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¿Realmente deseamos ser madres?

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Imagen creada con IA por agencia Swing28.com

Desde muy pequeñas, a las mujeres, nos enseñan a sabernos madres, mucho antes siquiera de que tengamos la plena consciencia de lo que eso significa, de lo que implica y de cómo tal experiencia nos cambiará la vida y la pareja -en el caso de que tengamos una-. A muchas no nos enseñan el verdadero sentido de la maternidad y en un descuido (o un impulso por seguir un mandato) tantas se convierten en progenitoras sin ser madres jamás.

También existe la cruda realidad de otras tantas que viven en silencio su deseo más profundo de maternar pero no pueden realizarlo, viéndose imposibilitadas por contextos precarios o circunstancias muy adversas e incompatibles con la llegada de un hijo. Sucede en Latinoamérica, en Europa y en tantas otras geografías. ¿Qué pasa con las que somos conscientes y retrasamos la maternidad, para hacerlo en el momento preciso? ¿Cómo impactan las consecuencias de vivir en este mundo tan complicado, que nos obliga a retrasar ese proyecto de familia y de vida?

Cada vez más mujeres retrasan la llegada de un hijo, dedicándole su energía a otros proyectos que son más urgentes o no requieren de tanta responsabilidad. Porque criar un hijo es más que recibirlo en una sala de partos, muchísimo más. No solo se involucra la cuestión económica, también se requiere de una apertura espiritual que muy pocas logran alcanzar. Se necesita de mucho amor propio para comprender lo que es el amor a un hijo. Y se requiere de tanta inteligencia emocional para saberse ‘madre’.

Infinidad de mujeres (y hombres), aún en pleno siglo XXI, no han podido despegarse del estereotipo de familia madre-padre-hijo-hija y solo por complacer al entorno o por equipararse con el resto de sus pares, traen niños a este mundo tan hostil y tan desordenado. Muy pocos aceptan que su proyecto familiar pueda ser llevado a cabo solo junto a una pareja o a sus mascotas como hijos no humanos, por citar algunos ejemplos.

Retomando la idea inicial, hay otra cuestión que me interroga. ¿Por qué será que a las mujeres nos enseñan, desde que tenemos uso de razón, que en la adultez estamos casi obligadas a criar? Que la concreción de la maternidad es sinónimo de madurez. Y, hurgando más hondo, ¿por qué las mujeres no se nos asesora e informa correctamente para que planifiquemos la maternidad de manera consciente?

Preguntas sin respuestas que resuenan repetidamente en mi mente y termino respondiéndome sola lo siguiente: “no todas las maternidades son deseadas y no todas las madres logran cumplir su sueño como alguna vez supieron soñar”.

Tenemos tanto que aprender todas las sociedades para ser más libres de verdad, sobre nuestros proyectos y deseos más genuinos, para su planificación y luego concreción.

Dejemos de una vez por todas de juzgar a las mujeres que tenemos alrededor por la manera en que deciden llevar a cabo su vida. Que si tienen pareja, que si están casadas, que si tienen o no hijos o los cuestionamientos de si queremos tenerlos. ¡Si habré tenido que tolerar, a mis treinta y siete años, esas preguntas incómodas acerca de la planificación familiar!

Hay que tener más empatía y respeto con las decisiones íntimas de cada mujer, de cada ser humano. Porque nadie más que esa persona sabe el proceso y circunstancia que está viviendo para llevar la vida que lleva. Todos hacemos lo que podemos con lo que nos toca en el contexto que estamos.

Laura Garcia

Escritora de oficio y pasión. Amante de la naturaleza, la música y la fotografía.

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