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Relato erótico: «Sueños húmedos»

erótico

Se acerca la noche y me asomo a la ventana. Ante mis ojos, la luna llena despierta mis recuerdos y mis sentidos, y un escalofrío recorre mi piel que con ansia reclama tus caricias. No estás aquí, y aún así me dispongo al ritual como cada día, esperándote. Frente al espejo, desnuda, acaricio cada centímetro de mi cuerpo, como si fueran tus manos, y no las mías. Me excito de solo pensarlo. Agarro el frasco de aceites que tú me regalaste, y que con sus intentos aromas orientales rociabas cada rincón de mi piel. Lo vuelco en mis manos, para después, subiendo a lo largo de mis brazos, alcanzar mis senos; los acaricio y el deseo se hace inmediato. 

Anhelando tu cuerpo, aspiro profundamente y todo mi cerebro se llena de tu olor. Siento la necesidad imperiosa de seguir bajando, acercándome cada vez más a mi sexo palpitante de tu miembro, como si un pedazo de mi carne me faltara. Pero quiero ir más despacio, aún a pesar de la premura de mi excitación.

 De repente apareces ante mí, como si de un milagro se tratara; ¡¡Dios mío!!, no lo puedo creer, puedo acariciar tu cuerpo, sentirlo, y arañándolo en espera de escuchar tus quejidos para así hacerte presente, recorrer con mi boca, mi lengua y mis besos, cada recoveco de ti. Provocando tu deseo, tus gemidos, la erección de tu sexo, y cada poro de tu piel reclamándome. Tu miembro erecto busca locamente mi hendidura, pero no, no es momento todavía. Te miro a los ojos y me miras desconcertado, apasionado, sin saber qué hacer. Bajo la mirada, rozo tus labios con mis dedos, y los introduzco en tu boca, con la intención de acallar tus palabras, mientras desciendo buscando sedienta como calmar mi sed. Ya estoy cerca, lo sé; mi boca también, y comienzo a ensalivar como si de un dulce manjar fuera a disfrutar inmediatamente. Y ahora sí, tu sexo se encuentra con mi boca anhelante. Entre sorprendido y satisfecho no puedes evitar gritar; sí, sí, sí mi amor, devórame entero, y saca de mí las mieles de mis adentros. 

¡¡Ohhhhhh, cielo trágame!!

Tras unos minutos que cada vez se me hacen más eternos saboreándote, se apodera de mí la lujuria, y la necesidad imperante de rogarte, de implorarte; por favor, fóllame, entra dentro de mí y poséeme, vacíate en mí, llenando mi alma de ti. Obedeciendo mi deseo, y mirándome con tus ojos ardientes y suplicantes, me conduces al éxtasis contigo, y entre suspiros de goce perpetuo, exhalamos las delicias de toda la tensión acumulada, hasta alcanzar el momento culminante del clímax juntos, otra vez. 

Y ahora despierto, y tú no estás. Hace tiempo que te fuiste para nunca volver. Pero me quedan mis sueños para sentirte cada noche, una y otra vez. 

Brighid de Fez

Buscadora incansable del sentido del Ser, expresa con palabras su conSciencia.

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