Poema: Mi amigo invencible

Fuente: Tapety na Pulpit

Se esconden en los agujeros que la madera no alcanza a tapar.

Sus ojos saltan en los huecos de la vieja casa de la que ahora formo parte.

Un castillo de tablas que se eleva entre la nada y se disuelve al caer la noche, dejando encendidas las luces que no me dejan descansar.

A cada paso que doy, el visitante me persigue.

¡Como odio aquellos agujeros! Nos encuentro frente a frente, como si mi imagen fuera su imagen.

Coexistimos en este espacio, nos hundimos juntos.

Ahora su misión es torturarme.

Ahora sostiene mi rostro con una incontrolable intensidad.

Pero sus manos, de hecho, no me tocan.

Sus ojos no me miran.

Y sus labios no pronuncian mi nombre.

¡Oh, visitante! ¿Soy realmente una extensión tuya?

Un risa ahogada invade la atmósfera.

No quiero aceptarlo.

La sola idea de hacerlo me enferma.

¿Qué puede ser peor que encontrarse siendo el protagonista de sus propios tormentos?

Ahora observo, en silencio, como sus manos son mis manos y sus ojos son mis ojos.

Y me acerco a la tenue luz que nace de una vela para hallar mi rostro detrás del suyo, detrás de sus cejas y sus arrugas.

¿En verdad estoy loco? ¿O sería loco no creerlo?

Martina Barreiro

Periodista, entusiasta de la poesía. Exteriorizo emociones mediante palabras.

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