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El significado de la Navidad, en contra de los tiempos modernos

El significado de la Navidad en contra de los tiempos modernos, de la terrible ubicuidad de lo festivo. Llega la Navidad, las calles de las ciudades, pueblos y aldeas se llenan de la magia de las luces para supuestamente despertar la inocencia del niño que llevamos dentro y que pocos lo tienen presente.

Nos bombardean con las buenas acciones para participar en recogidas de juguetes y alimentos para los más desfavorecidos. Cuando no somos conscientes que es el mundo en el que vivimos el que favorece dicha injusticia.

Las calles se llenan de compradores impulsados por el capitalismo para satisfacer fatuas emociones de felicidad. Regalos que en vez de alegrar el corazón del que lo recibe le provoca tristeza y frustración por no ser lo que él pensaba que merecía. No es el detalle, es el precio del objeto que se regala.  Vale más el valor de lo regalado que la acción de regalar.

Consciente de la falta de conocimiento del ser auténtico del regalado, el regalador no interioriza la personalidad del sujeto a regalar, sólo regala por el hecho de regalar, acción que esta sociedad ha impuesto. Todo se puede comprar con dinero y poder. Tenemos un precio material para obtener la falsa felicidad.

Comidas y cenas para demostrar la unión de amigos y familiares que quedan una vez al año, sin saber ni conocer la vida de los convocados pero es lo que impera. Reuniones de felicidad en botella de champagne que se descorcha y dura una copa. Alardes de espejismos de bienestar, de demostración de ser felices cuando no aguantamos a los demás pero es lo que toca: «Alegría, felicidad y amor» cuando en el reflejo del agua es todo lo contrarío. Mentiras que nos impone una sociedad basada en el oro y la envidia. 

Las tiendas, centros comerciales y bares se llenan de música celestial, que nos hacen sentirnos buenas personas aunque en el interior pocos lo son. Bailamos al ritmo que nos marcan, como marionetas sin sentimientos ni proyectos. Todo se al por mayor y nada es bordado, pintado o esculpido con las manos. Solo unos pocos aprecian el valor de lo artesanal.

Se despierta en el interior los propósitos para un año que empieza, el cambio que se produce en nosotros cada año. Acciones que muy pocos cumplirán, porque son como la felicidad. Son instantáneos, provoca el bienestar de pensar que lo haremos pero que tenemos claro a los pocos días que no los cumpliremos con miles de justificaciones para volver a la rutina ordinaria. Como yo lo llamaría, son sentimientos vacíos de significante porque no es lo que queremos realizar nosotros sino lo que los demás nos aconsejan o dicen, es el significado de lo que ven de nosotros pero no el significante de lo que somos ni amamos. Ser significante y tener significado es el presupuesto del que es un ser completo, aquél que supera la contradicción de la existencia.

Eso son las navidades, opulencia de dinero, relaciones sociales y falsa felicidad cuando el mundo muere de hambre, está en guerra, mueren miles de personas pero que corra el vino, los manjares suculentos, los vestidos brillantes y las joyas suntuosas. Viva la felicidad enlatada que nos venden los poderosos cuando la verdadera felicidad es la de querer hacer algo mejor.

Todo esto para deciros que la Navidad está en nosotros todos los días del año cuando somos capaces de ofrecer nuestro yo auténtico, el «yo» de nuestra infancia. Él que creía en la magia, en la ilusión, en dar a los demás sin pedir nada a cambio. El solidario, el compañero, el bondadoso, el empático, el que sonríe estando triste, el que llora, el que abraza, el que ama, el que ayuda… Porque tener un yo es ser uno mismo y acudir al mundo con las armas de la esperanza.

Mi Navidad no es lo que la sociedad quiere de mí sino el día a día. Cada amanecer de mi futuro intento ser mejor persona, reconociendo mis fallos para crecer y seguir aprendiendo a amar a lo que realmente me aporta valor y que no se basa ni en el poder, ni en el dinero, ni en el que dirán. Sólo muestro mi «yo interior», el «auténtico» no el que el que demás quieren que muestre porque eso es la libertad y el amor.

Así, querido lector, está en tus manos elegir el camino de tu Navidad.

Yolanda Moreno

Pintora y arqueóloga de las emociones. Mediadora en arteterapia.

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