Viaje a las profundidades de mi alma

Adriana Fresta es la creadora de El Arte de Mirar. Acompaña a miles de personas de todo el mundo, desde hace 35 años, a bucear su orígen, heridas y lealtades invisibles y resignificar sus historias. Lo hace desde su estado de consciencia, su experiencia, su sabiduría y sus conocimientos tomados de primera mano de sus maestros Padre Vicente Mancini, Carola Castillo, Bert Hellinger, Jirina Prekop, Laura Rincón, Leonard Orr, Eric Pearl, Cristóbal Jodorowsky y Joe Dispensa. Habita su vida, honra su existencia, recuerda quién es y a qué vino. Asiente, se rinde y avanza entregándose al camino y poniendo su don al servicio de la humanidad.

Hay un lugar que no figura en los mapas, hay un tiempo fuera del tiempo, hay un estado del ser en el que las almas nos reencontramos, nos reconocemos, nos recordamos…

Hay personas a las que ya amamos.

Hay almas con las que compartimos algún tramo de algún camino en algún rincón del Todo…o de la Nada. 

Ya estuvimos juntas, danzamos descalzas, nos miramos sin abrir los ojos, nos hablamos en silencio, nos sellamos en las piedras, escuchamos los sonidos de tambores ancestrales que aún laten en el alma, peregrinamos desiertos y mares, sangramos, florecimos, dimos vida, dimos muerte, nos reunimos, nos separamos y dejamos huellas de luz en las infinitas vueltas de este bendito y misterioso tiempo espiralado. 

Mientras tanto, la arena del reloj continúa cayendo, sin pausa, hacia un tiempo que transcurre, avanza y marca un nuevo latido.

Hay personas que vuelven para cambiarnos la vida, para llevarnos de la mano hacia un camino que sólo se dibuja para cada uno de nosotros, para recordarnos la luz que somos, que siempre fuimos y que habíamos empezado a olvidar. 

Y ahí, justo ahí, hay un fuego sagrado y circular al que vuelvo… siempre vuelvo.

«Nadie podría llegar a tí excepto aquel que lleve en su alma algo de la tuya», dijo el poeta persa Rumi hace más de 800 años.

Así llegó a mi vida Adriana. Lleva en su alma algo de la mía y yo llevo en la mía algo de la suya. 

—Estamos unidos por los hilos dorados del amor que somos, sostenidos por el espíritu que nos contiene —repite ella una y otra vez. Y yo, que todo lo cuestionaba, hoy doy fe. 

No la busqué, la encontré. Tiré de su hilo y ella, que siempre estuvo ahí, respondió.

Una tarde fría y lluviosa de julio de 2021, la descubrí en un directo de Instagram. Escribí una pregunta y, entre las miles que le hacían, la entrevistadora solo detuvo la charla para leer la mía. Adriana contestó y finalizó con un «escribime por privado». No lo pensé. Le escribí sin saber por qué ni para qué. Respondió dándome su número de teléfono. Y yo, que no sabía quién era, reconocí la textura de su voz…

Tres meses antes, en mayo de 2021, ella había subido una foto de mi autoría (en la que yo mostraba a una mamá amamantando a su hijo) a sus redes sociales. Lo hizo sin conocerme… o sí, quién sabe… Los reencuentros suelen ser maravillosos misterios del tiempo espiralado.

Transcurrió un año hasta que nos vimos personalmente y fue precisamente el día de mi cumpleaños… Ese día, por primera vez, la vi hacer milagros. Sí, milagros… eso que sucede cuando una persona cambia su vida en un segundo. Una mujer llegó a su círculo lumínico sin poder caminar por sus propios medios y salió de allí dando varios pasos sola.

No era el primer milagro en el que Adriana intervenía, era el primero de los muchos que yo vería en otras personas y en mí. 

—En un tiempo vas a escribir y abrir nuevas conciencias… —me dijo durante un almuerzo soleado y frío. Y yo, que todo lo cuestionaba, lo negué.

—Nooooo, yo soy periodista, no soy escritora —contesté arrogante, casi sin mirarla.

—Tú tienes un alma sabia y te están acomodando. Tú tienes el don de la pluma que no es el don de la escritura: escribir, escribe cualquiera. Tú eres La Pluma del Ángel —insistió. 

