¿Sufres del síndrome FOMO?
Las siglas FOMO significan “Fear of missing out”, en español “Miedo a perderse algo”
Yo creo que sí he sufrido este síndrome en algún momento. Reflexionando sobre ello pienso que el mundo de las letras en el que habitamos los amantes de los libros ya sea en formato escrito o leído está pasando por un periodo de plena expansión. Como podríamos decir coloquialmente se encuentra “on fire”.
Como consecuencia de este boom mediático ante lo atractivo que nos parece al colectivo de la lecto-escritura todo lo que acontece en torno a este imaginario, hemos pasado de leer y escribir de una forma aislada y solitaria a observar cómo desde hace unos meses afloran los eventos literarios de manera totalmente indiscriminada con una intensidad alarmante.
Librerías bonitas de nueva apertura, clubs de lectura, actividades diversas y variopintas relacionadas con el mundo del libro. Talleres de escritura; escritura íntima, escritura creativa, escritura terapéutica, escritura acompañada de diversas experiencias… presentaciones de libros recurrentes y frecuentes a las que humanamente por logística, trabajo, vida, no puedes acudir y que en determinado momento te ha producido incluso ansiedad ante el exceso de actividades por el hecho de no querer perdértelo.
También has podido vivir ocasiones en las que hayas asistido a alguno de estos eventos y al llegar a casa posteriormente con libros que no te vas a leer jamás, y que has comprado por compromiso, suspiras con la triste sensación de que tampoco ha sido para tanto.
Ante esta vorágine de acontecimientos, creyendo que si te quedas fuera te pierdes algo importante que va a ser crucial en tu vida, yo en alguna ocasión me he apuntado a demasiadas actividades que si bien he disfrutado, alguna de ellas no era para tanto y me ha hecho replantearme que mi ocio no puede ser siempre en torno a la misma temática modo obsesivo, y que debo de ser más selectiva porque todo no es de una calidad suprema y no pasa absolutamente nada si me lo pierdo.
Pero cuando estás en esa rueda mediática metida, te angustias porque te quieres apuntar a todo, te quieres comprar todos los libros que te recomiendan las booktuber a las que sigues en youtube como lo mejor de lo mejor creándote mil necesidades que no necesitas, pero en ese momento tú te crees que sí, consumes todo tipo de contenido literario hasta que explotas y dices hasta aquí.
¿Cuántos libros he comprado gracias a recomendaciones random que he terminado vendiendo, porque al leerlos o intentar empezar a leerlos he visto que no eran lecturas para mí y los he abandonado?
A mí confieso que todo esto que te cuento me ha pasado, ahora afortunadamente no, ¡pero te aseguro que de esto se sale amiga jajajaj! Terminas por volver en tí de una forma espontánea, fruto del empacho.
Ahora estoy en momento saturación, demasiada oferta y exceso de convocatorias. Me he bajado del barco, estoy empalagada.
Finalmente terminas dándote cuenta de que tú ya eras lectora antes de todo este circo desproporcionado que se está montando en torno a uno de tus hobbies favoritos gracias a las redes sociales tan necesarias hoy en día, cierto es, pero tan sectarias y adictivas.
Tienes criterio de sobra para leer lo que te apetece, porque los libros tienen la capacidad de elegirte a ti y así las cosas a pesar de las ediciones bonitas que comercializan constantemente, que te tientan y te hacen ojitos, aunque tengas en tus estanterías tres o cuatro distintas del mismo título y autor, porque las has ido acumulando con el paso de los años por puro capricho, no es necesario tener más.
Al final todo esto es un proceso por el que pasamos todos los lectores y escritores.
Leer lo que te da la gana en el momento vital que estés viviendo es siempre bien y si los eliges tú con tu criterio propio sin tener en cuenta las recomendaciones de menganita o fulanita es maravilloso.
Esto no quita que no te apuntes a lecturas conjuntas si te apetece porque siempre suman, enriquece la lectura compartir opiniones y eso es bonito. A mí me gusta y pienso seguir haciéndolo, pero no todas me llaman la atención por igual.
Al final con tanta oferta se lleva el gato al agua la opción más original y novedosa. Hoy en día ser original es complicado y los lectores nos estamos volviendo muy selectivos, ya no nos vale cualquier cosa.
La libertad de elección y la capacidad de decidir es tuya. Apuntarte a mil lecturas, haciendo carreras para llegar a meta con la lengua fuera y sentir que te sobran la mitad de las lecturas no es disfrutable, por mucho que te digan que sí, créeme que no. En definitiva, compromisos los justos o ninguno y no pasa absolutamente nada.
