Cirujana de palabras

«El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios…, pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión». El secreto de sus ojos.

Cuando me preguntan cuál es mi mayor miedo, intento pensar en alguna cosa que no sea la que verdaderamente me aterra. Soy capaz de decir que le tengo miedo a los zombies o fobia a las cucarachas. Cuando, en realidad, a lo que más le temo es al fracaso.

Pero ¿qué es el fracaso para mí? No cumplir con las altas expectativas que me puse a mi misma.
Entiendo que cada uno tiene su camino por recorrer y que solo tengo diecinueve años. No debería preocuparme por mi futuro laboral cuando este recién está comenzando. Pero no hay día en el que no me imagine ganando un Cannes. No hay un día en el que no me imagine trabajando en GUT. No hay un día en el que no me imagine levantando un Grand Prix de «El Diente» o «El Ojo».

No hay un día en que no me diga a mí misma que no voy a ser grande. Porque ese es mi mayor deseo.
Es inefable. Yo tampoco entiendo esta pasión. Cómo casi de un día para otro tuve todo tan claro. Cómo mis sueños se convirtieron en trabajar para Wilhelm, Bayala, Bachetti, Olmos, Ponce o Ríos. Y, algún día, ser tan buena en mi trabajo como ellos.

Cuando escucho podcasts de las personas más influyentes de la industria, me brillan los ojos. Soy capaz de bajarme en la parada equivocada por lo absorta que me encuentro en esos relatos.Para cualquier otro son solo personas que arman publicidades y siento que muchos no entienden mi admiración que, de momento, parece fanatismo.

Cuando veo un spot que está realmente bien hecho, se revuelve algo en mis entrañas. No lo puedo explicar de otra forma, pero es como si de repente comenzara a sonar una música inexistente. Intento pensar en los patrones mentales que siguieron para llegar a esa idea. Como si existiera un paso a paso. Cuando bien sé que, en realidad, solo se trata de hacerse las preguntas correctas.

Ahora, ¿cómo algo que considero mi pasión puede ser también la causa de un dolor que todavía no estoy lista para afrontar? ¿Cómo voy a hacer en agosto? En un mes comienzo en mi primera agencia «de verdad» y creo que mi miedo no es fracasar, si no que me falte confianza en mis ideas. Necesito que cada «no» que se me interponga en el camino no signifique que tengo que saltar una pared de 8 metros. Necesito que cada guion, gráfica, copy, activación o idea que termine en la basura (que sé que serán miles) en términos de trabajo, me llenen de voluntad y perseverancia. Y, por último, necesito pensar que en esta profesión hay un lugar para mí. Por eso me aferro a la idea de tener potencial.

Cuando les preguntan a los creativos qué piensan sobre sí mismos, todos responden igual: «Solo hago bien mi trabajo». Pero ¿cómo esa excelencia me motoriza para seguir pensando y haciendo?
Estudio el recorrido de cada uno: la mayoría comienza de jóvenes en una agencia que hoy en día son gigantes o que directamente no existen. No puedo dejar de interesarme por saber a qué edad viajaron por primera vez a Cannes. ¿Cuántos premios ganaron? ¿En qué agencias trabajaron? Como si copiando el camino de alguno de ellos pudiera garantizar «mi grandeza».

¿Qué significa para mí ser creativa? No tengo idea, pero esta profesión también creo que trata un poco sobre formularse preguntas de las que no sé las respuestas. El otro día se me ocurrió llamar a este trabajo, en vez de Redactora/Creativa publicitaria, «Cirujana de palabras». Es el arte de conceptualizar, cambiar un significado por otro, connotar de formas no antes pensadas y relacionar dos aspectos que, hasta este momento, no se habían juntado para formar algo distinto.

Las palabras, al igual que los cirujanos, tienen la capacidad de curar y de matar. Nunca escribo algo que no se escribió de otra forma en algún otro momento de la historia.

Y por eso nunca me voy a cansar de ver publicidades. Siempre lo digo, prefiero que mi memoria borre cotidianamente cosas irrelevantes con tal de que esas publicidades se guarden bien en la estantería principal de mi impredecible memoria.

