Un soplo divino me despertó.
Amanecí enredada en hilos antiguos de diferentes texturas y colores.
Frente al espejo, reconocí cada hilo, su origen y su lealtad, y con amor los solté uno a uno.
Mi cuerpo, sintiéndose mío, se relajó y mi corazón, ahora libre, se convirtió en mi brújula.


