Támara Echegoyen, la vuelta al mundo a vela de una campeona olímpica

Hoy nos acompaña Támara Echegoyen, una de las grandes referentes de la vela española y mundial. Támara, campeona olímpica con medalla de oro en Londres 2012, ha construido una carrera marcada por la excelencia deportiva, el liderazgo y la innovación en la vela de alto rendimiento.

Su logro más reciente y destacado ha sido formar parte de una tripulación íntegramente femenina que completó una vuelta al mundo a vela sin escalas, un hito histórico en la navegación oceánica que marca un antes y un después en la presencia de las mujeres en la gran aventura marítima y en la alta competición internacional.

Hoy hablaremos con ella sobre esta experiencia extrema: 

BikiniBurka: La vuelta al mundo sin escalas es una experiencia extrema. ¿Cuál fue el momento más duro y emocionante?

Támara Echegoyen: El momento más duro fue la pérdida de la mayor a menos de 1.000 millas de la línea de llegada. No fue solo ese instante concreto, sino todo lo que venía de antes: la acumulación de las adversidades, el cansancio extremo por la falta de descanso y la exigencia constante durante semanas. Verse tan cerca y, a la vez, tan lejos es desolador. Pero sentir que la rendición no tenía cabida te recompone y te prepara para seguir luchando.

El momento más emocionante fue cruzar la línea de llegada y sentir que, a pesar de todas las dificultades, habíamos sido capaces de completar el reto. Fue un momento profundamente emocionante y gratificante, con la certeza de que lo habíamos logrado gracias a la resiliencia y al trabajo duro de todo el equipo, tanto a bordo como en tierra, y a la capacidad de adaptarnos incluso cuando el objetivo parecía inalcanzable.

Sentir que la rendición no tenía cabida te recompone y te prepara para seguir luchando.

BB: ¿Qué supone ser la primera tripulación femenina en conseguirlo?

TE: Supone marcar un referente que ojalá pueda ser batido en un futuro próximo. Porque lo importante de ser las primeras es no ser las últimas. Dar visibilidad, crear referentes y abrir oportunidades para que más mujeres puedan crecer en el mundo oceánico. Y hacerlo desde la normalidad, demostrando que estos retos también nos pertenecen y que el verdadero valor está en el equipo y en el trabajo bien hecho.

BB: ¿Es diferente el liderazgo de una mujer al de un hombre?

TE: Creo que el liderazgo no va de género, sino de contexto, experiencia y valores. Dicho esto, muchas mujeres hemos aprendido a liderar desde la escucha, la cooperación y la gestión emocional y, en entornos extremos, eso es una fortaleza enorme.

BB: ¿Qué diferencias hay entre una tripulación mixta y una solo de mujeres?

TE: Creo que la diferencia la marcan las características individuales de cada integrante del equipo, su experiencia, valores y personalidad, que definen la forma de trabajar juntos. La guía de cómo se trabaja, dónde están los estándares y los límites, depende del liderazgo y de la persona que lo ejerce. Por eso, más importante que el género es el tipo de liderazgo, y la verdadera pregunta es qué tipo de liderazgo consigue mejores resultados.

 El liderazgo no va de género, sino de contexto, experiencia y valores.

BB: Has competido en entornos históricamente masculinos. ¿Qué barrera invisible te ha costado más romper?

TE: La de tener que demostrar constantemente que mereces estar ahí. Durante mucho tiempo sentí que no bastaba con rendir bien, había que hacerlo mejor para ser tomada igual de en serio. No hay margen para el error y eso ralentiza el aprendizaje. Romper esa barrera pasa por mantenerse firme, constante y no traicionar quién eres.

BB: ¿Qué parte de ti cambió después de pasar semanas sin tocar tierra? ¿Se vuelve una persona distinta quien da la vuelta al mundo sin escalas?

TE: Aprendes a convivir con lo esencial. Todo se simplifica y tienes muy claras cuáles son las prioridades que te permiten rendir al máximo, especialmente cuando el tiempo de descanso es limitado.

No creo que te conviertas en otra persona, pero sí vuelves con una mirada distinta: más paciente y más consciente de lo verdaderamente importante, algo que tristemente se pierde con el tiempo, porque el cerebro se acostumbra muy rápido a las comodidades. También me ayudó a comprender que hay desafíos cuyo valor no se mide solo por el resultado, sino por todo lo que construyen de cara al futuro. Poder vivirlo así es un privilegio que no está al alcance de cualquiera.

BB: En el mar, el liderazgo es literal: una decisión puede salvar vidas. ¿Cómo tomas decisiones cuando no hay margen de error ni consenso? ¿Algún momento de verdadero peligro en esta vuelta al mundo?

TE: Las decisiones se toman después de analizar la situación, con la información disponible y apoyándose en la experiencia, incluso bajo presión. Es fundamental evitar la precipitación y, en función del nivel de riesgo, activar los protocolos que ya se han entrenado previamente. No siempre hay consenso, pero sí debe haber confianza en quien decide y respeto por la persona que tiene la última palabra. En el mar existe una jerarquía de mando que, en este tipo de situaciones, es necesaria para reducir los tiempos de respuesta.

Hemos vivido momentos comprometidos, como en cualquier vuelta al mundo, pero la clave está en anticiparse siempre que sea posible y en mantener la cabeza fría cuando el entorno te exige justo lo contrario.

BB: Muchos hablan de la épica del mar, pero poco del miedo. ¿Qué miedo te acompaña y cómo logras superarlo?

TE: El miedo siempre está y es sano que esté; te mantiene alerta. El verdadero riesgo es no sentirlo. Aprendes a convivir con él centrándote en lo que tienes que hacer en cada situación, repasando los procedimientos para actuar con seguridad, confiando en el equipo y recordando que el miedo, en cualquiera de sus formas, no desaparece, se gestiona.

BB: ¿Qué mujeres referentes tienes?

TE: Tengo referentes dentro y fuera del deporte. Mujeres que han abierto caminos cuando no existían, que han liderado en silencio, con empatía, respeto, honestidad y coherencia. Me inspiran especialmente aquellas que han demostrado que se puede ser exigente sin perder la humanidad; que son lo suficientemente valientes como para valorar el nivel de sus adversarios y usarlo como motivación para querer ser mejores, y que no dudan en aceptar desafíos, por imposibles que parezcan

El miedo siempre está y es sano que esté; te mantiene alerta. El verdadero riesgo es no sentirlo.

BB: Si una niña te escucha ahora mismo y sueña con navegar o competir, ¿qué le recomendarías?

TE: Que no se limite antes de tiempo. Que entienda que conseguir lo que uno quiere conlleva trabajo. Que se prepare, que pregunte, que se rodee de personas que sumen y que no deje que otros decidan hasta dónde puede llegar. Que disfrute del camino, porque ahí está el verdadero valor, no solo en el destino. El mar, como el deporte, no entiende de género: entiende de pasión, trabajo y compromiso.

Es muy estimulante conocer historias como la de Támara en las que el género, aunque pueda condicionar, no le ha frenado para alcanzar sus metas. Ejemplos como el suyo nos motivan a ir un paso más allá, a creer en una sociedad cada vez más igualitaria y a vencer el miedo con cabeza y corazón. Gracias, Támara.

Me inspiran especialmente aquellas mujeres que han demostrado que se puede ser exigente sin perder la humanidad.

BikiniBurka

Escribir, sanar e inspirar. Equipo de editores.

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