La historia siempre era la misma. La vida de una mujer empezaba cuando alguien más la elegía. Me refiero a la historia como conjunto de momentos históricos, no como las que nos contamos, aunque también. Como si hasta que un caballero eligiese a su dama, fuésemos solo prólogo. La princesa sin príncipe no era historia. La mujer sin pareja era algo incompleto.
Hace años una Shakira criticando las convenciones sociales nos hacía cantar:
Las mujeres se casan siempre antes de treinta
Si no, vestirán santos, y aunque así no lo quieran
Y en la fiesta de quince, es mejor no olvidar
Una fina champaña y bailar bien el vals
Y bailar bien el vals
Hoy muchas mujeres dicen basta. No desde el enfado o la resignación, como muchos intentan convencer mientras se auto convencen, sino desde la elección. Desde una certeza definida: no me falta nada.
Señoras y señores, estar sola no es un fracaso. Es una posibilidad, un terreno fértil. Es, en muchos casos, una alegría. Es un camino hacia dentro, donde la voz propia ya no compite con la necesidad de complacer a otro. No es una fase o un error, es habitar un espacio en toda su plenitud.
La narrativa cultural de la soledad femenina como fracaso
En cada serie, canción, comedia romántica o telenovela, la misma historia: chica conoce chico, y es en ese momento en el que su vida cobra sentido. Se nos enseñó a buscar el “final feliz” en forma de pareja. La meta era esa y todo lo demás, transición. Vivieron felices y comieron perdices.
Si a los 30 no estabas emparejada, algo iba mal y en tu cabeza retumba un “solterona” con mucho eco. Que si no tenías hijos, algo te faltaba y entonces tenías que llenar tu casa de gatos. Que estar sola era estar esperando a estar acompañada.
La cultura del amor romántico nos hizo idealizar, pero lo que es peor, nos negó legitimidad si no estábamos con alguien. La idea de la “media naranja”, esa metáfora tan aparentemente inofensiva, es, en realidad, una herida colectiva: nos dijeron que no éramos enteras. Y nos lo creímos.
Las mujeres de hoy lo tenemos claro: yo no soy media nada. Soy una naranja entera y nadie me va a exprimir.
Gloria Steinem dijo una vez que una mujer sin un hombre es como un pez sin una bicicleta. El punto es que hay una diferencia abismal entre estar sola y sentirse sola. Entre el aislamiento y la decisión. Entre que los demás lo vean como un problema y la naturalidad de lo que realmente es.
La soledad impuesta puede ser dura. Pero cuando una mujer elige estar sola, cuando lo hace desde el deseo de escucharse, de centrarse en sí misma, de dejar de girar alrededor de lo afectivo, entonces la soledad deja de ser ausencia. Se convierte en presencia. No es que reniegues del amor en pareja. Es que ya no lo necesitas como condición para sentirte viva.
El boom del celibato femenino
Cada vez más mujeres están optando por estar solas, incluso de forma radical: sin pareja, sin vínculos sexoafectivos, sin cita tras cita en apps de consumo rápido.
En TikTok, en Substack, en libros y entrevistas, se repite una frase: “Los hombres no están a la altura.” Y no se trata de odio ni superioridad. Se trata de una realidad emocional: muchas están cansadas de relaciones que drenan, exigen y no suman. Ya lo tienen claro, si no aportas, aparta.
El celibato, puesto recientemente de moda por algunas mujeres que lo dicen abiertamente, no va de castidad. Es descanso, decisión. Una forma de autocuidado, si me preguntas. Y es que el agotamiento de estar en la palestra por no encontrar una pareja a la altura es tal, que muchas mujeres jóvenes no ven el celibato como abstinencia, sino como recuperación de energía emocional para una misma.
“I don’t have to entertain men anymore.” En una entrevista para Allure (agosto 2025), Julia Fox explica que lleva más de dos años sin involucrarse románticamente con hombres y que elige estar sola.
Cuando Rosalía dijo en La Revuelta que “Estoy soltera y practico el celibato voluntario: mi prioridad soy yo misma.” se desató la polémica y se escuchan teorías sobre si es cierto o es márketing para la promoción del concepto de su disco. Días más tarde, la presentadora Paula Vázquez apareció en el programa diciendo que ella también y que “Claro, lo mío también es voluntario.”
La independencia emocional ya no es algo que se comenta con timidez. Es algo que muchas mujeres viven, defienden y celebran. Y lo que tenemos que validar y celebrar es la libertad que esto implica.
En la soledad bien habitada florecen ideas, aparecen caminos, se asienta la voz propia.
Muchas mujeres cuentan que, al dejar de buscar pareja, descubrieron tiempo, energía y deseo. No necesariamente sexual, deseo de ellas mismas. De hacer cosas por gusto, sin deber. De disfrutar de la intimidad y de dedicarse tiempo sin miramientos, ni cuidados. ¿Será que va de esto? ¿Que nos hemos cansado de cuidar?
Una nueva narrativa: la mujer que no espera
Ya no esperamos. Ni a que alguien nos elija, ni a que llegue “el amor verdadero”, ni a encajar en ese molde de mujer con pareja, familia y sonrisa de anuncio.
No todas las vidas necesitan un vínculo romántico como eje. No todas las historias empiezan en un “érase una vez” con dos. Hay historias que comienzan con una mujer mirando al espejo y diciéndose: “no estoy sola, estoy conmigo.”
Cuando dejamos de medir la valía por el afecto que recibimos, y empezamos a medirla por la paz que sentimos algo cambia. La vida que construyes en soledad es digna, brillante y merece ser celebrada.