Hoy en día ser sincera no está de moda. No se puede ser una misma y expresar lo que piensas sin ofender a nadie. Tienes que seguir siendo una marioneta cuyos hilos son movidos por las opiniones y las actuaciones de otros personajes que te dicen lo que es correcto o no, según su experiencia personal.
Al final tienes que enmascararte bajo un disfraz para no herir a nadie ya que, si dices lo que piensas en voz alta, te mandan callar con amenazas de que si expresas tu opinión terminan con otros vínculos afectivos más importantes.
Tú pensabas que podías confiar en alguien para lo malo y lo bueno y resulta que no es así cuando expresas tu opinión de ser contraria. Al final tienes que evadir tus emociones negativas: enfado, frustración para el beneficio emocional del otro. Tu balanza emocional se desequilibra para que el otro sea recompensado por algo con lo que no estás de acuerdo con él. Tú pierdes y él gana, como ha pasado en toda tu vida.
En esta época de cambio sobre la igualdad y la libertad de expresar como nos sentimos, si decimos la verdad de nuestras emociones, resulta que nos hacen chantaje emocional.
Estamos buscando la igualdad y la libertad en esta época de cambio y resulta que al final me tengo que callar y asumir sin protestar lo que proponen. Pues va a ser que no.
Os pongo en contexto. Desde mi experiencia personal cuando te invitan a comer para la celebración de un cumpleaños en la casa propia del anfitrión del evento, jamás me han pedido abonar parte del gasto de la comida al día siguiente de la celebración. Hasta ayer, que no es por la cantidad de dinero sino por la cutrez del acto en sí. Ni en las invitaciones de los cumpleaños de los amigos de mis hijos han pedido contribuido a pagar la comida y doy fé de que he ido a miles de ellos. Lo norma es poner una cantidad para un regalo en común u obsequiar al anfitrión con algún detalle como fue en mi caso como consecuencia de la celebración.
Creo que la gente debería reflexionar antes de decirme de que no esperabas mi queja, me has consultado o me has impuesto la decisión de que, después de dicho evento en un recinto de la comunidad de su casa, tengo que abonar la parte de la factura que el anfitrión se ha gastado en comida para invitar a su grupo de amigos. Al final tengo que ser sumisa y no protestar en beneficio de los intereses de otros y emocionalmente sentirme enfadada, engañada, discriminada e impotente por tu falta de comunicación anterior, por los excesivos gastos del anfitrión. Pues va a ser que no!
Te recuerdo que cuando se celebra algo en grupo, se cierra un presupuesto para gastos comunes donde se incluye comida y bebida y donde la gente puede expresar su opinión sobre lo que se compra o no. Hoy en día mucha gente tiene alergias o son abstemios y creo que no tienen que cubrir los gastos adicionales de los demás, me da igual en un viaje o un restaurante. Si tú quieres tomarte una botella de vino o comerte una mariscada, ¡adelante!, pero yo no tengo que abonarte tu capricho si no estoy de acuerdo con ello.
Así que creo que la comunicación anterior al evento es fundamental porque no estoy dispuesta a tolerar estas actitudes de falsa amistad. Ya fue esclavizada casi durante cuarto de siglo a callar para que ahora me chantajees NO, NO, NO.
Tengo mi derecho de opinar lo que consideré oportuno. A mí me pareció cutre que después de la celebración me pidieses una parte para subsanar el gasto de ésta.
Me pareció cutre que me rebatan de que si se hubiese celebrado fuera, en un restaurante, se me acusase de que no me hubiese importado abonar la cantidad que me correspondía y yo te digo: Si me hubiese quejado, si yo soy abstemia y se hubiesen gastado 200 euros en bebida y yo tuviese que abonar los caprichos de los demás. Eso es libertad de opinión.
No es el hecho de la moneda sino de la forma. Si a mi me piden abonar a posteriori la parte de una celebración no me invites. Pues mi amistad no tiene precio y me estás comprando con tus justificaciones de que pago el local, la comida o el café que compro en el supermercado. Lo siento, mi amistad no tiene precio y con lo que has dicho la intentas comprar.
Por lo tanto, la amistad para mí es algo más importante, y que sale del corazón y no de la billetera. Cuando yo invito a alguien lo hago de corazón, lo doy sin pedir nada a cambio, porque lo que me vale es compartir ese momento con las personas que quiero y no por el hecho de los billetes que lleven en sus cuerpos.
En conclusión, es muy cutre pedir la parte de los gastos de la celebración de el cumpleaños en su casa, haciendo cuentas a medias de la factura del supermercado entre todos los invitados un día después del evento.
Es muy cutre decirte que encima te quejas porque te ha invitado a una cerveza sin alcohol y tres vasos de Coca Cola de una botella de 2 litros.
Si es muy cutre y tengo mi derecho de decirlo y si por ello no quieres ser mi amiga pues no lo seas. Quiero amigas de corazón no del precio de mi billetera.