Todo el mundo tiene un sueño que le guía y despierta cada mañana, un sueño que le impulsa a ser su mejor versión, su mejor faceta.
¿Qué sueño tienes tú? ¿A qué sueño aspiras?
Plantearse las cosas, estar en soledad y conocerse interiormente es fundamental para la toma de decisiones y, así, asumir consecuencias. Conocerse, hablarse bien, mimarse, no reprimir emociones y, por ende, canalizarlas de forma oral o escrita es terapéutico para el alma. Charlar con un familiar o un amigo o escribir nuestros pensamientos de forma poética o creativa en un diario puede ser realmente sanador, en especial en momentos complicados y estresantes.
Abrazar la soledad como compañía es un factor muy importante, pues como hemos venido a este mundo, nos iremos. Debemos acompañarnos en todo tipo de procesos, aprender de las experiencias, nutrirnos de ellas, aceptar críticas, establecer nuevas conexiones, ser amable con nosotros mismos y con los demás, poner límites y saber decir «no». Tener un buen entorno, que nos aporte y nos haga crecer como personas, donde no exista juicio, nos permitirá ver la vida desde varias perspectivas, no solo desde «el blanco o negro». Y si fuera necesario, acudir a terapia profesional nos puede servir de gran ayuda.
Plantearse las cosas, estar en soledad y conocerse interiormente es fundamental para la toma de decisiones y, así, asumir consecuencias.
Por otro lado, hay un factor clave que a todos se nos ha interpuesto en algún momento de nuestras vidas: el miedo.
Hay un dicho que dice: «el miedo es libre». Y no hay ninguna razón para juzgar ni minimizar los miedos ni emociones de otra persona, pues es subjetivo y cada ser tiene su propia forma de sentir y de ver las cosas. A medida que crecemos, nos conocemos más como personas, conocemos nuestras virtudes y nuestras debilidades. Trabajar en ambas es profundamente satisfactorio, probando nuevos hobbies; haciendo cosas simples y rutinarias solos, como, por ejemplo, ir a comer; o atrevernos en diversos campos que se nos dé mal.
Ser constante y disciplinado es un paso para alcanzar grandes objetivos, por ello, primero debemos empezar comprometernos y ser responsables con nuestros actos.
Por ejemplo, escribir nuestra pequeña rutina del día siguiente en una nota. Una vez hechas, marcar con un check las realizadas producirá una satisfacción personal. Así como celebrar nuestros pequeños logros, y sí, por más pequeños que sean celebrarlos, no minimizarlos: ganar una carrera deportiva, pasar a la final en un recital poético, subirse a un avión, superar un miedo… Todo ello nos eleva como personas, nuestra energía y autoestima.
En resumen, saber disfrutar del proceso, conocer nuestros miedos, adentrarnos en ellos y nunca evitarlos, solo mirándolos de frente es la única forma de vencerlos. Con paciencia para ver el fruto, constancia para obtener resultados y, sobre todo, nunca, nunca perder la fe.


