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Los Beach Boys de Zanzíbar

Son las 09:00 de la mañana y ya nos esperan en la playa, como cada mañana, Isaias, Chiquito (como se hace llamar) y Carmelo junto con otras decenas de personas de origen Swahili y Masai, que llegan a las playas de Nungwi casi con la salida del sol y no se van hasta su puesta. Son los llamados beach boys de Zanzibar, pero ellos no surfean grandes olas como la mítica banda de rock, ellos intentan ganarse a los turistas con su simpatía para lograr ganar 5 dólares.

Venden desde maderas con tu nombre a ceniceros hechos con un coco, pasando por cuchillos hechos a mano, tatuajes de henna, trenzas y fruta fresca entre otros. Los turistas les regatean el precio inicial, muchas veces ya irrisorio, como si ahorrarse 2 euros fuera para ellos un triunfo. Dos euros, el precio que ellos pagan para conseguir comida para cuatro personas.

«No tienen trabajo estable, dependen totalmente del turismo «

Hablan con nosotros cada día y nos cuentan que las cosas van a peor. A pesar de hablar muchos más idiomas que nosotros, en español, pero también hablan a la perfección swahili, inglés e italiano. Los beach boys de Zanzibar no tienen trabajo estable, dependen totalmente del turismo, principalmente italiano, para poder vivir. Conocen a la perfección cuántos aviones directos hay desde Roma y su hora de aterrizaje, y lamentan que en España, debido a la crisis, Iberia cancelara hace 10 años el vuelo que llegaba a la isla directo desde Madrid.

Esperan con ansia las nuevas elecciones, pues el actual gobierno no parece querer ayudarles. Nos cuentan que quienes viven en el centro de la isla lo tienen aún peor. Los niños de interior tienen la escuela a 40kms. y el país no invierte en transporte para ellos.  A pesar de que cada turista que llega a la isla debe pagar 50 dólares y a que la isla de Mnemba fue vendida a Bill Gates, el dinero no llega al pueblo.

Aún así no quieren quejarse, necesitan ponerse en marcha de nuevo. El sol pica y mucho, pero mientras nosotros nos tumbamos al sol, ellos vuelven a caminar arriba y abajo para intentar vender algo. 

En nuestro último día, fuimos un momento a la playa para despedirnos de ellos. Les dimos nuestro Relec, ya que por las noches dicen no poder dormir con tanta picada de mosquito. Les agradecimos que nos hubiesen enseñado tanto, no sólo con lo que nos explicaron, sino con su actitud. Siendo occidental, a su lado, yo y mis problemas se vuelven muy muy pequeños.

«Nos traemos una maleta llena de souvenirs hechos por ellos y el alma llena de agradecimiento»

Gracias chicos.

Gemma Boixeta
Gemma Boixeta

Economista, psicóloga, vegetariana, animalista pero sobretodo viajera.

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