Segundas oportunidades

Llevaba días pensando qué escribir en este mi primer artículo. Di forma en mi mente a varios temas, pero no acababa de verlo claro y, de repente, hoy me desperté a las 6:30 de la mañana con un pensamiento que me rondaba sin dejarme conciliar el sueño de nuevo. Una lluvia de ideas apareció en mi cabeza y he tenido que coger el móvil para escribirlas. 

Quiero brindar un homenaje a las segundas oportunidades, inaugurar mi nueva etapa colaborando en esta revista hablando del amor maduro, ese que llega cuando menos te lo esperas, cuando crees que ya perdiste el tren; ese príncipe que aparece tras besar muchas ranas.

Cuando eres joven y todo es un torbellino de hormonas y emociones, te dejas llevar por la pasión y la ilusión de la inexperiencia, no ves más allá del ideal que has creado en tu cabeza y que crees ver en el otro. Posiblemente te ciegas por su físico, su manera de besar, su moto grande, lo divertido que es de fiesta, cómo te mira,… ¡cómo te pone!

Si existen grandes diferencias o incompatibilidades, no las ves. Te subes al cohete y, cuando te das cuenta, en el peor de los casos, ya estás casada, con hijos y junto a alguien a quien creías conocer y no conoces. Eso, con suerte, si lo ves a tiempo. Cuántas mujeres se dan cuenta cuando sus hijos se marchan de casa y aquello que llaman el síndrome del nido vacío no es más que despertarte junto a un desconocido con el que no tienes nada en común y, encima, no tienes con qué ocupar tu tiempo.

En cambio, el amor maduro, si eres tan afortunada de encontrarlo, es ese que llega tras el aprendizaje, el desengaño y la frustración.  Ese que, a diferencia del primero —en el que no ves en realidad a la otra persona, porque la has idealizado—, en el maduro, tu mente se dedica a buscar defectos, diferencias, intentas sabotearlo para no volver a cometer el error, tienes miedo y poca paciencia y ya no estás para perder el tiempo. No tienes veinte años y la mayoría de los pájaros que vivían en tu cabeza se han desplumado y marchado para dejar paso a una mente analítica y fiel (a ti y a tus deseos).

Pero, chicas, cuando llega y es bueno, ¡es la leche!

El amor maduro es ese que llega tras el aprendizaje, el desengaño y la frustración.

Cuando lo encuentras y, tras intentar sabotearlo en tu mente, buscar cien mil diferencias e incompatibilidades, jurarte y perjurarte que no te volverás a enamorar de alguien que no seas tú misma y que esto es solo una historia más, te das cuenta de que estás enamorada hasta las trancas de  alguien que seguramente sea muy diferente a ti; de alguien que lleva una mochila de vivencias tan grande como la tuya; de una persona de la cual no te querías enamorar, pero pasó porque tenía que pasar y porque tu mente no lo había planeado, te cogió con la guardia baja y eso lo hace real; cuando no hay expectativas ni idealizaciones ni planes preconcebidos sobre algo o alguien, eso lo convierte en real.

Porque esta relación no está hipotecada con deudas en común, bienes a compartir y apegos familiares, no tiene nada que ver con esas relaciones que parecen más un contrato comercial que una historia de amor.

Y llega la magia.  

En mi caso llegó rozando mi mitad de siglo, tras romper una relación de trece años y llevarme conmigo dos preciosidades fruto de ella. Tras probar suerte con sujetos rebotados y asqueados de la vida que acabaron por romper mi poca ilusión por el amor o aquellos que la segunda oportunidad la aprovechabann para dar protagonismo a su Peter Pan resucitado y querían volver a ser el malote de la fiesta. Tras trabajarme interiormente y reconstruir los pedazos de mi vida, volver a soñar, creer en la magia de vivir, ilusionarme por el nuevo camino a recorrer en solitario, enamorarme de nuevo de la vida y ser más yo que nunca. De repente apareció esa persona que me hace sentir viva, ilusionada, perfecta en mi imperfección; que me hace reír, que comparte sus tristezas y las mías, con la que puedo expresarme tal y como soy, con quien no me ata ni le ata nada más que el deseo de estar juntos y compartir.

Cuando hallas a esa persona, el mundo de las relaciones cambia totalmente el enfoque de tu vida y te das cuenta de que uno más uno es eso exactamente: dos personas individuales que se unen sin perderse en el otro, que se suman y se complementan, pero cada uno en su espacio; que no hay que perderse para encontrar a alguien, que lo más importante en el mundo eres tú y que, si eres feliz, el resto lo es contigo.

Para mí, la clave del éxito es fluir, dejarse llevar por lo que uno siente en cada momento, ser fiel a uno mismo sin intentar agradar a nadie ni cambiar nuestra manera de ser para enamorar al otro, no crearse expectativas, dejarse sorprender. Y, lo más importante, no dar por sentado nada, no creer que tenemos la relación asegurada, vivir cada día pensando que mañana todo puede terminar, porque las cosas cambian de un momento a otro y no tenemos nada seguro. Vivir la relación lo más intensamente posible porque el mañana no existe, nadie sabe qué puede pasar. Pero, sobre todo, quererte tanto que no necesites el amor del otro para sentirte completa, ya que, si ese amor maduro no llega de la mano de otra persona, llegará de otras formas, lo hallarás en ti, en tus amigos verdaderos, en tus momentos de ocio, en tus espacios personales, pero, por encima de todo, en ti. 

La clave es enamorarte de la vida y enamorarte de ti.

*Para Jorge, mi segunda oportunidad, mi amor maduro.

Carmen Navarro

Locamente enamorada de la vida.

8 Comments
  1. Bravo!!!
    Una mujer Digna de ejemplo. “Quiero ser como tú”.
    Por un Amor así, sí apuesto. Estoy haciendo mi parte.
    Gracias por tan bella expresión y sobre todo, por regalarla al compartírnosla.
    Te deseo esa dicha tan merecida.
    Un gran abrazo. CRACK.

  2. Buen análisis del amor maduro, ese intangible que nunca sabes cuándo aparecerá… y que puede ser un espejismo en cualquier etapa … en fin, me alegro mucho de leeete, feliz contigo misma. Eso es fantástico!! Gracias por escribir y compartir.

  3. Carmen , soy la Núria Carbonell .Gracias por describir de una forma tant real y auténtica, el Amor real.
    No vale la media naranja ni el Principe azul ,Todo empieza por el amor propio y la elección desde la libertad no desde la necesidad.
    Gracias por recordarlo.

  4. Me extraña no encontrar un comentario mío por aquí. Pues es la segunda vez que lo leo. Seguramente lo comenté directamente a la escritora.

    Hoy dejo mi impresión y agradecimiento aquí.

    Gracias Carmen por escribir tan bonito. Y sobre todo por compartirlo con el mundo.

    Tu visión hace mucha falta en este mundo que vivimos.

    Y me siento honrada de haberte leído.

    Sin lugar a dudas, te sigo…

    Silvua Martínez

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