Las protestas que recorren Irán desde finales de diciembre de 2025 han entrado en una nueva fase de confrontación masiva con las autoridades, marcando una de las mayores olas de movilización en años, con un claro componente de rechazo a la represión y de demandas por libertades fundamentales.
Para muchas activistas y observadoras con perspectiva feminista, esta ola de protestas no puede entenderse sin situarla en continuidad con los movimientos del pasado, en particular el grito de “Mujer, Vida, Libertad” que recorrió Irán en 2022-23 tras la muerte de Mahsa Amini. Aunque la coyuntura actual nace inicialmente de exigencias económicas, la participación de mujeres y jóvenes se ha mantenido intensa y central a lo largo de las jornadas, recordando que las luchas por la igualdad y por la dignidad personal siguen siendo eje de resistencia en un régimen que controla la esfera pública y privada.
En las últimas semanas, amplias regiones del país han visto protestas que mezclan consignas de insatisfacción con el rumbo político del país con demandas más profundas de justicia y libertad. La participación de mujeres jóvenes y de la Generación Z, muchas de ellas hijas de un contexto de represión estructural, muestra que las protestas son parte de una lucha más amplia que busca cuestionar no solo políticas económicas, sino también normas sociales que restringen las libertades individuales y colectivas.
La muerte de al menos 45 civiles
El Gobierno iraní ha respondido con dureza: apagones de internet a nivel nacional, despliegue de fuerzas de seguridad, detenciones masivas y uso de fuerza letal contra manifestantes. Grupos de derechos humanos han documentado la muerte de al menos 45 civiles, incluidos menores, y miles de arrestos en más de 200 ciudades.
Entre las víctimas hay jóvenes como Saghar Etemadi, una mujer de 22 años que fue gravemente herida por disparos de fuerzas de seguridad y falleció al día siguiente, en medio de la furia y la indignación popular; su caso ha sido comparado por muchos con el de Mahsa Amini por el simbolismo que ha adquirido para quienes luchan por derechos básicos y por la vida.
La represión y el uso de fuerza letal reflejan no solo una respuesta autoritaria a la protesta, sino una negación del derecho de las personas —y muy especialmente de las mujeres— a expresarse y organizarse. Desde una perspectiva feminista, esto no es una simple reacción a la disidencia: se trata de un intento deliberado de silenciar a quienes desafían las estructuras que sostienen la desigualdad y la opresión estructural.
Las protestas de estos días muestran que en Irán la lucha feminista no es un subtema ni un reclamo aislado, sino una fuerza constitutiva del movimiento por el cambio social. Y, mientras se intensifica la represión, también se expande el alcance y la visibilidad de esas voces que, pese al miedo y la violencia, siguen reclamando ser escuchadas.