Neptuno y Saturno en Aries
Hoy te voy a presentar a mi yo adolescente. ¿Por qué? Porque quiero hacerle un homenaje y a la vez invocar su actitud, su claridad y su fuerza, en este momento de cambio energético tan potente que estamos viviendo.
Puede que hayas visto, si sigues alguna cuenta de astrología en redes sociales, que Neptuno (un planeta lento, que se pasa más de una década en cada signo) acaba de transitar del soñador signo de Piscis al decidido signo de Aries. Y que, además, Saturno, el señor de la estructura y la maduración, se reunirá con él en Aries.
A mí, toda esta movida lo que ha hecho es recordarme que la fuerza de materialización de nuestros sueños y de ir por lo que queremos, que representa la unión de estos dos señores planetas en Aries, también vive en mi interior (aunque mi yo adulto lo haya olvidado por algunas temporadas de la serie de mi vida).
Y aquí es donde entra mi yo adolescente: cuando tenía unos once o doce años, leí en mi sección favorita del periódico (la de viajes) que existían unos tours de quinceañeras a Europa. En Venezuela, donde nací, los quince años se celebran sí o sí… y yo no era de las que soñaban con un vestido y una gran fiesta. Nada de eso. Pero si me dices viaje, te digo: apúntame.
Así que aquel reportaje terminó recortado y guardado en mi cajita de Hello Kitty: un cofrecito semitransparente que escondía detrás de una gaveta y en el que metía también mi dinero, mezclado con algunas lentejas (sin cocinar) de esas que pillaba en Año Nuevo para la abundancia… y algún que otro tesoro más.
Aunque estaba escondido, ese artículo no se me olvidaba nunca. Estaba presente cada vez que pensaba en el cambio de siglo (y aquella era una época en la que casi todas las conversaciones giraban en torno a lo que ocurriría cuando pasáramos de 1999 a 2000); también cada vez que alguien cumplía años e, incluso, cada domingo cuando leía el periódico con mi abuelo. Durante varios años fui recortando más publicaciones similares, dejándole claro a mi familia que yo no quería una fiesta de quince años, sino un viaje a Europa, y teniendo también muy claro internamente que eso es lo que haría en las vacaciones escolares de 2001.
El asunto es que mi familia, aunque vivíamos bastante bien, no era de las que tenían recursos como para una gran fiesta de quince años o un viaje de un mes a Europa. Así que, hacia mis trece años, cuando veía que no soltaba la idea, mi mamá intentó convencerme de que apostara por un viaje más corto al Caribe o a Disney. Pero a mí eso me interesaba igual que nada: yo quería irme un mes a Europa con otras quinceañeras… y lo iba a hacer.
El programa de televisión
En esa época, se estrenó un programa de concursos en la televisión que se llamaba Contrarreloj: tenía como objetivo mostrar tu agilidad mental y ¡daba premios en dinero! Yo lo supe antes de que se estrenara, porque leí en el periódico que estaban buscando concursantes a partir de catorce años para grabar los primeros programas.
Me faltaban unos meses para cumplirlos, así que me puse manos a la obra: convencí a una compañera del colegio (que había cumplido años antes que yo y que, además, era muy inteligente), para que concursara conmigo. Practicábamos en los recreos y, además, veía el programa cada tarde para pillar datos y conocer todo su funcionamiento.
Así que, apenas cumplí años, llamé por teléfono al programa, pero ¡oh, sorpresa!… Me dijeron que ya no estaban buscando niños de esa edad, sino a partir de dieciséis años. El plan perfecto para recaudar dinero para mi viaje, la preparación de los meses anteriores, todo pareció derrumbarse por unos segundos. Pero al otro lado de la línea, la persona con la que hablaba me informó de que en ese momento estaban preparando un especial de padres e hijos, y que si iba con mi mamá o mi papá sí que podría participar.
Un imprevisto favorecedor
No lo recuerdo con exactitud, pero estoy bastante segura de que colgué el teléfono y llamé de inmediato a mi mamá a su oficina para decirle que íbamos a participar en un programa de televisión para juntar dinero para mi viaje de quince años.
Mi mamá se hizo la dura unos días, se lo pensó, dudó, pero terminó por acceder (por suerte tiene el Sol en Leo y no pudo decir que no a las cámaras… además, luego volvía feliz del supermercado cuando la reconocían vecinos que la habían visto en la tele y le deseaban buena suerte).
Aunque nuestro comienzo fue un poco accidentado, porque perdimos la primera ronda contra la otra pareja de madre e hija que concursó en ese primer día, logramos pasar al segundo programa. Y luego al tercero, al cuarto y al quinto.
Ganamos el máximo de programas que se podía ganar y aquel especial de padres e hijos comenzó y terminó con nosotras.
Al final, aquella mala noticia de que ya no aceptaban niños de catorce años, en realidad terminó volviéndose a mi favor, porque no tuve que dividir el dinero con ninguna amiga: todo lo que ganamos fue para mi viaje de quince años, que duró un mes y en el que conocí buena parte de Europa. Partiendo desde España, la tierra de mis abuelos y donde ahora vivimos.
El sueño siempre estuvo claro, no lo solté, pero tampoco me conformé con desearlo y pedirlo al universo: hice todo lo que estaba a mi alcance para convertirlo en realidad.
De esto, precisamente, habla la reunión de los señores Neptuno y Saturno en el signo de Aries… y otra vez, estoy dando los pasos para cumplir mis sueños y estar a su altura. Pero, como la mente adulta a veces es mucho más incrédula y temerosa, elijo tener aquí bien cerquita a esa yo adolescente que no se rindió y llegó justo a donde soñó llegar.
Y hoy comparto su historia contigo, por si tú también necesitas un poco de su empuje.