Hay cosas que siempre tuve presentes e incluso son frases que me podría tatuar:
«El miedo mata muchos más sueños que el fracaso».
«Podés pasar la vida haciendo lo que amas o deseando estar haciéndolo».

Obviamente, queremos ser buenos en lo que hacemos. Sin embargo, la realidad es que no te vas a despertar un día sabiendo escribir una novela sin haber escrito nunca antes. El tiempo pasará de igual forma. Así que, podés esperar a que la perfección te encuentre o podés salir a perseguirla.

Disfruto tanto escribir que me parece un lujo. Es como verter un pedacito de las cataratas de frases que escucho en mi cabeza diariamente. Pienso también en todo lo que pensé que no escribí y quedará perdido para siempre en algún lugar del inconsciente. Tal vez allí residen todas las ideas que necesito para alcanzar la cima. O capaz estoy delirando, no sé. Lo que sí sé es que me tomo este trabajo muy en serio.

Este año me puse expectativas superaltas y algunas las estoy cumpliendo. Hace años que posponía armar mi agencia de redes sociales por no sentirme lista, por miedo a fracasar y no conseguir clientes. Y hay algo que aprendí este año: si trabajás con pasión, las puertas se abren solas.

Si el año pasado me contaban que iba a ganar una beca para ir a Brother, no me lo creería. Recuerdo pensar todos los días cómo juntar tantos dólares para pagar el curso, trabajar y seguir cursando en la facultad sin atrasarme y sin que alguien en algún momento me diga la frase que más odio del planeta: «El que mucho abarca, poco aprieta».

Si le dijera a mi yo del año pasado, esa chica ingenua que pasaba vergüenza hablando con directores creativos conocidos para entrar como copy, cuando ni siquiera sabía lo que era una bajada y, mucho menos, una carpeta creativa; si le dijera que en unas semanas está por comenzar a trabajar en «La comu» por haber ganado un concurso, no me creería.

El año pasado tampoco pude creer cuando me dijeron que el primer caseboard que armé en mi vida quedó en shortlist en los premios Obrar. Tenía que ir a la premiación, pero tenía tan poca fe que le pedí a mi vieja que me sacara un pasaje para volver a Tucumán dos semanas antes de lo previsto. Mientras estaba en el aeropuerto, me llegó la invitación al evento y me largué a llorar de la felicidad.

No sé cómo reconocer mis logros, cómo valorarlos. Porque para mí nunca son suficientes. Y en parte eso es un motor para mi ambición.

A veces siento que tengo un criterio más fino que mi arte. En otras palabras: puedo hacer buenos trabajos, pero nunca los suficientemente buenos.Y es que, al compararlos con ganadores de Cannes y publicidades armadas con más de veinte creativos y millones dólares, la comparación resulta asimétrica. Espero no sea de mala suerte o una mufa contar esto, pero en este punto ya somos amigos.

Este año me propuse ganar al menos un Grand Prix en alguno de los concursos de creatividad. Supongo que es muy ambicioso y que un resultado no depende 100% de mi, pero soñar es gratis.No me gusta admitirlo en voz alta porque suena cursi, pero siento que tengo lo que se necesita para triunfar. Aun así, existe la posibilidad de terminar desilusionada si el objetivo no se cumple.

Mi vieja me repite, «no TENÉS que ganar. Tenés que dar lo mejor de vos y que del resultado se encargue el universo. Lo que tiene que pasar, pasará». Supongo que a ella le funcionó, a fin de cuentas, llegó al puesto más alto que quería llegar en su carrera y formó la familia con la que soñó (espero). Si bien el recorrido laboral de un abogado es increíblemente diferente al de un creativo, ella sigue siendo, por encima de cualquier DGC, mi mayor ejemplo a seguir.

Por ahora me quedo con mis ojos brillosos y mi corazón emocionado. Me quedo con los latidos de mi corazón que se aceleran cuando escucho una buena idea. Y me quedo con el camino que estoy comenzando a aplanar para, algún día, correr y encontrar mi grandeza.

Guadalupe Alonso Monteros

Estudio publicidad y en 2024 publique mi primer libro de Poemas “Fénix, corazón de cenizas” amo escribir relatos, reflexiones y poemas.

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