Mientras me lo decía, yo refutaba, sonreía incómoda, cuestionaba e incluso hacía silencio… Hoy comprendo que eran las máscaras con las que se disfrazaba mi miedo. Hoy reconozco, agradezco y expando mi don poniéndolo al servicio de cada una de las personas que me lee.

De su mano sané mi piel, me abracé a la Fe de la que me había distanciado y continúo teniendo inmensas revelaciones y comprensiones. 

De su mano vi personas con visión reducida dejar sus gafas; diagnósticos médicos, revertir; situaciones familiares y económicas, ordenarse. También vi personas irse… algunos enojados, otros con miedo… Comprendo que, atrapados en sus lealtades familiares, se habrán preguntado: «Y si me sano, ¿quién va a mirarme? Y si me ordeno, ¿quién va a quedarse a mi lado?» Huir es un camino de salida fácil, rápido y muy tentador. Afuera espera lo de siempre y lo de siempre no trae cambios ni transformación, ni resignificación ni sanación… Lo de siempre perpetúa la adicción a la víctima.

Verla en acción es tener la certeza absoluta de estar frente a un Ser de sabiduría ancestral capaz de danzar entre varias dimensiones en simultáneo.

Enraizada, impetuosa, volcánica, implacable, impecable, huracanada, etérea, sublime, sagrada, sigilosa, amorosa. 

Cirujana del Alma. «Interviene» con sus manos, su mirada y su palabra, tocando el cuerpo y el alma de todo aquel que llega a ella, como llegué yo, sin saber por qué ni para qué, pero con una inmensa certeza en el alma: es aquí, es ahora y es con ella.

—No soy yo, es la Divinidad a través de mí quien actúa, yo soy la marioneta de mi Divinidad, ella es quien me conduce, me susurra, me ordena. Yo doy mi cien por ciento y, cuando la otra persona también lo da y abre su corazón, surge el Milagro —relata con una generosidad y humildad que conmueve.

Inicio un viaje a las profundidades de mi alma

Dejo mis zapatos en el fango, tomo aire y doy el primer paso.

El mapa que conozco ya no sirve. La vida me sumerge en otro entramado de paisajes. Del otro lado de mi piel y de mis miedos hay un fuego sagrado y circular al que vuelvo, siempre vuelvo. Allí la encuentro a ella y la escucho:

—Urge hacer este camino. Se requiere Valentía para iniciar este viaje a tu propia historia, al origen y mirar la Verdad de frente, aunque duela. Se requiere Voluntad para asumir lo que venga y Acción para resignificar las heridas, aun cuando tengas miedo. Finalmente, llegará la Rendición para asentir a todo lo que fue y a todo lo que es. Todo es perfecto, todo forma parte del proceso de la vida y, aunque el camino debe ser transitado en solitario, nadie puede hacerlo sólo, tienes que buscar un entrenador que te acompañe, uno que esté en coherencia contigo  —me lo dice mirándome a los ojos mientras los suyos se pasean por toda la gama de los verdes hasta llegar al ámbar que, una vez más, reconozco.

—Te elijo a ti. —No sé si lo digo o lo pienso o lo recuerdo, solo sé que, en este viaje a las profundidades de mi alma, es ella quien me acompaña, a veces en silencio, a veces con palabras, a veces con abrazos, a veces con distancia. 

—Solo tú puedes cambiar tu vida y hacer tu propio milagro. Habrás de comprender que, aunque estemos rodeados de personas y tengamos al mejor entrenador, tu camino solo lo transitas tú y lo haces de adentro hacia afuera, así como cuando atravesamos el canal de parto para venir a la Vida. Si llegaste hasta aquí es porque este es tu momento sagrado. Ya estás lista. Antes de dar el primer paso, habrás de recorrer las huellas que te preceden, honrarlas, agradecerles, soltarlas, girar y mirar hacia adelante. Tienes infinitas oportunidades para hacerlo diferente, solo así dibujarás nuevas huellas que otros, más tarde, agradecerán, honrarán y soltarán. Aquí me quedo, acompañando tu mágico viaje hacia tu Origen —mientras me lo dice, sonríe y toma con fuerza los hilos de los que sabe estaré jalando en varios tramos del camino.

