Si la música fuera ‘saudade’

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Fuente: bairradainformacao.pt

Si Lisboa sonara a algo sería sin duda al ritmo de una viola y la guitarra portuguesa. De la mano de una fadista del Bairro Alto encontraría lugar para hablar de la tristeza y la añoranza, de las glorias pasadas, pero también de los versos de poetas como Camoens o Pessoa. Lisboa como respuesta a este sentimiento tan portugués, suena al género musical que tan bien contempla estas características y que se conoce como fado. La palabra portuguesa desciende etimológicamente de la palabra latina “fatum” que significa literalmente “destino”.

«El tango y el flamenco poseen también sus confluencias con el fado portugués»

El fado nace a principios del siglo XIX en los barrios lisboetas más pobres como Alfama, Mouraria y Bairro Alto. Su origen popular proviene según investigadores como Gonçalo Sampaio, Mascarenhas Barreto o Pinto de Carvalho de influencias provenientes de las colonias africanas y brasileñas de la época. De un lugar o de otro, no cabe duda de que descienden del mismo sitio, el mar.

Además, cabe señalar los paralelismos existentes con otros géneros de la época como el tango y el flamenco que poseen también sus confluencias con esta música portuguesa. A pesar de que su versión más pura se encuentre en el puerto de la capital lusa entre las clases pobres de marines y obreros, el fado posee también una segunda modalidad. A 200 kilómetros hacia el norte de la ciudad, concretamente en Coimbra se da una particularidad del género, más académica y cerrada al canto de fadistas varones. El más conocido y a la vez igualitario es el de su ciudad natal en el que además predomina el papel de las mujeres solistas acompañando a las guitarras.

«La ‘saudade’, es el sentimiento de melancolía que aparece cuando algo o alguien se ha ido»

Durante mucho tiempo, se ha asociado este género musical con la dictadura ya que además de hablar de amor y desencanto contempla subtemas dignos de comentario. Así pues, el imperio perdido o la patria que no pudo ser, se tratan de asuntos cantados desde la añoranza y el sentimiento que más acompaña a los portugueses, la ‘saudade’. A pesar de que no tenga una traducción concreta en español, es el sentimiento de melancolía que aparece cuando algo o alguien se ha ido. Según el pensador Humberto Quiroz “saudade es lo que se queda de aquello que no se quedó”.

«No cabe duda de que si la música fuera ‘saudade’ sería sin duda un fado»

Un significado tan peculiar acompaña siempre a los más grandes intérpretes de la canción del país. Este es el caso de Amália Rodrigues (1920-1999) quien se ha convertido en la mejor definición del fado de todo Portugal. La cantante ha superado las fronteras del país ya que internacionalizó el fado llevándolo a las grandes salas europeas. De esta forma, se coronó como la embajadora artística lusa. Junto a fadistas como Mariza, Carlos do Carmo, Maria Teresa de Noronha o Madredeus se ha logrado posicionar al género en un nuevo escalón. Es así como en 2011 la Unesco inscribió El fado, canto popular urbano de Portugal, como integrante de la lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Por ello, no cabe duda de que si la música fuera ‘saudade’ sería sin duda un fado. Uno cantado en el Bairro Alto hasta el centro de la ciudad. Desde y para el corazón.

Vanessa Lobo
Vanessa Lobo

Periodista y amante del arte en todos sus estados. A punto de poema.

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