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Wendy Ramos: «No logro entender a las mujeres que van en contra del feminismo»

Wendy Ramos
Fuente: Giuseppe Falla

Wendy Ramos (53) creó a su payasa en un taller de clown hace 30 años, pasaron al teatro y la televisión. Diez años después salieron del entretenimiento, para entrar juntas en el ámbito social cuando crearon Bola Roja.

La fundación se dedica al clown hospitalario, comunitario e intervinieron en asilos, cárceles y zonas de desastre, entre otros espacios. Iniciaron la escuela en 2001 con 12 alumnos y la cerraron con 1.200 estudiantes al año.

Ramos y su payasa encontraron en 2016, un lugar más humano aún donde no hay una nariz colorada, usan todo lo aprendido en lo cotidiano y en la manera de encarar la vida.

Janet Wendy Ramos Rey es comunicadora social, actriz, guionista, directora de teatro, maestra de clown y una constante aprendiz: “Yo sigo estudiando clown, el último taller lo tomé en enero de este año”. Wendy Ramos realiza talleres de todo tipo, su curiosidad es inagotable.

¿Seguís construyendo a tu payasa en la actualidad?

No usaría la palabra construir porque me suena a crear algo fuera de uno mismo.
Yo diría que la sigo descubriendo, porque siento que el clown me pone un espejo pegado a la nariz, no hay escapatoria, te vas a ver. Y al verme, me doy cuenta de mis cambios, de lo que avanzo en cuestión de miedos, riesgos, reacciones frente a los obstáculos en escena (y en la vida).

Wendy Ramos como guionista de Pataclaun, ¿qué chistes o líneas cambiarías de la serie para adaptarla a la situación actual de la sociedad?

Me asombra ver que después de 20 años de terminado ese programa, existan muchos temas tanto políticos como sociales que siguen ahí sin resolverse. No cambiaría los temas, pero en definitiva cambiaría totalmente muchísimas de las bromas y la manera de interactuar de los personajes. En aquel entonces bajo el concepto de “burlarnos de nosotros mismos” nos hacíamos pedazos, nos burlabamos del peso, la edad, la procedencia, era el tipo de humor que usábamos todos en ese momento. Tratábamos de ridiculizar el machismo, pero al mismo tiempo el personaje machista y agresor era
simpático. Hoy, con todo lo que sabemos, ese programa tendría que ser muy diferente a lo que fue.

¿En algún momento tuvieron algún tipo de censura por la crítica social del programa?

Nunca. Hasta ahora no lo entiendo. El gobierno tenía las garras puestas en todo, inclusive en el canal donde se emitía el programa. Nunca cambiaron ninguna línea.
En 1992 Alberto Fujimori instauró el «Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional», también conocido como “Autogolpe de Estado del Perú”. En este contexto se presentaban las funciones de Pataclaun en el teatro. Es aquí donde demostraron que el clown puede hablar de todo e incluso reír de lo que más dolía en ese momento.

¿Qué crítica (positiva o no) haría tu payasa sobre la sociedad actual?

Los temas nunca se acaban, solo con los temas políticos en Perú podríamos hacer mil programas. Otros temas se repetirían porque siguen sucediendo: machismo, inseguridad urbana, discriminación, corrupción o racismo. Hoy podríamos hablar de las redes sociales y su efecto en la autoestima de las personas, y bueno, de la pandemia y todo lo que puede ocurrir en el encierro tendríamos material de sobra para varias temporadas.

En tu rol de líder en Bola Roja, ¿tuviste alguna traba por ser mujer? Si fue así, ¿cuál/es?

No solo por mujer, por jóven y por payasa. Todo en contra para ser considerada seriamente dentro del mundo de la salud. Desde el inicio supe que íbamos a tener que triplicar esfuerzos para demostrar que el trabajo que hacía Bolaroja en hospitales, tenía valor en términos de salud. Lo logramos.

