos. A esos jóvenes les cuesta cada vez más relacionarse sin tener una pantalla de por medio, y mostrarse como son sin saber si están dentro de lo que se considera “normal para su edad”. Pero…¿qué es lo normal?, ¿no estamos acaso construyendo una imagen de felicidad idealizada que a ciertas edades es imposible detectar? 

Se hace necesario escuchar lo que los jóvenes tienen que decir, y no solo achacar a ese grupo los comentarios desesperanzadores de “que está perdida” sin conocer lo que les preocupa. Es vital premiar sus logros pero también el esfuerzo que acabe en derrota, resaltando que con el intento se aprende incluso más de la vida, y se sale reforzado. Ofrecer una palabra de ánimo, comunicarse, con palabras y también con gestos, escuchar activamente y ponerse en su lugar.  

Para que esta generación sea sana en un futuro debemos empezar a atenderles desde el presente, empezando por sus familias, sus docentes, y unos servicios públicos de salud mental reforzados y capaces de asumir los problemas que esta sociedad ya tenía y los que la pandemia ha destapado y agravado. 

Yohana González

Docente observadora, preocupada e inquieta. Plasma en texto lo que contempla.

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