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#Transfobia: No en mi nombre

Transfobia

Tenemos muy normalizado el acoso en la sociedad. Tanto que, cuando hablamos de sus consecuencias directas, como depresiones y suicidio, la gente no sólo lo niega. Te llaman exagerada, demagoga.

Pero aún peor. Tenemos tan normalizado el acoso hacia el colectivo trans que cuando hablamos de ello ni siquiera indigna. Ni siquiera preocupa. Porque es lo que toca, ¿no? Eres trans y te acosan. Te echan de casa. Del trabajo. Te empujan a la precariedad, a la no vida. Es el relato que hemos visto tantas veces repetido en medios. Y lo hemos comprado. Porque como sociedad hemos deshumanizado tanto a las personas trans que no nos preocupamos porque tengan esa no vida.

No sé a vosotras, pero a mí me preocupa. Y me preocupa más que se haya normalizado tanto el acoso a personas trans que incluso se haga desde supuestos lugares de lucha por los derechos humanos: asociaciones obreras, feministas, e incluso del propio colectivo LGTBIQ. O bueno, sólo LGB. Porque del enemigo me lo esperaba. Pero cuando te clavan el puñal en tu propia casa, no existe un lugar seguro.

¿Cómo van a tener un espacio seguro las personas trans si, desde las supuestas aliadas están, recibiendo agresiones que sobrepasan el acoso y se acercan a la incitación al suicidio? Sí, incitación al suicidio. No exagero. Estoy harta de ver en redes cómo personas trans reciben en masa comentarios en los que pone “41%”. Porque “41%” es la tasa de suicidio dentro del colectivo trans. Y ahí están ellas, recordándoselo. También les atacan con “35”, su media de esperanza de vida en algunos países. O se ríen de ellas y sus cuerpos. Les tratan por el género que no es. Les amenazan.

He visto a mujeres autodenomidanas feministas con cientos de miles de seguidoras haciendo cosas tan terribles como hacer humor fingiendo que van a asesinar a una mujer trans, como comparar al colectivo trans con los nazis en Alemania, como decirles “no voy a parar hasta que formes parte del 41%” . Cientos de miles de seguidoras. Y ninguna se inmuta. A todas les parece bien esa violencia.

Pues a mí no me lo parece. A mí me parece un delito divulgar en masa semejante carga de odio hacia un colectivo tan vulnerable. Me parece inhumano cargar, sobre los hombros de las mujeres trans, el peso de nuestra opresión. Y negarles espacio en el feminismo, cuando a ellas también las violan, las agreden, las prostituyen, las matan.

¿Cómo podéis tener esa doble vara de medir? ¿Cómo podéis acusarlas de oprimirnos si usan maquillaje o pelo largo, cuando sabéis es su herramienta para ser aceptadas? La misma herramienta que utilizo yo para ir a trabajar. Pero a mí nadie me señala con el dedo ni me insulta. A mí se me comprende. De mí se entiende que vivo en una sociedad machista y que tengo que adaptarme a ciertas normas. A ellas se las ataca.

A todas estas personas que atacan a las trans como antaño se atacaba a las homosexuales. A todas las que vuelcan odio y violencia sobre personas que ni conocen ni se han parado a entender, les pediría que parasen. Porque no están haciendo más que legitimar el aumento de LGTBIfobia en las calles. Pero sé que no van a parar. Porque se parecen demasiado a todos aquellos que hace años nos metían en cárceles o campos de concentración por ser quienes éramos.

Pero sí os voy a pedir que, si lo hacéis, si tenéis la poca humanidad de seguir atacando a las personas trans, no lo hagáis en mi nombre. No uséis el feminismo, la lucha obrera o el movimiento homosexual para disfrazar vuestra transfobia. Porque las mujeres trans también son mujeres, son clase obrera y pueden ser homosexuales o bisexuales. Que no las veáis como parte de vuestro movimiento sólo demuestra que no las veis como personas. Sólo demuestra vuestra transfobia.

En el feminismo, en ese que yo creo, por el que yo lucho y al que pertenezco, caben todas las mujeres. Todas. Tengan los genitales que tengan. Y todas tienen los mismos derechos a vivir en paz.

Así que, o condenáis el acoso y asumís las consecuencias de éste, o me tendréis en frente. Pero en cualquier caso, nunca, jamás, lo hagáis más en mi nombre.

Rocío Esperilla

Productora, feminista, vegetariana y bisexual. Ideal para una cena familiar.

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