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¿Cómo gestionar tus expectativas?

expectativas
Fuente: Anthony Fomin

Las expectativas son ese conjunto de ideas preconcebidas que nos ayudan a manejar la gran cantidad de información a la que estamos expuestos durante el día a día. Ayudándonos así a comprender nuestro entorno y llevar mejor la incertidumbre existente de las diversas situaciones en las que nos encontremos, facilitándonos de este modo la toma de decisiones; sería como un tipo de tráiler de las personas, situaciones y entornos que nos permiten adelantarnos y adaptarnos a estos sin tanta dificultad.

Por esto mismo, las expectativas no se pueden ver ni como negativas ni positivas, simplemente como algo inevitable que todos tenemos, el problema surge cuando olvidamos el derecho de todas las personas (inclusive nosotros mismos) a no corresponder aquello que esperamos de ellas o que ellas esperan de nosotros, es en este momento cuando surgen la frustración, decepción, tristeza y otras emociones semejantes. 

¿Qué debemos hacer ante esto? Bien, pues como ya he dicho, no podemos ni eliminar las expectativas de raíz ya que es imposible vivir sin ellas, y tampoco debemos estar modificándolas continuamente sólo por hacer que se cumplan de una u otra forma, ya que las expectativas se basan en unos valores que nos han ido transmitiendo a lo largo del tiempo, y claro que se pueden cambiar si crees que no representan tus valores y son los que otros quieren que tengas, pero deben ser acordes contigo y no con factores externos.

Lo único que debemos hacer es vigilar y trabajar la influencia que tienen en nuestras relaciones sociales diarias con el fin de que estas no contribuyan negativamente a dichos vínculos ni atenten contra nuestra salud mental.

Trabajar el tema de las expectativas no es fácil, así que vamos a empezar a aprender a gestionar  la frustración que estas nos pueden causar en ocasiones; un error frecuente que solemos cometer a menudo es colocar nuestra felicidad en manos de otras personas, ¡cuidado con esto!, no estoy diciendo que no podamos contar con la contribución de esas personas en nuestra felicidad ya sea estando presentes en diversos planes futuros, proyectos, etc. 

El problema nace cuando decimos alguna frase tipo: “me encantaría/ sería feliz/ me gustaría (insertar acción de una persona externa)” ¿por qué? Pues porque de este modo nos estamos saltando el esfuerzo que conlleva el proceso introspectivo de averiguar que queremos, que necesitamos y que podemos hacer nosotros para lograrlo. Encargándole así a otra persona que lo haga, y esto supone acabar sintiéndonos frustrados porque en muchas ocasiones pedimos algo que ni nosotros sabemos cómo lograr y, si la otra persona no ha pasado por un profundo proceso de introspección y de trabajo interno, le hacemos creer que tiene una obligación que no tiene.

Norma Nº1: El resto de personas no son iguales que nosotros.

Y menos mal que no lo son, ¿os imagináis lo aburrido que sería si todos fuéramos idénticos a la persona que tenemos a nuestro lado?, las personas somos completamente distintas unas de otras, hemos recorrido caminos distintos, experiencias y contextos diferentes, cada uno de nosotros tenemos una personalidad que nunca va a ser igual a la de otras personas, y esto no es nada malo, es de esta diversidad social existente de la que debemos nutrirnos y estar dispuesto a aprender de ella, a conocer distintas personas sabiendo abandonar cualquier juicio y explorarlas desde la curiosidad como si de una isla nueva se tratase.

Norma Nº2: Las personas no funcionamos de la misma forma. 

Por todo lo mencionado en el punto anterior, las personas no seguimos unos patrones 100% exactos y fiables, no somos componentes químicos que vayan a dar siempre el mismo resultado, somos personas con emociones, experiencias y aprendizajes que nos encontramos en distintos contextos y momentos, así que creer que podemos averiguar cómo se va a comportar una persona es algo que nunca podremos saber con seguridad porque, a veces hasta ni nosotros mismo sabemos cuál será nuestro comportamiento. 

Claro que podemos establecer unos vínculos más o menos fuertes con distintas personas y que exista una confianza mayor o menos por las experiencias pasadas y tener, inevitablemente, ciertas expectativas, pero debemos recordar que siempre habrá un porcentaje que no controlemos, no somos los dueños ni los poseedores de nadie, por lo que debemos aceptar que esa persona es un individuo independiente de nosotros y será quien tome al final la decisión de ir por un camino u otro. Lo único que podemos hacer es aceptarlo y observarnos más a nosotros mismos en vez de a otros, estando así atentos a como experimentamos y reaccionamos ante diversos acontecimientos que se van dando.

Norma Nº3: Deja de hacer interpretaciones irracionales y, probablemente, erróneas. 

Si esta persona no hace A cosa, entonces no tengo dudas de mi conclusión B.

 Estas creencias se denominan distorsiones y pueden llegar a ser muy peligrosas por la veracidad que parecen tener al repetirlas varias veces, ya hemos dicho que cada persona es un mundo ¿no?, bien pues entonces lo que para ti puede ser A+B= C para otra persona A+B=Z.

