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La melancolía se instaló en mi mirada el día que te fuiste

melancolía
Fuente: Rafael Barros/ Pexels

A tu ausencia le doy las gracias. Te beso los recuerdos mientras nace en mí el sentimiento que provoca un café amargo sin tertulia, la impaciencia de unos pasos apresurados que insisten en dejarme atrás, la soledad acuchillando mi devoción por los días grises de tormenta. Entiendo que te fueras, la fragilidad de la presencia es algo tan bello como el cristal más preciado en manos de un niño curioso. Las pulsiones tanáticas querrán destruirlo y hallarán placer cuando se rompa. Cuántas veces se nos rompe la mente, cuántas veces eso nos reforma. 

«La melancolía se instaló en mi mirada el día que te fuiste, y me nace la tristeza de vez en cuando»

Me reconozco en el cambio tras cada (re)encuentro intermitente, aunque la melancolía se instaló en mi mirada el día que te fuiste, y me nace la tristeza de vez en cuando, cuando te pienso los días de luna. Luego muere en mi sonrisa para cerrar el ciclo. Me enamora mi naturaleza cíclica y salvaje, las montañas rusas de emociones que me asaltan y me abrazan sin resistencia. Quiero experimentarlo todo, hasta marearme la mente y soltar el control que no tengo. Ahí quiero mecerme, quedarme hasta sentir el equilibro, y perderlo de nuevo.

Cuando paseo por el cementerio de los libros olvidados puedo sentir la mezcla de historias que nos contamos a la luz de la luna. Algunas las dibujamos con el cuerpo y están escritas en las arrugas de mis ojos y en los lunares de mi piel. Ese lugar lo derribaron, y entre los escombros quedaron sepultados los universos paralelos que nos cobijaban los secretos. Y ya no hay secretos ni memorias que guardar, tampoco lecturas que hacer. Un eco lejano resuena en mis profundidades, anhelando un puente que lo lleve a la intensidad de tu presencia, y él mismo se duerme sollozando en los brazos de la incerteza, porque la ignorancia es un placer incomprendido que pocos reconocen. Las ruinas de ese lugar me piden que me aleje, que te deconstruya con ellas. La oscuridad siempre nos pisó los talones. 

«Me dueles justo ahí, en la sombra de la presencia que un día me arropaba»

Te suelto ahí, en lo efímero de la luz de una vela que regresa a las tinieblas. La materia se deshace, como la cera de una vela, dejando espacios de vacío ante nosotros. Y parece que la esencia se pierda, aunque lo cierto es que no sabemos mirarla. El vacío me impulsa al silencio, y el silencio te nombra mientras me tomo una taza de té con hierbas para el dolor que me invento. Me dueles justo ahí, en la sombra de la presencia que un día me arropaba.

Andrea Moonforce

Escribo versos a corazón abierto, desnudando palabras aún enmascaradas.

1 Comentario
  1. Andrea , gracias por esta hermosa creación capaz de acariciar de una forma sublime mi sensibilidad especialmente a flor de piel .

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