Mis amados Luna y Audi:
Hay una frase muy bonita de Enrique Bunbury que dice así: «Jamás te recuerdo porque nunca te olvido», y eso mismo me pasa con vosotros.
Jamás os recuerdo… porque nunca os olvido.
Muerte significa ausencia, pero también presencia, porque estáis más presente en mi mente.
No hay un día que mamá no os recuerde porque la muerte no puede arrebatarme los recuerdos y mientras se recuerda no se muere. Ahora estáis en otro lugar, más lejos de mí, pero más presente en mi mente y en mi corazón y eso la distancia no me lo va a quitar jamás.
Ni eso, ni los recuerdos, ni los momentos compartidos.
Habéis sido mis perrijos, como los llaman algunos.
Quien no ha amado a un animal no lo entenderá, pero vuestra partida me dejó el corazón incompleto y fracturado.
Incompleto como un puzzle al que le faltan piezas. Las dos piezas principales y más importantes del paisaje.
En aquellos momentos, el paisaje de mi vida, a falta de esas dos piezas tan importantes, se volvió oscuro.
Me costó mucho tiempo volver a sonreír, aunque debo reconocer que aún hay fotos y vídeos vuestros que no puedo ver porque me dolería demasiado.
Ahora, como un pequeño homenaje, os he escrito dos cartas por separado a cada uno de vosotros, aunque quiero pensar que estáis juntos.
Mi amada Luna:
Mi rubia favorita, mi compañera incondicional.
Ese 27 de enero de 2021 quedó tatuado en mi corazón con sangre.
Te salieron alas y volaste al cielo.
Yo me quedé aquí con el alma rota.
Jamás he podido olvidarte y no lo haré nunca.
Cuando fuimos a dormirte para siempre, no quise entrar porque no quería ver ese momento tan terrible de tu partida, pedí que entraran tu papá y la tía Sonia, pero Cris, la auxiliar, me dijo: «Laura, ellos notan que tú estás ahí con ellos. Deberías entrar».
Entonces no lo dudé. Después de tantos años juntas y de tantos momentos compartidos, no podía dejarte en los últimos momentos de tu vida.
Mi obligación era estar a tu lado.
Así que, con el corazón roto, entré y te acompañé hasta el final, como tiene que ser.
Recuerdo cuando te pedí perdón mientras una parte de mí se iba contigo y el veterinario me dijo que no dijera eso porque estaba haciendo lo correcto, ya que estabas sufriendo.
Cuando volvimos de dormirte en la clínica, la casa estaba helada sin tu presencia. Jamás un silencio hizo tanto ruido como tu ausencia.
Mi corazón quedó devastado.
Hubiera dado la vida por salvarte.
Hemos vivido juntas dieciséis años y medio.
Hemos llorado juntas.
Hemos reído juntas.
Hemos viajado juntas.
Nos hemos cambiado de casa juntas.
El día que me fui de la casa en la que vivía con aquella pareja que tuve, solo me llevé tres cosas: tú, un paraguas (porque llovía) y el coche, que para eso era mío.
No necesitaba nada más.
Tantos momentos imposibles de olvidar.
No me olvides nunca, mi amada Luna.
Espérame en el puente del Arco Iris, pero, mientras tanto, cuida de tu hermano Audi y dile a él que lo amo.
Perdóname si alguna vez te fallé, mi amada Luna.
Siempre en mi mente y en mi corazón, mi amada Luna.
Te amo.
Mi amado Audi:
El 21 de marzo hizo cuatro años que te fuiste para no volver, nada más que a mis recuerdos, y es como si fuera ayer.
Cuando aún no había superado la muerte de tu hermana Luna, la vida me volvió a golpear con fuerza, dándome donde más me dolía.
En una visita al veterinario para hacerte una limpieza de boca, te detectaron un tumor.
Tu papá y yo quisimos aferrarnos a la idea de que sería benigno, ya que siempre habías sido un superviviente, pero qué equivocados estábamos.
Fueron unos días terribles, de mucho nerviosismo, miedo, incertidumbre…
Llegó la fatal noticia y, por desgracia, avanzaba muy deprisa.
Había escrito aquí por todo lo que tuviste que pasar, pero lo he borrado porque hasta leerlo me duele demasiado y prefiero recordarte con todo lo bueno y lo bonito que me diste.
Recordar esos días interminables es muy duro.
Tu sufrimiento fue inhumano.
No te merecías ese final.
Nadie se lo merece.
Tú, que habías sido un superviviente.
A ti, que te adoptamos porque te habían atropellado y te tuvieron que amputar una patita.
A la chica de la protectora se le saltaron las lágrimas y nos dijo que la gente no quería perritos así.
Fuiste tan cariñoso, tan noble, tan leal…
Recuerdo cómo, cuando yo estaba mala con migraña, te ponías a mi lado y no te separabas de mí.
Una vez leí que los perros se arriman para tratar de aliviar tu dolor.
¡Cuántas veces lo hiciste tú conmigo!
Ojalá yo hubiera podido aliviarte también a ti.
Una noche, sintiéndome yo bien, le dije a tu papá que al día siguiente estaría mala porque tú estabas sumamente pegado a mí, y él no me creyó, pero efectivamente así fue.
¡Qué intuición tenías! Nunca te fallaba.
Gracias por haberme cuidado tanto.
Gracias por aparecer en nuestras vidas y darnos todos esos años de felicidad.
Gracias por todo, mi amado Audi, y perdón por los fallos que haya podido cometer contigo.
Albergo la esperanza de algún día volvernos a encontrar.
Mientras tanto, te digo como a Luna, cuida de tu hermana, dile que la amo, y esperadme en el puente del Arco Iris dónde los animales no envejecen.
Aquí vuestra alma permanece.
Tu recuerdo es imposible de borrar.
Ojalá la palabra cáncer sólo hubiera sido para ti un horóscopo.
Siempre en mi mente y en mi corazón, mi amado Audi.
Te amo.
Si el amor hubiera podido salvaros, viviríais eternamente.
Es imposible deciros adiós, así que espero algún día poder reencontrarme con vosotros.
Mientras tanto, yo sigo aquí, pero jamás os recuerdo… porque nunca os olvido.


