Subí al tren. Llevaba conmigo un cuaderno, como siempre, y una botella pequeña de agua. El sol atravesaba las ventanas de la derecha y dibujaba siluetas blandas en las caras de los pasajeros. Era temprano, lo suficiente para que algunos dormitaran todavía con la frente apoyada en el cristal y otros miraran el móvil por…
Redactoras























































































































































































































































