Mi yo de chica pensaría que soy cool

Me pregunto qué pensaría exactamente mi yo de once años sobre mi vida si pudiera tener una conversación con ella. Si me la cruzara por la calle, ¿me miraría con la misma admiración con la que siempre miraba a las chicas más grandes?

Seguro pensaría que mi vida es perfecta y lo tengo todo solucionado. Creo que se alegraría al descubrir que aún disfruto escribiendo y leyendo, aunque ahora es un hobby que retomo cada tanto, cuando tengo más tiempo.

Probablemente me consideraría mucho más inteligente de lo que realmente soy. Estaría orgullosa de lo que logré y un poco decepcionada por no ser bailarina de ballet profesional o una actriz famosa, pero me vería como alguien cool.

Recordá quién fuiste y quién seguís siendo.

Es fácil dejarse llevar por el mundo que nos rodea. La validación que nos ofrece es extremadamente adictiva. De repente, no importa si te gusta lo que haces, solo importa lo que opinan otros al respecto.

Crecemos y nuestra mentalidad cambia. Ya no me visto igual ni escucho la misma música y, a simple vista, no tengo mucho en común con mi yo de once años. Sin embargo, espero que ver cómo es mi vida ahora mismo le entusiasme con la idea de crecer y con todo lo que se viene.

Tengo imágenes de cómo me imaginaba cuando fuera «grande». Siempre decía que a los dieciocho iba a vivir sola, pero no me lo creía del todo. Soñaba con tener muchas buenas amigas, salir de joda, tener historias y anécdotas, vestirme bien y ser famosa. Bueno, lo último no pasó… todavía. 

A lo que voy es que tengo todo lo que quería y más. Descubrí qué es lo que más amo y resultó no ser el periodismo ni la literatura, sino algo un poco parecido, la publicidad.

Si pudiera ver dónde resido, dónde estudio, qué hago, cómo vivo, no lo creería. Si tuviera que explicarle mis logros y lo que significan, de todos ellos, creo que estaría más feliz por saber que publiqué un libro. Hoy en día no le doy peso o importancia alguna, pero para mi yo de chica, lo significa todo.

Siento que nuestras vidas están hechas de pequeñas piezas del futuro que soñamos de chicos.

Si hablase con ella, me diría que todavía me falta escribir una novela. Tal vez, me querría convencer de volver al ballet, porque eso era lo que más amaba en esa época. Todavía le debo un solo o una variación en el teatro. Esa es una de las promesas que no le cumplí.

Si tuviera que describir a esa Guada, tendría que decir que era alguien valiente que siempre veía lo mejor en los demás. Era demasiado intensa e ingenua, estaba llena de vida. Leía en los recreos y disfrutaba de pasear por el colegio. Todos los días se exigía al máximo y soñaba en grande. Sufría y lloraba, eso nunca cambió. Pero a donde iba, giraba y bailaba; por supuesto, no se callaba.

Así que, aunque ella no lo imaginaba, ahora me parece cool.

Si hubiese una posibilidad de que me conozca por completo, se daría cuenta de que soy un desastre en tantas formas y no le sorprendería, porque siempre fui así. Me pregunto si pretendía que fuera más organizada, estudiosa o fuerte. De lo que estoy segura, es que le encantaría ver mi ropero, maquillajes, cremas, accesorios, zapatillas, botas, libros y mi pelo rubio.

Pero si la dejase conocerme por completo, se daría cuenta de que, en el fondo, sigo siendo la misma que hace tantos años fui.

E, incluso, le diría que me gustaría ser más como ella.

Guadalupe Alonso Monteros

Estudio publicidad y en 2024 publique mi primer libro de Poemas “Fénix, corazón de cenizas” amo escribir relatos, reflexiones y poemas.

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