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Los amigos de esencia

Hace poco escuché un podcast en el que hablaban sobre el concepto de los amigos de circunstancia y los amigos de esencia. 

Los primeros son aquellos a los que te unes porque compartís una circunstancia en común y la amistad es muy intensa mientras dura esta circunstancia. Sin embargo, cuando esta acaba, la amistad desaparece. Son tus mejores amigos durante el tiempo en que compartís el mismo momento vital o disfrutáis de un hobby en común, por ejemplo. 

En cambio, los segundos son aquellos amigos que te acompañan durante toda la vida, sea cual sea la circunstancia vital que te toque atravesar. Son los más valiosos, si me preguntas. Los más escasos también. 

Son los que me he puesto como firme propósito mantener, cuidar y cultivar, este año y siempre. Es por esto que he terminado el 2025 enviándoles una carta de mi puño y letra a mis amigos de esencia. Porque siento que es muy importante agradecer y decir te quiero mucho más, y no darlos por sentado. 

En esta época de scroll infinito y estímulos constantes, siento que estamos más conectados que nunca, pero también sostenemos relaciones más superficiales que ninguna generación anterior. No conocemos a nuestros vecinos, en cambio sabemos perfectamente qué desayuna y qué rutina de skincare sigue la influencer de turno que ni siquiera nos conoce, pero a la que tenemos la falsa sensación de considerar amiga porque pasamos horas y horas viendo su vida a través de una ventanita en nuestro teléfono móvil, o en nuestra tercera extremidad superior, o en nuestro segundo cerebro casi. 

Tenemos muchos más «amigos virtuales» con los que hablamos continuamente por WhatsApp y nos preguntan ¿qué tal estás? sin esperar la respuesta. No les interesa. Oyen la contestación, pero no la escuchan. Y lo sabes porque su réplica se basa y se enfoca casi en su totalidad en su vida, en lo que les ha pasado a ellos. Te preguntan, no para conocer qué te pasa, sino para tener una excusa para iniciar la conversación y contarte lo que te quieran contar sobre su vida. 

La época del egocentrismo llevado al extremo. 

No tenemos tiempo para escuchar el audio de un amigo en el que nos cuenta qué tal su día y lo dejamos en visto durante semanas o si, con suerte, sacamos tiempo para oírlo, lo hacemos en x2 porque no podemos dedicarle atención plena. Luego nos sorprendemos por vivir con ansiedad y estrés. Tenemos cada vez más mascotas, pero los hijos se posponen, los abuelos acaban en residencias o siendo cuidados por personas que ni siquiera conocen porque no tenemos tiempo para cuidar de aquellos que una vez nos cuidaron a nosotros; estamos más ocupados en producir y producir. 

Hace unos meses asistí a una sesión de coaching y, en una conversación, la coach me hizo reflexionar sobre lo valioso que es nuestro tiempo. Desde que nacemos, de hecho, sabemos que es limitado y el contador cada día se reduce 24 horas más. 

Es vital elegir bien en qué o, mucho más importante, con quién invertimos este tiempo. 

Yo, si me preguntas, he decidido dedicarlo a los que de verdad lo valoran, mi familia y mis amigos de esencia, esos que sé que estarán ahí conmigo, da igual la tormenta que toque atravesar, pero también para celebrar todas y cada una de las victorias que estén por venir. 

Así que, aprovecho también este espacio para daros las GRACIAS una vez más, en este caso públicamente, por ESTAR. Sencillamente eso. A veces no hace falta nada más.

Alba Gómez Pachón

Lectora empedernida. Escribir es mi mejor forma de terapia.

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