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El lazo rosa, un símbolo de hipocresía para el cáncer de mama

La idea de utilizar un lazo rosa para concienciar sobre el cáncer de mama fue de Evelyn Lauder, directora de la firma Estée Lauder en 1991, convirtiendo el mes de octubre en el mes de sensibilización y atención sobre esta enfermedad. Desde entonces muchas empresas y organismos públicos se han sumado a esta iniciativa luciendo el lazo para concienciar de la importancia de la investigación.

Como estrategia de marketing para atraer al público femenino y utilizar esta enfermedad para generar beneficios. Pues dudo que todo se destine a la investigación y medidas que beneficien directamente a las pacientes, desde luego tienen el éxito asegurado.

Me gustaría alzar la voz para que todo el mundo entienda la dura realidad a la que nos enfrentamos las mujeres que tienen o hemos tenido cáncer

Pero me gustaría saber cuántas de estas empresas realizan adaptaciones en sus puestos para las mujeres que se reincorporan  después de la enfermedad. Me gustaría ver cómo desde los organismos públicos, encargados de controlar las bajas laborales, se está gestionando la adaptación de esta enfermedad. Sin comparar con ninguna otra y saber cuántos apoyos contamos en la vida real, fuera de las campañas publicitarias.

Esta es mi historia y me gustaría compartir el desamparo que siento por parte de este sistema. De qué me sirven las campañas de concienciación contra el cáncer de mama si yo tengo que soportar situaciones de desprotección, os pongo en situación para que podáis entender mi rechazo total al dichoso lazo rosa:

En octubre de 2012 a los 35 años me diagnosticaron por primera vez un cáncer de mama, motivo por el cual tuve que pasar por quirófano, quimioterapia, radioterapia, etc. En octubre del 2017 a los 40 años tuve una recidiva, por lo cual me hicieron una doble mastectomía con reconstrucción dorsal ancho sumado a un tratamiento de quimioterapia. El pasado 17 de septiembre del 2019, pasé de nuevo por el quirófano debido a las secuelas de la mastectomía.

Mientras la sociedad se pone un lazo rosa, a las pacientes nos ponen una estrella amarilla marcando nuestra condición personal

Pues bien, he llegado a recibir cuatro llamadas de un funcionario de la Seguridad Social, lo más parecido a un agente de la Gestapo, solicitando el informe de la operación, cuestionando si procede el pago de mi sueldo por estar de baja médica. La mutua de mi empresa también me envió una atenta carta comunicándome que probablemente este mes no me abonarían mi sueldo.

En este momento, creo que con motivos más que justificados, me siento perseguida, después de pasar toda la mañana en el hospital para el seguimiento de mi enfermedad y que como todo el mundo sabe, hasta pasados cinco años no se considera el alta definitiva.

Esto me lleva a hacer una reflexión, mientras la sociedad se pone un lazo rosa haciendo ver que están comprometidos y solidarizados con esta enfermedad, a las pacientes nos ponen una estrella amarilla marcando nuestra condición personal. Como si fuera una delincuente por tener que asistir al hospital sin descanso durante los ciclos de quimioterapia, radioterapia, operaciones, pruebas en busca de metástasis y un tratamiento con bastantes efectos secundarios durante cinco o diez años.

Mi reconstrucción mamaria me permitirá lucir un bikini sin diferenciarme del resto de mujeres, pero el sistema me impone un burka

Lo que supone, un aumento del absentismo laboral. Situaciones que desembocan en la amenaza de dejarnos sin sueldo. Mi reconstrucción mamaria me permitirá lucir un bikini sin diferenciarme del resto de mujeres, pero el sistema me impone un burka debido a sus amenazas e insensibilidad con esta enfermedad, eso sí, que no falte el lazo rosa.

Virginia Carrasco

Psicóloga, madre, superviviente de cáncer, amante de animales y libros.

2 Comentarios
  1. Buen artículo! sólo he echado de menos que se pusiera de manifiesto que el primer lazo para el cáncer de mama no fue el de Estee Lauder, sino el de Charlotte Haley, una activista que hizo un lazo de color MELOCOTÓN para exigir más recursos para investigación por parte de la administración estadounidense. Estee Lauder, con su equipo de abogados, decidieron cambiarle el color y así pudieron robarle la idea y transformarla en lo que es ahora: una mercantilización de la enfermedad.

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