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Es un coño, no un helado de fresa

coño

Hace unas semanas quedé con una amiga para que me contara cómo le había ido su cita de Tinder, todo había fluido muy bien hasta el momento en que se acostaron, instante de la historia en que hubo un silencio algo extraño entre las dos mientras su rostro era de absoluta preocupación, obviamente yo ya me estaba poniendo en las peores y en que habría pasado algo grave, hasta que de su boca salió:

-Mi vagina no sabe bien.

-¿Qué? -Me salió una carcajada instantánea que me esforcé por frenar rápidamente al ver que era yo la única que me reía mientras ella me miraba con un mayor nivel de preocupación-.

-Me lo ha dicho el tío con el que quedé de Tinder, iba todo muy bien hasta el momento de acostarnos en el que me dijo que no olía bien y que, por tanto, no se iba a bajar ahí ni mucho menos. 

-Joder pues que putada, lo siento mucho tía, a mí nunca me ha pasado eso, la mía sabe a fresas y tiene olor a rosas.

Entonces fue ella quien se río al ser consciente de que estaba preocupada por algo por lo que no debía estarlo para nada, es más, ese día acabó llegando a la conclusión de que, al menos, se había librado de acostarse con tal cavernícola que, probablemente y debido al poco conocimiento sexual que demostró con ese comentario, tampoco es que fuera a ser algo de otro mundo. 

Queridos hombres heterosexuales (me refiero a vosotros porque todas las experiencias de este tipo que he escuchado sucedieron por un comentario vuestro, nunca he oído esto en una pareja de dos mujeres, ¿casualidad?, lo dudo):

NUESTRAS VAGINAS TIENEN OLOR Y SABOR A VAGINA

¿Qué esperáis encontrar ahí abajo?, una vagina es eso, una vagina, y por tanto no debe cumplir ningún tipo de expectativas sobre sus características, su sabor o su olor; cada vez más se está potenciando una cultura de la vergüenza de aspectos de nuestros genitales que son normales y naturales, y esto se puede observar en los diversos tipos de lubricantes con olores o en todos los productos que encuentras como toallitas húmedas, polvos absorbentes, etc. para intentar evitar algo tan natural como es su olor. 

Salvo excepciones, las vaginas tienen un sabor normal que no es igual en todas las personas con dichos genitales, algunas sabrán más ácidas y otras menos, pero todas ellas huelen a vagina y no necesitan ningún producto artificial ni cambio de dietas para esconder esto ya que no hace falta.

Si tu pareja te pide que uses algún producto para cambiar el olor/sabor de tu vagina o que cambies tu dieta con este objetivo, tú debes cambiarlo inmediatamente, pero no tu dieta, sino tu pareja (AMIGA DATE CUENTA).

A día de hoy se sigue potenciando la idealización y una serie de expectativas irreales acerca de nuestros genitales, provocando en la persona que reciben estos comentarios sentimientos de vergüenza, culpabilidad o miedo a futuras relaciones sexuales llegando, en algunos casos, a dificultar  la capacidad de la persona de poder disfrutar de las mismas simplemente por unos comentarios basados en la ignorancia de la sexualidad y, como no podía faltar, apoyados y reforzados por una industria del porno patriarcal que visualiza a la mujer como un mero objeto sexual pasivo para el placer del hombre, en vez de un agente activo y real de su propio placer. 

Así que basta ya de este tipo de comentarios, si queréis saborear algo que sepa a fresas os compráis un helado; y a las personas que se hayan podido sentir identificadas en alguna parte de este relato sólo deciros que, por favor, si os dicen este tipo de comentarios o alguno parecido salir corriendo, ahí no es. 

Nos merecemos que nos coman mucho y bien nuestros genitales, no nuestras cabezas, no olvidemos esto y hasta la próxima. 

Laura Lis Rodríguez

Psicóloga, feminista y soñadora. La inclusividad es la base del cambio.

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