Pasaste por lugares muy peligrosos con Bola Roja, tal cómo tu experiencia en La Chureca, ¿te acordás qué se te pasaba por la cabeza ahí o en el Callejón de La Muerte en Nicaragua?

En Bolaroja teníamos a los “civiles” que eran personas que nos acompañaban en las intervenciones que hacíamos. No iban de clowns, iban de civiles (sin nariz, sin vestuario). Ellos tenían un entrenamiento como clowns que les servía para entender el estado en el que estábamos los payasos al momento de trabajar.

Ellos se encargaban de cuidarnos, estaban atentos a todo lo que sucedía en el espacio donde estábamos jugando, sabían cómo intervenir si veían algún tipo de peligro o cómo avisarnos si debíamos salir de un cuarto de hospital o bajar el volumen de nuestro juego. Gracias a ellos nosotros podíamos entrar al 100% en el juego y enfocarnos en las personas ya que ellos se ocupaban de ver la realidad que nos rodeaba.

¿Y en Nicaragua?

Mi experiencia en Nicaragua fue muy dura porque los payasos con los que fui tenían otra manera de trabajar y allí me dieron la responsabilidad de hacer el trabajo de un civil mientras estaba como payasa.

Entonces mi juego estaba limitado por la realidad, estaba jugando y al mismo tiempo cuidando al grupo de payasos, viendo detalles de los lugares donde estábamos, no podía no ver las circunstancia, no podía evadir la desesperanza, la miseria, el dolor. Era muy difícil mirar dentro de las personas como lo hubiera hecho mi payasa porque mi mirada debía estar atenta a todo el grupo. Lloré mucho en ese viaje porque no pude sostener el clown como siempre y eso hacía que no pudiera ser tan útil ni para ellos ni para mí.

Cuando viniste a Argentina tuviste un gran acercamiento al feminismo como comunidad. Desde tu visión, ¿cuál es la situación del feminismo en Perú?

Acá no estamos juntas, todavía no hemos tenido la fuerza para juntarnos y avanzar de la mano. Lo único que a veces parece que nos va a juntar es el rechazo a la violencia contra nosotras. Cada vez que matan a una se levanta el polvo, mientras más violento el crimen más polvo, pero si los detalles del asesinato no nos pone la piel de gallina, si es uno de esos “de todos los días” no pasa mucho. Triste.

¿Crees que está más “atrasado” que en otros países?

Creo que estamos atrasados, que muchos y muchas aún ven al feminismo como una amenaza. Los hombres temen perder su comodidad, eso es hasta comprensible, pero a las mujeres que están contra el feminismo, la verdad no logro entender sus motivos.

Como mujer, ¿cuál es tu mayor desafío?
Mi gran desafío ha sido ser fiel a mí misma y no rendirme ante lo que los otros (y otras) opinaban sobre lo que debía (o no debía) hacer, sentir, querer. Podríamos decir que sos una generadora de ideas constantes.

¿Tenés algún nuevo proyecto actualmente para compartir?

Ahora estoy en una serie que me ha encantado hacer, se llama Raúl con Soledad. Además del placer que me da actuar, y en este caso al lado de uno de mis mejores amigos, también rescato el hecho de ser protagonista de una serie así. Para mí es un logro ser protagonista en una serie sobre el amor y desamor en una pareja, a estas alturas de mi vida, con más de 50 años y mucho más de 50 kilos, es una maravilla. Esta vez no soy la mamá, la vecina, la gordita graciosa. Me hubiera gustado ver cosas así de chica, ver gente normal en la tele, personajes que se despierten despeinados, que no fueran tan perfectos, tan lejanos.

Wendy Ramos cuenta con una amplia trayectoria, es embajadora de la marca País, se considera como una persona a quien le gusta hacer listas y colecciona muñecos Funkos. ¿Tenés un aproximado de cuántos funkos tenés?

Los acabo de contar, tengo 56. Lo bueno de ser grande es que puedo ser niña cuando quiera.

Camila Hassan
Camila Hassan

Periodista, bailarina de alma y feminista. Defensora de los derechos LGTBIQ+.

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