Yes, I do. Y muchas de vosotras, seguro. El conocimiento es un tesoro, nadie lo niega, pero si empieza la invasión, hay que ponerle freno. Un símil bélico muy apropiado en estos tiempos.
Aquellas personas que trabajamos con el lenguaje (es mi vida, lo que me da de comer como correctora y asesora literaria y me permite soñar como escritora) amamos las palabras. Nunca dejamos de aprender porque el idioma evoluciona con los tiempos, pero todo tiene un límite.
Me he alegrado con la inclusión de «bocachancla» en el diccionario de la RAE. No tanto con «almóndiga», pero si los académicos lo aprueban, yo no tengo nada que añadir. Si no me gusta el término, no lo uso y todos contentos. Sin embargo, tengo la sensación de que la importación de anglicismos está sitiando nuestro español. Hay palabras, como e-mail, que resultan más prácticas que correo electrónico. Economía del lenguaje, lo llaman.
Otras, como outfit, me tocan la moral. Nadie lleva un atuendo, un modelito. Por favor, pero si hasta es difícil de pronunciar para muchos. Lo mismo ocurre con best seller. A ver quién es el guapo que lo dice sin atascarse. Nuestro aparato fonador no está preparado para tres consonantes seguidas, así que la mayoría termina diciendo beseler y se quedan tan pichis (un guiño al casticismo madrileño). Señoras y señores, digamos «superventas» y mantengamos intacta nuestra dignidad.
Cuando era una niña, recuerdo que mi madre nos compró a mi hermana y a mí unos pantalones vaqueros, de marca Don Quijote (pocas cosas más patrias), que hicieron las delicias de mis correrías infantiles. Ahora se llevan los jeans, el vaquero se ha reducido a la cría de ganado. Una lástima.
El mundo de la moda es el que más guerra interna me produce. Todo es trendy, se llevan los clutch (cuya traducción literal es «embrague», y yo creo que en ese espacio, como mucho, te cabe un tanga talla xs), las faldas midi (el largo madre de toda la vida), los pantalones flare o wide leg (antes conocidos como pata de elefante), bootcut (los campana) o skinny (pitillo, para los profanos), los shorts (los pantalones que tu madre cortaba justo por encima de donde el tejido empezaba a clarear). Pero si hasta en la página de Zara me dicen un SELECTED FOR YOU en lugar de un escueto PARA TI.
En el lado opuesto, debo confesar que hay términos que considero más adecuados a los tiempos que corren. Por ejemplo, spoiler. En castellano sería «destripe», y en algún contexto podría alterar a nuestro interlocutor. Si alguien te dice que te va a destripar, lo más normal es que tu primer pensamiento sea el de cómo planear la huida. Aunque la intención de quien lo dice sea fastidiarte el final de una serie, película o libro. Un punto para los ingleses.
La lucha entre los muffins, los cupcakes y las madalenas viene de lejos. Una conocida repostera, cuyo nombre en las redes es alma_cupcakes, perdería parte de su esencia si la cambiáramos a alma_madalenas. Aunque puede que haya llegado el momento de proponérselo. Es más sonoro, ¿no creéis?
Hace poco tuve una iluminación con un término que usamos con una tranquilidad inquietante: brunch. La inspiración me hizo caer en la cuenta de que se trata de una nueva creación a partir de breakfast (desayuno) y lunch (almuerzo o comida, aunque para los anglosajones comer sea sinónimo de un triste sándwich sentado al borde de una fuente). Nosotros ya tenemos la merienda-cena, ese ni pa ti ni pa mí propio de familias que no se ponen de acuerdo en cuál es la hora correcta para cada comida. Podría crear yo un nuevo término para que el mundo deje de brunchear: la desmida o el coyuno. La segunda me gusta mucho, tiene un deje a «coyunda» que me saca una sonrisa traviesa. Si no conoces su significado, los sabios de la RAE te pueden ayudar. Yo no voy a destriparte nada, eso es cosa de salvajes.
Quisiera terminar este alegato idiomático con la última incorporación a la vida de nuestros adolescentes: la expresión vacía de significado six-seven. Lo dicen para despistarnos, para hacernos la «trece catorce», que se diría en mi mundo, tan lógico como misterioso para ellos.
Entendedme, soy de otra generación, estoy hecha de otra pasta y me gano el pan de mi nieto con las palabras.
Kisses and hugs.