—Tendrás dos compañeros de ruta inseparables que te hablarán todo el tiempo. Será tu Discernimiento, tu conexión con tu Divinidad lo que te dará la certeza para avanzar hacia el camino perfecto para ti —replican en mi corazón las palabras de mi Maestra.

«Me reconoceré, me reconocerás»

Me embarco en este viaje escuchando a mi ego asegurar que el viaje será estridente y hacia afuera, mientras mi alma empieza el silencioso camino hacia adentro. Él lleva mapa y reloj en mano, necesita controlar cada paso y cada movimiento; Ella fluye con las posibilidades que se abren por delante, asintiendo a cada experiencia como una maestría que la expande. Él viaja con un manual de instrucciones repleto de conceptos; Ella con un cuaderno en blanco que va escribiendo a medida que avanzamos. Él lleva un botiquín de primeros auxilios; Ella se coloca de cara al sol y recuerda que es su propia medicina. Ellos son Uno en mí. Lo sé, los abrazo y avanzo. 

Lo que veo duele. Las heridas arden. Los dolores crujen. Las miserias pican. Los hedores apestan. Los caminos se cubren de bruma. Los castillos de naipes se desmoronan. Mi tierra tiembla. Estoy sola. No hay luz. Me ahogo. Quiero irme. 

Tiro del hilo, del otro lado está ella.

«Estoy aquí para ti. Respira. A lo largo del viaje vivirás muchos tiempos, dentro y fuera de este Tiempo. Requieres de paciencia, compasión y fortaleza para dar pasos cortos y firmes. Recupera el silencio, nadie llega corriendo y a los gritos a la cima del Aconcagua. Solo así encontrarás el equilibrio entre lo Divino y lo Humano que se unen en ti y te llevarán a la Verdad. En esa dimensión, donde el ego grita, el alma no lo escucha porque se entrega a lo Mayor. Permanece allí. La vida te oculta los tesoros hasta que tú te embarcas en el viaje y sales a buscarlos. Allí están, allí estuvieron siempre, y los irás descubriendo a la medida de la apertura de tu corazón». Las palabras de Adriana se imprimen en mi alma y en mi piel y, una vez más, tomo aire y avanzo lamiéndome las heridas.

La arena del reloj continúa cayendo, sin pausa, hacia un tiempo que transcurre y marca un nuevo latido.

Voy dejando tras de mí trozos viejos de mi Ser y tomo la vida a bocanadas. De este lado de mi piel y de mis miedos hay calma en mi alma, alegría, gratitud, libertad. 

—¡¡¡Está cambiando mi vida!!! —lo grito, lo celebro, lo lloro.

—Lo que cambia es tu mirada, tu manera de habitar tu Vida. Lo que llamamos «problemas» siguen ahí, pero ahora tú elevas tu frecuencia y los miras desde otra perspectiva. Aprendiste a escucharte, a acallar el ruido que viene de afuera, a reposar en la pausa, inspirar y continuar tu viaje. Ya no buscas respuestas ni señales, ahora las encuentras a medida que avanzas en este camino que te lleva de regreso a ti, a quien siempre fuiste —mientras me lo dice, me abraza y un rayo de luz nos envuelve a las dos.

Hacia adentro mi viaje continúa cada vez más liviano. El viento sopla llevándome hacia adelante, mis alas se agitan y me elevan. 

Hacia afuera, tengo un deseo para ti que estás leyendo este artículo: que mi viaje te inspire, que tú también des ese primer paso que te llevará de regreso a ti. No puedo transferirte mi experiencia (aunque quisiera), sí puedo decirte que, si estás leyendo esto, es  porque tú también estás lista, también para ti este es un tiempo sagrado. Busca un entrenador que te acompañe, yo la sigo eligiendo a ella…

—Aquí me encontrarás siempre, mirando con el alma tu propio Renacer, mirando con el alma tu propio Milagro. Todo te ha sido dado —susurra ella del otro lado de mi piel y de mis miedos, al pie del fuego sagrado y circular al que vuelvo… siempre vuelvo.

Fernanda Terpolilli Fassio

Soy una mujer en constante transformación.

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