La Ciega: mujer tatuadora, doble y trina

Ciega
Fuente: @laciegga

No vino primero pura, sino vestida de tinta y coronada de piercings, mas fue fácil creer en ella ya solo por el tono pausado de su voz, reflejo de un trabajo de formas limpias y dulce trazo vertido en pequeñas dosis, como dicen que debe usarse el buen perfume. 

«El ir a ciegas sobre la piel emborronada por la tinta sin más guía que el instinto»

La Ciega no es ciega, pero se lo hace cuando tatúa porque dice guiarse por su tercer ojo, el de la intuición, con el que apostillaba el punto de la «i» en sus tiempos de grafitera. Después por casualidad llegó el tatuaje y con ello el temeroso albur del principiante, el ir a ciegas sobre la piel emborronada por la tinta sin más guía que el instinto para seguir el trazo escondido del stencil bajo la mancha; y así su firma se convirtió en una constatación de su realidad más personal como artista, más si tenemos en cuenta que las dos ges de su nombre en Instagram representan las patillas de las gafas con que en ocasiones se ayuda si la luz no la acompaña. 

Hay mujeres dobles que lo son sin el matiz moralmente negativo de la duplicidad, seres que pasan de un lado al otro del espejo y que viven dos vidas con la naturalidad de las almas viejas. Porque si el dos no ha sido nunca un número, tal vez sí sea una condición necesaria para ciertas personas que deciden apostar con ambos lados de la moneda, que saltan de un camino al otro -y tal vez más allá, en turnos pares e impares- sin más guía que la libertad en la que han decidido existir.

«Tatúa con rapidez pausada y se define perfeccionista y maniática a la hora de elegir aguja»

Así ocurre que esta ciega ve, que sus manos están hechas a dibujar graffitis con el mismo arrojo con el que se entregan a la delicadeza del tatuaje microrrealista; que aun su juventud ya tiene una hija a la que enseña la conciencia del poder femenino que ella tuvo que adquirir a base de resistencia y que, paradójicamente, dice estar aprendiendo a tener confianza en sí misma cuando en realidad su presencia destila una imparable y luminosa energía de coraje, el mismo que la trajo a Europa de su Colombia natal durante el mes de diciembre para desarrollar su carrera de tatuadora. París, Barcelona, Madrid, Granada y la promesa de volver a trabajar en España han permitido que haya podido conocerse en otras palabras, otra realidad, otro paisaje que tal vez pueda devolverle una imagen de sí misma. 

Impulsiva, imprevisible, casera, decidida, dueña de dos gatos, dos; intuitiva, consciente, espiritual y profundamente enamorada de la vida y su más allá. La Ciega compagina la planicie de su piel con tatuajes de lo más variado: elementos botánicos, formas étnicas, serpientes, un dibujo trazado –y tatuado- por su hija de tan solo cinco años y un diseño japonés que muestra con orgullo para describir su carácter: si relaja el brazo es posible ver el afable rostro de una joven adornada con un sombrero de flores, pero si lo levanta, la dulce dama se torna en fiero demonio que muestra sus colmillos con los ojos inyectados en cólera. Lo uno y su sombra, yin y yang, tierna explosión en el silencio cotidiano. La Ciega encoge el gesto cuando escucha de la doblez y explica que en su país es sinónimo de falsedad.

«Mujer doble por muchas razones, sobre todo, por haber roto con lo que todos, incluso ella misma, esperaban de su propia vida»

Probablemente ella preferiría definirse con otro número, a ser posible un impar. Tatúa con rapidez pausada y se define perfeccionista y maniática a la hora de elegir aguja. No repasa el trazo, cree con fe en la corrección del paso dado y asegura que las equivocaciones forman parte de la perfección de la vida. Habla y deja hablar. Pregunta con la bondadosa curiosidad del que se sabe parte de un mundo poliédrico y escucha la respuesta con una atención absoluta, como si cada diseño, cada cliente fuera el definitivo, a sabiendas de que hay muchos más que la esperan. No parece haber mentira en lo que hace o siente, y menos aún el sentido que desdeña de la doblez que la define; pero sí, mujer doble por muchas razones, sobre todo, por haber roto con lo que todos, incluso ella misma, esperaban de su propia vida, tal como le fue impuesta por género, origen y familia; por tener una ocupación tradicionalmente masculina, por resistir los envites reaccionarios ante una joven tatuada y decidida; por pasar de un lado al otro del río con el puente que ella misma construyó.

«Mujer doble y una, La Ciega es libre trinidad»

Tal vez haya en su corazón pocas exclusividades, pero todas parecen haber sido elegidas desde la conciencia de cuestionar lo establecido, y con ese trazo rubrica su individualidad: su hija, su deseo de tatuar hasta el último día de su vida, su rotunda confianza en el instinto y el sólido compromiso que tiene con la dignidad de su pueblo y la vida misma. Mujer doble y una, La Ciega es libre trinidad.

Concha Badía
Concha Badía

Doctora en Teoría de la literatura, escritora e investigadora.

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