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Las expectativas tienen fecha de caducidad

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Estoy en modo altavoz. En lista de espera para ser atendida por un funcionario.

Preferiría estar en modo avión.

De repente, el ministerio de igualdad cobra sentido. 

Todos los adoctrinamientos son negativos. Los políticos también.

Las expectativas tienen fecha de caducidad. La realidad es perdurable y menos atractiva. Es auténtica. Es lo que hay.

Mi desorden está arraigado en las agujas del reloj. En las estanterías de los afectos y el respeto, soy impecable.

El adjetivo seriedad, habla por mí.

Pierdo tiempo laboral haciendo gestiones para resolver los coletazos de las negligencias de terceros. La irresponsabilidad ajena salpica, hiere, entorpece.

La decencia es un valor en período de extinción. La tolerancia también.

Nos hacemos mayores. Las mañas envejecen más rápido que los cuerpos y las mentes. Nos empecinamos en exigencias absurdas que paradójicamente nos alejan, aún queriendo compañía.

Los mejores maestros son los mayores errores, siempre que haya conciencia para aprender de ellos.

Sigo en línea, esperando por el funcionario de oficio.

La máquina telefónica me da las gracias por mi paciencia. Yo se lo agradezco. Ya nadie se disculpa por nada. La gran masa considera que es dueña de la verdad.

Sentar cátedra es deporte nacional. Después está el fútbol. El Marca es el periódico más “leído” de este país. Bandera roja.

Lo que inicialmente parece inalcanzable siempre es atractivo. Una vez que se muestran las costuras, el interés disminuye. La gente quiere risas, copas, evasión, folclore, reguetón. Los miedos y las cicatrices del corazón no molan tanto.

Me duele profundamente pensar que a veces, mis defectos pesan más que mis virtudes.

Mi sensibilidad puede llegar a ser abrumadora, pero sin ella no podría escribir.

La intransigencia es absolutamente reveladora, a la par que respetable, pero también es profundamente inhumana porque en muchas ocasiones está reñida con la empatía, la caridad y la generosidad.

Mi tolerancia por los patrones estivales es cada vez más estrecha. Dejar de trabajar dos meses es un lujo que ya no es sostenible.

Padezco el “Síndrome de Hija Única”. Las multitudes me asfixian, necesito espacio, aire, tiempo. Necesito encuentros conmigo misma y también con la compañía adecuada.

Soy partidaria de la comunicación porque todo lo puede, todo lo resuelve, todo lo sana. Comunicación abierta y sincera, con firme propósito de enmienda.

Un lema a tener en cuenta: “si no te quieren, tienes que irte”.

Somos un manojo de defectos, pero tendemos a no ver los nuestros, solo los de los demás.

Debería leerme más en BikiniBurka. No obstante, sigo creyendo y creeré hasta el final de mis días.

Marie-Claire

CEO de su empresa y de su vida. Apasionada de la lectura y la escritura.

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