¿Es todo libertad y nuevas formas de relacionarse y construir o es una manera violenta de hacer lo que te dé la gana, escondiendo la completa ausencia de responsabilidad afectiva? Pues, como en todo, depende mucho desde qué punto te sitúes en las no monogamias.
No pretendo condenar ningún modelo relacional que se salga de la monogamia; es más, creo que, para algunas personas, las no monogamias nos salvaron al permitirnos encontrar en nuevos modelos relacionales formas de construir que conectan mejor con nuestros valores y formas de sentir. Desde un punto de vista social, se condena todo lo que se salga de ese modelo tradicional monógamo, pero creo sinceramente que todos los riesgos o cosas «terroríficas» que se advierte que podrían suceder en las no monogamias pueden ocurrir en las relaciones cerradas.
El problema no es del modelo relacional, sino de las personas que llevan a cabo en la práctica estos modelos relacionales. El problema y la violencia nace cuando aparentemente se defiende un modelo relacional más “abierto” como una forma de soltar responsabilidad afectiva y cualquier tipo de compromiso con el otro. Es aquí donde se puede hacer mucho daño a las personas, contribuyendo a esa visión catastrófica y negativa de las no monogamias.
Ya lo describió Bauman, sociólogo y filósofo polaco que me sirvió de gran inspiración para mi trabajo de fin de grado: cada vez se establecen más relaciones líquidas con el otro caracterizadas por la fragilidad, la falta de compromiso y la inestabilidad y, sobre todo, alimentadas por la inmediatez.
Para que me entendáis: disfrutar y entregarse plenamente en esa etapa de «energía de la nueva relación» y largarse cuando hay que esforzarse o sentarse a tener conversaciones incómodas argumentando que «ya no fluye».
Nada importante ni que merezca la pena va a fluir solo ni construirse rápidamente; se necesita tiempo, esfuerzo, implicación y compromiso real. Nadie nos ha enseñado a construir fuera de las monogamias y esto, por supuesto, va a implicar riesgos y meteduras de pata, pero eso no conlleva que no sea necesario en todo momento la existencia de comunicación, honestidad, responsabilidad afectiva e infinidad de cuidados.
Las personas somos personas, no cromos que se puedan cambiar, tirar o sustituir por otro más moderno o bonito. Se puede generar muchísima violencia en las no monogamias si no te adentras en ella con la suficiente madurez y responsabilidad afectiva. Se nos llena mucho la boca de «no creo en las etiquetas», «horizontalidad máxima», «tengo cinco vínculos», «¿qué le hago si me atrae?», «los límites transcriben»…, pero se nos olvida sentarnos y tener esas conversaciones incómodas, hablar de expectativas con claridad, saber sostener el malestar del otro y, en definitiva, hacernos responsables de nuestras relaciones.
No siempre lo haremos bien, por supuesto; últimamente siento que podría hacerlo mejor y no sé ni cómo. A veces, lo que sentimos es una ola enorme que cuesta controlar o frenar, pero no nos olvidemos de sentarnos nunca con el otro, mirarle a los ojos y ser plenamente honestos con el mayor cuidado y ternura posibles. Tal vez no siempre lleguemos a tiempo o no lo hagamos de la mejor forma, pero esto puede hacer sentir al otro que le vemos, que le tenemos en cuenta y que, pase lo que pase, merece también nuestro infinito amor y cuidados.
La energía de la nueva relación es una montaña rusa divertida y emocionante que te hace sentir que puedes llegar a las estrellas, pero la verdadera belleza y compromiso nace cuando bajas de ella y sigues con ganas de seguir al lado de esas personas solo por verles sonreír o acompañarlos cuando los miedos o inseguridades aprieten.
Si no estás dispuesto o disponible para esa infinidad de conversaciones incómodas, exposición al miedo y a la vulnerabilidad, gestionar tus emociones, reconocer tus fallos para intentar hacerlo mejor, tener empatía hacia el otro, incluso cuando eso suponga tener que soltar, y deconstruir para volver a construir… es mejor que no subas a esa montaña rusa, pues el resultado de ello será una infinidad de cadáveres emocionales escondidos, probablemente, bajo tu ausencia de consciencia de ellos o de responsabilidad afectiva, acompañado de argumentos como «a mí las no monogamias no me funcionan», «nadie entiende mi rollo» o «no encuentro a nadie que merezca la pena».
¿Nadie entiende tu rollo o es que tu manera de relacionarte consiste en «consumir y tirar»? Que no os engañen, eso nunca tendrá nada que ver con las no monogamias.
Se cree desde fuera que la peña no monógama somos una panda de promiscuos que follan sin parar, pero, en realidad, dedicamos más tiempo a comunicarnos, a gestionar, a exponernos al miedo y a la vulnerabilidad y a valorar riesgos emocionales para todas las personas implicadas.
Si tu motivación para iniciarte en las no monogamias es puramente el interés físico/sexual o el aumentar tu capital social, ni lo intentes, no te saldrá bien desde ahí.


