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La era de lo amas o lo odias

Di una cosa y haz la otra. Abandera la diversidad, pero desprestigia lo que es diferente a ti. Finge que hay libertad para expresar múltiples opiniones y después castiga a quien no comparta contigo su forma de disfrutar la vida.  

Finge y castiga. Ama u odia.

Quizá este modus operandi en las relaciones sociales y en debates se haya convertido en el nuevo mantra de esta sociedad, aunque no se verbalice ni se cante. 

Ahora mismo parece que si no compartes un gusto, una sensación o un sentimiento tienes por defecto que odiarlo. En un momento social en el que impera la polarización se alimenta a esta de forma absurda en conversaciones profundas y también en banales. En gustos musicales. En ideas políticas. En modas pasajeras y menos pasajeras. En formas de vivir la vida. En tipos de trabajos. En la vida sexual de cada unx. En decisiones tan simples como elegir unos pantalones u otros. 

La opinión de cada unx está mirada al milímetro. Cualquier personaje público sabe que posicionándose en un tema o simplemente haciendo un comentario va a protagonizar titulares sensacionalistas en medios digitales al día siguiente. Y aunque siempre se puede argumentar que las personas públicas tienen una responsabilidad social porque sus opiniones tienen una influencia en la ciudadanía, no sé hasta qué punto es justificable. Porque les pasa a ellos y nos pasa a la gente de a pie: digas lo que digas, a día de hoy, va a generar fricción. Y no hace falta insultar ni menospreciar para que ocurra. Porque no es una cuestión de faltar el respeto, sino de directamente ser culpabilizadx y señaladx si no compartes la misma visión que yo. Es alegar que, si algo no te gusta, si no te casas con una idea es que directamente debes tacharla, ir contra ella y repudiarla. 

Y esta situación me hace cuestionarme: ¿dónde está realmente esta diversidad tan aclamada con la que se nos llena la boca? Me hace pensar que es una moda más, que queda bonito decir para sentirnos lxs más progres, pero que es bastante más difícil de aplicar. Que si no te autodenominas “pro x” o “anti x” no perteneces a nada y parece que eso no puede ser. Que siempre vamos a tener que estar encasilladxs y catalogadxs hasta en lo más ínfimo de la vida.

Y no puedo evitar pensar en qué idea se están llevando aquellas personas que todavía están en desarrollo emocional viendo que solo tienen como opción amar u odiar. No puedo evitar pensar que es una filosofía de vida que no permite tener presente una paleta de grises, cuando realmente la vida es eso. No puedo evitar pensar en que no van a saber disfrutar de los matices, que lo son todo

Laura Vaquero

Cree firmemente en las palabras como mecanismo de defensa y manifestación.

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