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Pescado sin que parezca pescado

El perfume caro elegido cuidadosamente para mi primer día de trabajo se está peleando con mi sudor nervioso en una camisa perfectamente conjuntada con zapatos. Llevo una americana a juego con mis expectativas: sofisticada pero dura. Aquí estoy yo.

Irrumpo en la oficina como un catálogo de colección primavera verano. He cuidado mi imagen hasta cambiarme los pendientes dos veces antes de salir de casa. Jamás se me ven los pendientes con mi peinado, pero ya sabes cómo son los nervios del primer día. He ido a citas menos arreglada (¿arreglada, acaso estaba rota?) que al primer día de trabajo.

Me presentan a mi mesa y a mi equipo. Genial, no me acuerdo del nombre de ninguna de ellas. Ni siquiera del de la mesa. Mucha información para mi atención intermitente por los nervios. 

Estoy de oyente, observo y escucho. Me he convertido en una oreja gigante con pendientes a conjunto, por supuesto. Necesito conocer, entender y escuchar para proyectar y empoderar. Mi expectativa duerme con mis sueños, por eso a veces se va a dormir al sofá, enfadada.

Las conversaciones de colegios, reuniones de padres, meriendas y resfriados inundan la sala de trabajo. Y recetas para que los niños coman pescado sin que noten que es pescado. Ni te imaginas la de alquimia que se ocasiona en las cocinas de las madres que estoy escuchando. Mi mente infantil intenta que me ría y me obliga a dibujar mentalmente un pez disfrazado de emoticono de flamenca. Céntrate.

La charla de recetas de pescado sin que parezca pescado fluyen. Y risas. Y anécdotas. Y pescados disfrazados cual carnaval de Cádiz.

Me miran. No intervengo. No tengo nada o casi nada amable que decir. Mis expectativas me habían convertido en una autómata con dificultad para mantener una conversación de ascensor. 

La pregunta no tarda en llegar: que si tengo niños. Que cuantos años tienes. Y silencios de compasión. 

Y sonidos de teclado frenéticos. Y ZUM ZUM del chat interno. Y mirada compasiva. 

Mis expectativas están cuchicheando y me hacen sentir un plato de pescado que no ha sabido no parecer pescado.

Observo todo, observo el ruido que no se puede ver con los ojos. Estoy acostumbrada a ver ruido y a oír pensamientos. Como por la noche cuando vuelves a casa y puedes escuchar pensamientos peligrosos de persona con las que te cruzas. Vaya que si se oye, sí.

«Y aquí estoy, primer día de trabajo superado»

No sé si mis expectativas podrán decir lo mismo. He roto el hielo. Bueno, me he tropezado con el bloque de hielo. Pero lo he roto que era lo que se esperaba de mi en este primer día.

He puesto al día a mi gente sobre mi inicio de aventura laboral y de repente faltan cinco horas para que suene la alarma. 

Y sin haberme preparado el outfit para mañana. Así me luce el pelo. Y no sé cocinar pescado sin que parezca que es pescado. Para acabar de rematar. 

Sara Santiago

Trabaja de forma apasionada con equipos de alto rendimiento.

3 Comentarios
  1. !Qué relató! Me ha transportado a ese lugar de trabajo.
    Ya tengo ganas de saber qué más paso esa semana.😀😀
    P/D: ¿ Abre comido pescado sin que parezca pescado? (Aunque me guste el pescado)

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