Son las 6:15 de la mañana, su hijo duerme en la cuna, su marido duerme a su lado en la cama. Pero, para Aurora, el día ya hace tiempo que empezó. Prepara la medicación para cuando el niño se despierte, las comidas, y repasa el calendario para hoy: trabajo, citas médicas, colegio, terapias… Este es el día a día de Aurora y de otras miles de mujeres. De casi el 70 % de las madres con hijos con alguna discapacidad y de menos del 10 % de los padres. En el resto de los casos, el cuidador principal no es ninguno de los progenitores.
Otra escena. Son las 6:15 de la mañana, su madre está dormida en la cama, sus hijas y su marido también, solo que en la planta de arriba. Pero, para Alicia, el día ya hace tiempo que empezó. Prepara la medicación para cuando su madre se despierte, le deja notas con instrucciones para cuando llegue la chica que la cuida durante la mañana mientras ella trabaja, y repasa su calendario para hoy: trabajo, citas médicas, colegio de las niñas… Este es el día a día de Alicia y del 77 % de mujeres con padres o madres con demencia, Alzheimer o alguna otra condición similar.
En 2024, el 92 % de las excedencias y el 84 % de las reducciones de jornada por cuidados recayeron en mujeres. El 95,5 % de los hombres en España no se acoge a medidas de conciliación que impliquen pérdida de salario, priorizando la jornada completa. Casi un 74 % de todas las personas con empleo a tiempo parcial en España son mujeres.
¿Qué nos dicen todos estos datos? Que la que ha sostenido y sigue sosteniendo a la familia es la mujer.
La mujer es la que renuncia a su desarrollo profesional para cuidar: cuidar de los hijos, cuidar de los padres, cuidar de los familiares dependientes…
Cuidar, cuidar, cuidar.
Pero, no solo tenemos que cuidar, eso ya se nos supone de base. También debemos trabajar como si no cuidásemos, hacer ejercicio como si no cuidásemos, comer saludable como si no cuidásemos, tener una sonrisa y estar siempre de buen humor como si no cuidásemos.
En definitiva, cuida pero que no se te note mucho que lo haces. Porque esa parte no es bonita, no es instagrameable. La silla con un agujero para hacer sus necesidades de tu madre con Alzheimer no es aesthetic. La repisa de la cocina llena de medicación de tu hijo con autismo para cuando llegue una crisis tampoco lo es. Ni el cajón del escritorio con una carpeta con anillas a punto de estallar porque ya no caben más informes médicos de ese hijo o esa madre que necesita cuidados constantes 24/7.
El sistema de dependencia en España solo lo sostienen manos, y esas manos son de mujer.
«Trágico doble asesinato-suicido en Australia: unos padres matan a sus hijos con espectro autista severo antes de suicidarse».
«La mujer de 83 años que mató a su hijo dependiente severo y se intentó suicidar acaba condenada a libertad vigilada».
«Madre de 26 años murió tras agotamiento extremo al cuidar sola a su hijo autista».
Estos son algunos titulares reales de noticias que leemos y normalmente nos llevamos las manos a la cabeza. Cómo alguien puede hacer algo así. A su propio hijo. Y enseguida lanzamos el dedo acusador. Yo no lo haría.
Trabajo indefinido. Disponibilidad total a cualquier hora del día o de la noche. 365 días al año. Sin vacaciones. Sin tiempo libre. Sin remuneración.
Este es el trabajo de seis millones de personas en España, la mayoría de ellas, mujeres. Mujeres que se convierten en cuidadores no profesionales sin buscarlo, sin desearlo. El 90 % de cuidadores no profesionales en España son mujeres. El 70 % de estas viven con temor a perder sus empleos, sus otros empleos, esos que pagan las facturas. El 73 % no tiene recursos ni apoyos suficientes. Mujeres abandonadas por los servicios de salud mental, porque pareciera que, si no has intentado suicidarte, no es algo urgente. Pero estas mujeres ni siquiera tienen esa salida, ya que otros dependen de ellas cada día, todos los días.
Y la sociedad, mientras tanto, se llena la boca hablando de inclusión, conciliación y todos estos palabros terminados en -ión que decoran muy bien el discurso. Pero que se quedan solo ahí. Las llaman guerreras, superheroínas o las que pueden con todo, que Dios solo da las peores batallas a los mejores guerreros…
Podéis elegir el lugar común que más os guste. Ya los han oído todos. Esas pequeñas palmaditas en la espalda para intentar contentarlas durante un rato, esa galletita de recompensa. Sin embargo, con eso no basta.
Y, mientras tanto, cuidar. Cuidar a los hijos. Cuidar a los padres. Cuidar a los familiares dependientes. Cuidar, cuidar, cuidar. Siempre a otros. Nunca a ellas. No queda tiempo para el autocuidado.
Según la teoría, el sistema de dependencia en España está sostenido por varias patas, entre ellas la Administración General del Estado y las Comunidades Autónomas. En la práctica, ya os digo yo, que solo lo sostienen manos, y esas manos son de mujer.



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