Relato: Por el día internacional del voluntariado

Apenas se vieron, cada uno supo que el otro era su hermano.

Tenían idiomas distintos. También lo eran el himno, el escudo, la bandera, sus apellidos y el color que ambos llevaban en la piel.

Sin embargo, los unía algo inenarrable que no comprenderían ni príncipes, ni magos, ni profetas… tal vez sí las abuelas -persistentes y sabias- que hay en toda familia.

Compartían la solidaridad de la palabra. La pasión por dejar, aquí en la tierra, el milagro sereno de la letra escribiendo la paz y la justicia con silenciosas manos voluntarias… protectoras eternas del mañana.

Gabriela Vázquez

Conferencista. Coach vocacional. Psicopedagoga. Poeta.

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