Queridas lector@s, hace tiempo que no escribo.
Pensaba que un tiempo de reflexión me hubiese permitido sanar por dentro y por fuera, pero resulta que no.
La violencia de género es un bucle, aunque no estés en ella, te arrastra, y sobre todo si tienes hijos en común y no has denunciado. Piensas que estás bien y llegan las vacaciones de Navidad y tienes que cuadrar fechas. Yo ya he tomado la decisión de los días que quiero, y todavía no le he escrito para confirmarlo, hasta que me arme de valor y hable con él. Y para mi sorpresa no había problema, y me iba a contestar al día siguiente, y después de diez días no sé nada de nada. Ahora tengo que leerme mi manual para hablar asertivamente y, sabes que os digo, me da pereza existencial, estoy cansada y tengo una emoción que es desconocida para mí, pero me pierde.
Todos los años igual, tus padres, pareja y demás, presionándote para hacer planes y cómo se lo explicas, ya te has alejado del maltrato pero existe todos los años y más si tienes hijos.
Odio estas fechas, me recuerdan mis deberes como mujer, que debe satisfacer a su hombre y cuadrar una falsa realidad de familias, que se aguantan y saben lo que ocurre, pero no hacen nada para cambiarlo.
Entro en el mismo buchle, algunos me dicen que debo irme a Thailandia durante un año para encontrarme. Quizás tengan razón, pero tengo que calmar a mi ira y perdonarme. Pero cuando has sufrido violencia sexual, ecónomica, ambiental y de género durante veintidós años es dificil. Puedes pensar que lo has superado pero la sociedad no te lo permite.
Sí, tendría que irme, pero para no regresar jamás, para dejar todo lo anterior, pero tengo dos hijos en común y no podría perdonarme ser egoísta y abandonarlos a su suerte.
Tengo un problema, no puedo. Pienso en todas aquellas mujeres que pasan lo mismo que yo. Tendría que tener más Ego conmigo misma, callar, no ser maltratada por una sociedad, que ante una cualquiera situación, como un baile de una extraescolar, en vez de apoyar, nos discriman y nos dicen, no, mejor borra el mensaje en el grupo y lo hablamos personalmente. Y yo me pregunto, tanto importa de cara a la sociedad que diga en voz alta que soy víctima de violencia de género. Seguramente para ciertas personas siga siendo un tema tabú.
Lo que no saben, es que siguen ocultando la dura realidad. El maltrato existe y seguirá existiendo, puede más su miedo a mi ira. Ira que sufro, padezco, y a veces pienso que no es buena consejera, sino algo, que me limita y me ancla en el pasado, que quiero olvidar, pero a la vez me da la fortaleza para aguantar el día a día.
Si la olvidase mi creatividad interior dejaría de existir, mi lado de crítica social no tendría sentido, sólo buscaría la belleza y no plasmar una dura realidad que no me afecta sólo a mí sino a miles de mujeres. Sería un ser inane, sin nada que decir, uno más, no uno que es uno mismo con sus virtudes y defectos.
Así, qué hago ante tal situación. He renunciado a todo,a mi sueño de dejar todo y ser yo misma. Algo que anhelo, que es mi huida y mi renacer, como muchas de las victimas del Holocausto, que dejaron todo y se marcharon para empezar de nuevo. Dos hijos que me atan a un pasado y mi culpabibilidad, por ser mala madre, por no saber poner límites, por dar todo, por convertir mi casa en una fonda, donde todos sus amistades tiene cabida. Hasta uno de los amigos de mi hijo, el psicólogo pensaba que era su hermano.
Pero, se acabo, tengo que pensar en superar esta situación y si yo no estoy fuerte, los problemas de los demás, son suyos y no mios. Así que he decidido poner límites y estoy orgullosa, no puedo solucionar los problemas de nadie, sólo los mios. Si yo estoy bien los demás están bien. Una buena frase, que pienso poner en práctica de nuevo. Así que sacaré a la bruja que llevo dentro, a mi ira de nuevo para poner barreras a todo lo que me incomoda. Y me hace recaer y volver a recaer en mi pasado y no me permite vivir en armonía, para crecer en la armonía.
Mi problema, la falta de egoísmo. Apartir de hoy juro ser más egoista con mis emociones, no aguantar y ser una casa refugio de las emociones de los demás, aguantar las mías, hasta que estallen.
