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Privilegios masculinos: ¿Cuánto tiempo más vamos a permitirlo?

Aún existe una tendencia arcaica en estas latitudes del S.XXI. Conducta aprendida que asumimos sin dedicarle un mínimo de reflexión. Contratos generacionales que no se revisan. Al contrario, se renuevan automáticamente sin ánimo de ser renovados.

A lo largo de la historia la mujer ha evolucionado en muchas parcelas. No obstante, continuamos plantando cara a imposiciones que deberían haber caducado hace mucho tiempo en nuestro entorno familiar, social y profesional. 

No solo contamos con el privilegio intransferible de ser las únicas con la capacidad de tener dos corazones latiendo al mismo tiempo dentro de nuestros cuerpos sino que además, somos innatamente conciliadoras, empáticas, valientes y capaces de mantenernos firmes en una sociedad desproporcionada entre ambos sexos.

En el transcurso de la permisividad que la historia nos ha concedido en cámara lenta, hemos conseguido evolucionar renunciando a ser expuestas en estanterías como figuras de Lladró. Más bien hemos sido capaces de abrazar oportunidades con la convicción de estar perfectamente preparadas para ejercer nuestras habilidades en cualquier ámbito.

Somos madres en una conciliación surrealista, hijas atentas de nuestros mayores, médicos improvisados para nuestros hijos, regazos blindados y al mismo tiempo, profesionales y trabajadoras. Somos malabaristas en un circo que nunca nos lo ha puesto fácil.

Las mujeres hemos ganado terreno a base de tenacidad, disciplina y compromiso; primero con nosotras y luego con la sociedad.

Una vez expuesto este preámbulo, existe un asunto que continúa acechándonos y estamos en la absoluta obligación de modificar. 

Es un sinsentido que a día de hoy, cuando la mujer está avalada por carreras universitarias, independencia económica con empleos sólidos, hobbies y vida social conciliada con la maternidad de forma eficaz, sigamos ancladas a una suerte de paleolítico del siglo XXI comulgando con esa permisividad casposa que lleva años sin replanteamiento sobre un hecho que se basa en que los hombres han sido y siguen siendo quienes marcan la pauta en la parcela afectiva. Desde tiempos remotos son poseedores de las riendas durante el inicio de establecer vínculos emocionales:

• Ellos tienen la potestad de solicitar los números que empiezan por 6. De lo contrario, si advierten una situación inversa, pierden interés porque el reto de la cacería cavernícola lo llevan tatuado en el ADN y en las entrañas.

• El hombre decide cuándo, a qué hora y en qué momento se lleva a cabo cualquier encuentro. Si se genera un cambio de roles, lo interpretan como una especie de desesperación con efecto fucsia purpurina. En este sentido estamos jodidas porque dando el primer paso mostrando interés, muchos tenderán a confundir un hecho normal y espontaneo con una falsa desesperación y como consecuencia, sus ganas irán desvaneciéndose lánguidamente. 

• Ellos deciden si te incluyen en un determinado grupo social y están convencidos de que no deben avisarte con un mínimo de antelación para organizar tus tiempos porque los suyos son prioritarios. Es una sensación donde siempre debes estar lista con el bolso en la mano y la raya bien trazada en el ojo para adaptarte a sus decisiones y planes de un minuto a otro. Si finalmente te incluyen en sus agendas, genial; si no, pues ya puedes tirar de contactos para no quedarte en casa con el rímel puesto. 

No podemos continuar paralizadas en las garras de esta conducta impuesta. Debemos mirarlo con atención y planteárnoslo como un compromiso al cambio que os animo a implementar no solo por nosotras sino por nuestra comunidad y las generaciones venideras. 

Tenemos el deber de cuestionarnos por qué siempre ellos marcan los tiempos y las pautas. Por qué gozan del derecho a la hora de imponer el ritmo en cualquier tipo de relación (formal o informal) sobre todo al inicio, porque al cabo de unos meses parece que empiezan a entender que ya no vivimos en la Edad de Piedra.

A día de hoy es injusto, arcaico y ofensivo que sigamos asumiendo en silencio esa propiedad unilateral. 

De una forma u otra estamos a merced del sexo opuesto en términos emocionales y personalmente empiezo a estar asqueada de esta imposición histórica que no veo sólo en mi generación, sino en la inmediatamente anterior. 

En un momento dado decidí ir en contra de esta tendencia milenaria saltándome los códigos anteriormente expuestos como semáforos en ámbar. Os confieso que no ha funcionado porque la sociedad continúa infectada de una doble moral que apesta, pero yo me siento libre y sin pecar en la generalización, les miro con pena y decepción. No cambiaría ser mujer por nada del mundo.

Marie-Claire

CEO de su empresa y de su vida. Apasionada de la lectura y la escritura.

1 Comentario
  1. Estoy totalmente de acuerdo y muy identificada con el tema de este artículo!!!
    Cuando tomas las riendas e iniciativa se te ve como un bicho raro por ser tú misma en marcar los tiempos y decisiones …en vez de escuchar adjetivos tipo que valiente y con personalidad de guerrera … aún así sigo luchando cada día por ser como soy y no defraudarme a mi misma!!!

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