Libertad de expresión vs censura

Se cuestionan constantemente los límites de la libertad de expresión, en casos como el de los tuits de Casandra, el vídeo cómico del Valle de los Caídos emitido en el programa El Intermedio, que les costó una denuncia, o el caso en el que el rapero Valtonyc ha sido condenado a dos años de cárcel por injurias a la corona. La libertad de expresión es un derecho amparado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos que todos poseemos para poder expresar nuestras ideas. Es una manifestación de la opinión de uno mismo y es algo realmente gratificante.

Poder expresar aquello que piensas sobre lo que nos rodea es la fórmula perfecta para poder sentirte escuchado, comprendido y respetado. Contribuye a la democracia y a la multiplicidad de opiniones. Es evidente todo lo positivo que tiene contar con este derecho, pero siempre que se haga un buen uso. La realidad cambia mucho cuando se emplea este derecho para dañar, humillar y ser irracional.

Hace años que los periódicos dieron la opción a sus lectores y suscriptores de comentar sus publicaciones. Al entrar en un medio tienes la posibilidad de hacer una valoración del artículo, noticia o reportaje que has leído. Y cada vez son más quienes responden y generan feedback en la variedad de diarios y periódicos online. Sin embargo, resulta lamentable los cientos de comentarios despectivos que uno se puede encontrar cada vez que se publica una noticia que defiende la igualdad de género o denuncia casos de violencia de género. Surge un movimiento contraproducente para miles de víctimas que se ven involucradas en este problema social.

Como un ejército, se lanzan comentarios en forma de dardos llenos de odio y desprecio a las mujeres.

Además de la forma más machista posible, se reciben sin motivo por el mero hecho de ser mujeres. Los mismos lectores que se quejan de un supuesto “movimiento feminazi” que odia a los hombres por ser hombres, insultan y denigran de forma genérica a toda mujer de la que se hable en la publicación. Aquellos usuarios que esperan expectantes una nueva publicación en la que se hable de un nuevo caso de asesinato, violación o agresión física o verbal a una mujer para reprochar a la figura de la mujer, son los mismos que critican a las feministas por aprovechar cualquier oportunidad para atacar a quienes ellos creen que ellas consideran “sus enemigos”, los hombres.

Las congruencias de las personas que se mueven por odio irracional y resentimiento se ven representadas en esta marea de mensajes que se descubren al final de las publicaciones de los periódicos más leídos del país. Estos mensajes se retroalimentan a base de resentimiento y aversión, sin ningún tipo de argumentos.

La ironía de aprovechar la denuncia de una injusticia que se repite diariamente en varias partes del mundo, en distintas sociedades y en distintos contextos, para generar mayor rencor y abrir más brechas es tristísima. Pero lo es más, sabiendo que se realiza en medios de comunicación que son leídos por millones de personas y donde los periodistas realizan un servicio público convirtiéndose en un referente de la información.

Es en este momento, en el que se cuestiona hasta qué punto deben intervenir los medios en los comentarios de sus lectores. ¿Deberían censurar este tipo de comentarios o sería atentar contra la libertad de expresión? Sea como sea, una vez más se evidencia esa rabia, incluso fobia, que siente parte de la sociedad hacia las mujeres y que muchos se empeñan en obviar.

Laura Vaquero
Laura Vaquero

Cree firmemente en las palabras como mecanismo de defensa y manifestación.

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