 Hay dos pasos importantes que deberíamos ser capaces de dar en este punto, primero: sé consciente de cuando estás teniendo algún tipo de pensamiento de este tipo y quítale la falsa veracidad que parece tener, y segundo: comunícate por favor, no voy a decir demasiado sobre esto porque hasta yo misma todavía encuentro demasiadas dificultades aquí, pero eso de: “si no le nace, no se lo pidas” abandónalo, esa persona no te está leyendo la mente y no sabe que está pasando dentro de ti, así que aunque cueste horrores hacerlo debemos aprender a ponerles las cosas un poco más fáciles y decirles como lo estás viendo tú para conocer la interpretación de esa persona, no pasa absolutamente nada por tener percepciones distintas, es mucho mejor partir de datos fiables y verídicos a través de la comunicación que estar continuamente creándose en la cabeza películas de terror cuando, en realidad ahí fuera no está ocurriendo nada, eso sí, hay que tener presente el punto en el que nos encontramos, es decir, a veces esta comunicación puede darse si la llevas a la práctica en otros contextos o en otro momento en el que te sientas preparado, pero lo peor que puedes hacer es llegar a conclusiones que parecen verídicas cuando estas se han basado en pensamientos que no has verbalizado con  nadie y, por tanto, que no puedes saber si se basan en aspectos reales o no.

La única forma de averiguar cuánto es A +B para una persona es preguntárselo, y por supuesto que sé que no es tarea sencilla, pero ser conscientes de ello es el primer paso.

Norma Nº4: Trabaja el agradecimiento.

A veces cometemos el error de estar tan pendientes de si las cosas salen o no como habíamos imaginado que nos olvidamos de agradecer aquello que está presente en nuestra vida y que solemos dar por contado hasta que nos falta. 

En ocasiones solemos evitar agradecer las cosas buenas que nos ocurren por dos razones, 1) nos cuesta creer que haya ocurrido y nos da miedo que desaparezca cuando mostremos que somos conscientes de su existencia,  2) si nos encontramos en un contexto donde nadie lo hace con frecuencia nos da miedo lo que este piense de nosotros al hacerlo.

Te propongo una idea que, aunque al comienzo sea algo difícil, si lo haces durante el suficiente tiempo puedes llevarlo a cabo hasta automáticamente; no sé si tú serás una de esas personas que pides perdón en infinidad de veces, pero sí lo eres vamos a intentar poco a poco cambiar frases tipo: “siento haber llegado tarde” a “gracias por esperarme”, “siento ser algo pesada” a “gracias por escucharme”, “siento ser algo complicada” a “gracias por intentar entenderme”.

¿Qué conseguimos de este modo? Pues logramos así reducir una culpabilidad que en muchas ocasiones no tenemos por qué sentir al deberse a aspecto que todos tenemos como seres humanos que somos, y aparte lanzamos un valioso mensaje a la persona de: “me aportas muchas cosas valiosas e importantes en mi vida”, así que aunque sea complicado, empecemos a agradecer hasta aquellas cosas más básicas de nuestra vida y cuya existencia solemos olvidar a veces. 

Numero Nº5: Lo real es el aquí y el ahora.

A veces un peligro de las expectativas es que nos hacen estar muy presentes en el “mañana”, nos provocan estar esperando que ocurra X o Y, volviendo, una vez que se ha dado o no esto, a seguir esperando más cosas, ¡basta ya!

 Da igual la gran cantidad de expectativas que tengas o lo suficientemente preparado que creas que puedes estar para adelantarte a las situaciones, no podemos controlar lo que pase o lo que hagan las personas que forman parte de nuestra vida, pero sí podemos elegir vivir el ahora con la mayor intensidad y ganas posibles sin importar lo que mañana pase, y claro que es natural e inevitable pensar en el futuro, pero debemos procurar que una excesiva atención sobre este no nos haga perdernos el presente que estamos viviendo justo ahora.

Así que como conclusión, todas las personas tenemos expectativas y es completamente natural, pudiendo llegar a ayudarnos en muchos momentos, pero no debemos dejar que estas controlen nuestras relaciones personales. Nadie tiene la obligación de ajustarse a ellas ni nosotros a las de nadie, somos personas reales y debemos aceptar esto tanto en nosotros mismo como en otros; habrá veces en que nos sea fácil adaptarnos a las situaciones y otras en las que nos sentiremos frustrados, decepcionados y furiosos, pero no hay emociones buenas y malas, todas nos ayudan de un modo u otro y lo mejor que podemos hacer para sentirnos más libres nosotros y hacer sentir más libre al resto de personas es estar dispuestos a aceptar la situación tal cual venga, descubrirla y explorarla desde la curiosidad y no tanto desde el juicio y, sobre todo, a través de la comunicación asertiva darnos cuenta que ya suficientemente complicadas somos las personas como para encima exigir a otros y a nosotros mismos una serie de cosas que, tal vez, ni necesitamos que se den para poder adaptarnos de manera eficaz al entorno en el que nos encontramos.

Sólo así podremos lograr una relación sana y real con las personas que decidamos y, con quien es más importante, con nosotros mismo.

Laura Lis Rodríguez

Psicóloga, feminista y soñadora. La inclusividad es la base del cambio.

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