El síndrome del FOMO en la escritura también existe, el ansia de publicar de una forma rápida y veloz por la misma razón, quedarte fuera en muchos casos, perderte algo, publicar en fechas claves, navidad, el día del libro… hace que un cúmulo de publicaciones de libros se vean concentradas en muy poco espacio de tiempo en los últimos meses.
Yo tengo un manuscrito terminado desde este verano, estaba ilusionada, pero he decidido de momento guardarlo en un cajón. Viendo tanto libro que se ha publicado en estas fechas y que se va a publicar en los próximos meses me ha hecho replanteármelo y dar un pasito para atrás. No me apetece en este momento, no quiero formar parte de este exceso, quiero parar y quizá si esto se calma, sea el mío propio, y si no, pues no estará de ser.
Por un lado, escritoras conocidas a las que aprecias, pero que publican con más frecuencia de la que puedes abarcar, a las que les compras los primeros libros porque ¿qué vas a hacer? y escritoras random que escriben muy bien sí, probablemente, todas escribimos bien, no dejan de engrosar las novedades editoriales mes tras mes.
De un tiempo a esta parte las escritoras afloran como los níscalos después de la lluvia en otoño y terminas por no poder apoyar a todo el mundo, porque no das abasto y si lo haces eres carne de ruina también te diré.
Todos tenemos una historia que contar, cierto es, que nos hará sanar y que necesitamos sacar al exterior y bla bla bla. Todo eso está muy bien
Además, hace ya un tiempo, afortunadamente nos permitieron por fin salir de los márgenes de los libros y tomar el timón de nuestra propia escritura, dejándonos navegar por los mundos que escogiéramos sin censuras, expresándonos con libertad y sin necesidades de seudónimos masculinos como pasaba años atrás.
El problema de esto es que nos hemos creído que todas podemos hacerlo, pero la realidad es que a este ritmo creativo se publican muchas cosas y algunas muy malas. No todas sabemos escribir ni vamos a vivir de nuestra escritura, es una realidad y yo me quedo con la triste sensación de que estamos desvirtuando el oficio de escritor.
A todo esto, a la hora de publicar dependiendo del formato que se escoja tenemos dos grandes bloques; la editorial tradicional, soñada por todo escritor por el prestigio social que conlleva y el aura de dioses del olimpo que te otorga y por otro lado, la auto publicación. En ambos casos la criba es discutible porque no existe.
Hoy en día se puede publicar lo que se quiera. En el caso de la auto publicación puedes hacerlo por partes, contratas corrector, contratas maquetador… o te pones en manos de una editorial que te corrige, maqueta, registra e imprime la tirada que hayáis acordado de tu manuscrito, a la par que te regala los oídos elogiándote a ti y a lo maravillosa que es tu historia, cumpliendo con los requisitos de engrosar tu ego orgulloso porque has escrito un libro y eres escritora. Ellos cobran y ya estaría.
Escoges un espacio bonito, lo alquilas, haces una presentación bonita de tu bebé, firmas y vendes unos pocos libros ese día y te vas con el corazón lleno a casa y feliz. En muchas ocasiones hasta ahí tú carrera como escritora, la cosa no va a más.
La gran deseada; la edición tradicional, que en muchos casos se mueve por números.
¿Cuántos personajes famosos han escrito un libro y sólo por los números que manejan en redes, ya sean actores, modelos, influencers, cuentas de Instagram con números determinados de seguidores, les han puesto un contrato delante? ¡muchos!
Da exactamente igual lo que escriban porque con sus seguidores tienen aval suficiente para tirar para adelante con lo que quieran escribir y no se leen ni los manuscritos.
No todas somos influencer, pero todo el mundo que quiera puede escribir hoy en día ¡Y es tan fácil publicar!, pero la realidad es que la profesión de escritor se está desvirtuando a mi juicio y que no todo el mundo puedo escribir bien, ni puede ser escritor, es imposible.
Lo bonito y positivo de todas estas reflexiones que me hago yo siguiendo con mi monólogo interior es que cada vez hay más lectores, la gente lee.
En este mundo digital, lo analógico sigue siendo atractivo. Los libros en formato papel siguen teniendo un público fiel que los disfruta, y sí, cada vez hay más escritoras, y un grupo reducido se desmarca y escribe muy bien e indistintamente del resultado se atreven a ponerse delante de un papel en blanco y escriben.
En definitiva, lo importante de este universo literario son ellos; los libros,
Esos amigos silenciosos que te acogen sin preguntar, arropándote entre sus páginas, siempre dispuestos a hacerte olvidar cualquier preocupación que te aflija. Ofreciéndote un mundo lleno de posibilidades que se abren ante tus ojos capaz de atraparte. Con los que ríes, lloras, te sorprendes y hasta te indignas