Nadie nos dijo que escribir era una labor solitaria y placentera. Que necesitaríamos músculo y disciplina.
Nadie nos dijo que pelearíamos con palabras y, aun así, soñaríamos con ellas.
Nadie nos dijo que a veces nos perderíamos en los párrafos sin noción del tiempo, pero nunca solas.
Que nuestras letras podrían tejer alas de papel en un libro. Que abriríamos puertas desconocidas y nos atraparían sus abismos.
Tan solo conocíamos el placer de acariciar las páginas de un libro, de vivir vidas y paisajes inalcanzables, de amar y aborrecer, de sentir sin conocer, de hacer nuestro un mundo nuevo.
Nadie nos dijo que los libros son destinos y las letras los pasajes.
¡FELIZ DÍA DEL LIBRO, REDACTORAS!


