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El cuento de la rana y su efecto Pigmalión

Fuente: FayerWayer

Cuando era pequeña, mi madre me contó una historia, con una rana como protagonista, que me sirvió para empezar a entender algunas de las frases que más hemos escuchado y nos han repetido una y otra vez a lo largo de nuestra vida. Que algo no es blanco ni negro, que ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos, que todo varía desde los ojos con los que mires y que todo es cuestión de perspectiva. 

Nuestra enigmática rana en el cuento caía junto a otra en un hoyo. Las demás ranas las observaban desde lo alto cuchicheando hasta que los susurros se convirtieron en gritos desalentadores. Una y otra vez le repetían que jamás conseguiría salir del agujero y que antes morirían rendidas de tanto saltar. 

“La rana era sorda y no había escuchado ninguno de los comentarios”

Una de ellas, después de varios esfuerzos, se dejó caer agotada en el suelo y murió. En cambio, la otra rana no cesó en su intención de liberarse. Cada vez saltaba más y más, hasta que al final consiguió salir del agujero. 

La rana era sorda y no había escuchado ninguno de los comentarios. Por los gestos que había visto en el resto de ranas, interpretó que le daban ánimos para conseguirlo y este hecho le dio más fuerzas para conseguir su objetivo. 

Y es que el poder que tienen el resto de personas en nosotros es enorme y las palabras que nos regalan confianza y ánimos pueden suponer el motor que nos haga crecer. 

“Hay casualidades maravillosas que se personifican y te regalan en el día a día fuerzas y frescura”

Es el famoso efecto Pigmalión. Las personas tenemos ese poder sobre otras y viceversa. Hay quien consigue apagarte; y por suerte, hay quien adopta el papel de esa estrella que nos abastece cada mañana de luz llamada Sol, iluminándonos y consiguiendo hacernos brillar. 

Hay casualidades maravillosas que se personifican y te regalan en el día a día fuerzas y frescura. Son las mismas que se encargan de transmitirte sus mejores energías para hacer vibrar tu alma y te acompañan a convertirte en tu mejor versión. 

Sin mediar palabra, te hacen sentirte escuchada y te arropan de un cariño que silencioso recorre la estancia y se cuela en lo más profundo. Te levantan de las caídas y sostienen un espejo en que muestran ante ti el reflejo de tu mejor yo. 

Cuando están cerca te sientes inequívocamente mejor, más útil, más ágil y curiosamente más llena. Te recuerdan una y otra vez la valía que impera en ti y el valor que reside en todo lo que creas con el corazón. Te empujan a superarte y a ver que lo que has sido hasta ahora solo forma parte de la transición de todo lo que puedes llegar a ser. 

Por eso, cuando aparecen personas que envuelven de sombras tu entorno, tus decisiones y convierten tu valentía en miedo e inseguridad, hay que recordar todo lo que te enseñaron quienes supieron apreciar el brillo que hay dentro de ti.

Laura Vaquero

Cree firmemente en las palabras como mecanismo de defensa y manifestación.

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