Por cierto, en cuanto el amor, necesito a alguien que no sólo piense que sus acciones no se comparen en mi pasado, lo que me hizo sufrir mi violador, no necesito que me lo recuerde, ya está en mis mecanismos mentales que en cada comparación vuelven a renacer y a hacerme dudar. Sí, voy por el buen camino o debería volar y ser como un pájaro en Portugal.
Me han utilizado y siguen utilizándome. Me siento un globo y muchas veces tienes que liberar los lastres para poder volar alto y cuando esos lastres te atan al pasado, qué puedes hacer. Lo único es seguir armándome de paciencia, algo que comparto con mis hermanas, seguir inmersa en la teoría de la Gestalt, que predica con el vivir el aquí y el ahora y no tener futuro.
Esto me hace divagar que la Traviata de Verdi, me representaba, pero que después de un largo camino, he llegado a la conclusión de que no. Música que he escuchado cada vez que escribía, pero, era como Jane Austen. La necesidad de ser amada, anclada a un pasado que me destrozo por dentro y por fuera. El amor no existe sino te amas a ti misma, y eso es una dura labor que tenemos que volver a reaprender cuando te han minado tus mecanismos mentales. Por cierto, me encanta la última parte, Violetra Valéry, cortesana, muere de tuberculosis en los brazos de Alfredo Germont, joven de noble familia. Al final, el qué dirán de la sociedad y la realidad que les rodean vale más. Al final es un reflejo de mi vida actual, negar la existencia del maltrato en el ámbito social. No soy cortesana, soy víctima de violencia, pero la sociedad me trata como a Violetra de la familia de Alfredo.
Así me siento yo, justificando todo, por ser yo misma, por sentirme mujer, por ser independiente, por renunciar a mi trabajo, por no tener futuro, por sentir ira, rabia y ser criticada por actuar como actúo. Lo siento, no soy una mujer habitual, quizás este enamorada de mis emociones, aquellas que se me han negado por ser esclava de los demás. Por borrar mi infancia, mi vida adulta y por ser yo misma, y por poder hablar y escribir, por no estar muerta, por no consentir, por luchar. Por tener mi propia opinión, por no callar, por sufrir y no estar bien y no ser lo que se espera de mí, por caerme y volverme a levantar. Por no tener recetas mágicas, por ser madre y separada. Por no querer aguantar a un hombre que te machaca, por no saber hacerlo y equivocarme miles de veces.
A cada acto hoy sólo siento que tengo que justificarme y pedir perdón. Por cierto, es el mismo patrón que me enseño mi maltratador, negarme a ser yo misma, dar mi opinión y seguir siendo sumisa, aunque mi paz mental esté en juego. Es lo que he aprendido, a seguir ocultando mis emociones en esta sociedad capitalista, donde lo único interesante es ser mejor que tu vecino y no conformarse con poco. Pues yo rompo la norma. Quiero paz, no quiero ser una mujer que brille en un trabajo, que sea madre al cien por cien, que sea atractiva, amante y empoderada. Me quiero a mí, por mi pocas virtudes y mis miles de defectos, por cuestionar al mundo, por estar interesada en lo nuevo y querer avanzar hacia un mundo más justo y más libre para mi papel de mujer.
Así que te pido Perdón, porque a tu hija le agarren del cuello, porque la acose algún compañero del colegio, porque la discriminen en redes sociales, por no callarme y seguir luchando por un mundo justo. Es lo que quieres escuchar y leer, hasta que te ocurra, lo mismo que a mí y en ese momento, te darás cuenta que esta inmundis tenía la razón, que negaste la realidad, pues lo mejor era no complicarse tu bella existencia.
No soy una valquiria pues no estoy al servicio de Odin bajo el mundo de Frevja. No tengo que elegir quién tiene que ir al Valhalla, pues como mujer, no tengo que curar, ni deleitar a nadie con mi belleza, ni mimarlos ni cuidarlos.
Así que soy una mujer que he elegido mi libertad, que digo las cosas como las siento, sin tapujos y que puede crear polémica al no estar de acuerdo con lo que observa en su realidad cotidiana. Hay que avanzar en las pequeñas cosas para crear grandes cambios. Cualquier gran invento, que nos mejoro la vida no se creó en un momento. Si me equivoco, rectifico y avanzo y a veces necesito mi momento de ser invisible y callar, para avanzar y poder volver a escribir. Felices fiestas, y espero poder seguir escribiendo y contando mi día a día, para que otras mujeres no se sienten solas y vean que es lo normal.
Gracias amig@s por vuestra comprensión.