Duda

¿Es más importante saberlo todo o tener una respuesta bajo el brazo?

En medio de la incesante búsqueda de certezas, poco se honra la duda y poco se tiene en cuenta cuando, en realidad, es a lo que mayor energía deberíamos dedicar.

Duda.

Cuando dudamos nos hacemos preguntas y nos permitimos la vulnerabilidad de la ignorancia con el dulce toque proactivo de explorar nuevos conceptos y respuestas.

En la constante búsqueda de certeza nos aferramos, gran parte del tiempo, a ideas preconcebidas y heredadas que consideramos «normales», aceptadas y validadas socialmente.

Dejar de cuestionarse conscientemente lleva a una automática búsqueda de respuestas hacia afuera de la mano de una necesidad de validación y aplausos ajenos.

Manejar la duda con curiosidad y con humildad nos permite gestionar mejor esa incertidumbre. Sustituir el «ya sé» por un «¿cómo sería si?».

Mi propuesta es un reenfoque ante la vida.

Mirar la vida con la curiosidad de un niño, a la vez que tomamos decisiones desde nuestra integridad de adultos «funcionales», manteniendo a raya el ego y limitándolo a lo que biológicamente debiera necesitar el cuerpo para sobrevivir (véase como alimentarse o protegerse ante la violencia de cualquier tipo).

Sin embargo, nuestro ego a veces se confunde de escenario. ¿En qué momento entendimos que la supervivencia va de la mano de un excel bien maquetado y una entrega de proyecto perfecto delegado por un jefe que, según el día, está de peor o mejor humor? Es como si constantemente viéramos un tigre al frente. 

Pero os cuento un secreto: no hay tigre.

¿Significa esto que voy a la oficina y no tengo que hacer nada? No significa eso. Significa que podemos reenfocar la manera en la que nos desenvolvemos. Significa aceptar que, en muchas ocasiones, existe una elección.

Y esto me lleva a que la linealidad en la que vivimos es justo la que nos hace pensar que nada puede cambiar y que «hay que conformarse con lo que hay». Ver dos veces el «hay»da especial vértigo, ¿verdad?

Si una cosa he aprendido recientemente es que no todo empieza y acaba en el momento en el que lo vivimos. Así como las emociones cuando entendemos que cumplen su ciclo, igual que las personas y situaciones. Es una enorme fortuna comprender que la impaciencia constante y el querer todo ya no es más que un fruto de la hiperestimulación de los sentidos y que, bajando un poco el ruido, también puede resolverse esa duda.

Aunque siempre le seguirá una nueva.

Bienvenida sea. Porque si algo he entendido es que, dentro de este constante dinamismo, no se puede parar, sino más bien ajustar el ritmo, a veces más y otras menos. Pero sí gestionarlo, sin afán alguno de controlarlo. Porque justo ahí, en el control, es donde el cuerpo se retrae y se vuelve rígido como el mármol.

Que la duda nos acompañe a la par que el compromiso con la vida y la responsabilidad en nuestras decisiones.

Que el hacernos preguntas nos haga curiosos.

Que podamos añadir una pizca de todo esto a cada momento. Porque la verdad absoluta no es certeza, es una pretensión prefabricada.

Y bueno, como decía Sócrates: sólo sé que no sé nada.

Con amor…

Elena Chiriatti

Sagitariana muy venusina. Escribo para comprender(me) y acompañar a quien le resuene.

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