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Detrás de la barra

Y venga, otro cafelito. Esta gente no trabaja, se pasan aquí el día. El día, la noche, la mañana, la tarde. Qué barbaridad. Mira este, ya le echaba en falta, hacía un par de días que no se pasaba por aquí… Pues no, no le han echado, aunque es bastante idiota, yo le echaría, no le echo de aquí porque no tengo potestad, pero vaya cara de que todavía le compra los polos su madre. Anda, mira, hoy viene con su colega el Humos, madre mía, pero cómo es posible oler tan mal a estas horas de la mañana, que no son ni las diez, me juego el cuello a que duerme abrazado a un cigarro, no creo que nadie más le pueda abrazar. Pero, y ya están bajando al café, qué pasa, que no tienen cafetera en su casa, que no se toman un café antes de salir de casa, mejor hacerlo en horario laboral, que eso lo pagamos todos, anda que si yo fuera presidenta, cómo iban a cambiar las cosas.

Que sí, pesada, que ya te llevo la cuenta, otra ejecutiva en apuros, anda y despiértate antes si tienes prisa y no vengas a tocar las pelotas a los que estamos trabajando en paz, mira cómo se ha tomado el café de rápido, debe tener el esófago como las paredes del Teide. Y sin levantar los ojos del teléfono, qué barbaridad, niña, no será mejor que te tomes el café en tu casa y vayas directamente a la oficina, vienes aquí a que te vea el Luisvi y que sepamos que estás muy atareada y eres la más importante y todos te deben pleitesía, fanfarrona, mírala, ni los veinte céntimos de propina me deja, si es que está claro, no se hacen ricos los generosos, por lo menos podrías sonreír y que te veamos las fundas nuevas, digo yo, no sé ni pa qué te arreglas los dientes si es más fácil ver al cometa Halley que una sonrisa en esa cara de rancia, anda y a pasear, a ver si te ponen una reunión a las nueve de la noche y te pierdes el afterwork

Uy, que hoy es viernes, qué pereza, que se van a bajar todos cuando terminen de currar, si se le puede llamar currar a lo que hacen en esa jaula de pladur, con esos halógenos que les queman las ideas, en realidad no me sorprende que se bajen todo el rato al bar, si es que no se puede estar en esas oficinas, todo tan blanco, tan frío, que no sabes si es de día, de noche, parece la UCI, llena de enfermos del postureo, para postureo la mierda del afterwork, no he visto cosa igual, qué falserío, niña, sonrisas más forzadas que la del Joker, por qué vienen a este bar, digo yo que si este es el bar de desayunar, podrían tener otro para la tarde, que parece esto el bar de 7 vidas, todo el día aquí metidos, mira si hasta se traen el ordenador, pero no tienen salas de reuniones en esa oficina tan mega cool, o quédate en tu casa, chico, que para eso te han puesto teletrabajo, pero claro no se van a perder un salseo, así que aquí están, con el ordenador ocupándome las mesas que tengo que preparar para la hora de la comida. 

¿Qué me tocaba hoy de menú? El gazpacho está un poco rancio, a ver si lo coloco que si no para el lunes no me vale, los becarios se van a pedir macarrones, te lo digo yo, si es que están todavía con un pie dentro del nido, por lo menos son educados, me gusta servirles y verlos comer, cómo se ponen, se nota los que son de fuera y no tienen a su madre cocinándoles todos los días, esos que viven de comida de táper que traen de las visitas que hacen a su familia cada tres meses, qué rabia me daría que mi hijo solo viniera a visitarme cuando necesitara comida, a ese le tengo metido en casa hasta los 52, si no hay quien le aguante, qué barbaridad, a estos se les nota la universidad privada y los modales, aunque podrían ser como el Marcos ese, que en buena hora se cruzaron nuestros caminos, pijo mierda, a ese le daba el gazpacho rancio con un toque de wasabi para que le ardiera cuando fuera al baño, que lo que pica al entrar, pica al salir, ya me lo contó Trini de cuando estuvo de viaje en la India con su marido y los del Imserso.

Qué ganas de ser vieja como la Trini y viajar barato, jubilarme y dejar de ver a esta gente pija insulsa, que mi Antonio no me sacó más allá de Torrevieja y yo quiero ver mundo, pasear por las calles de París con una boina, comprar una baguette, pero me comería la punta de camino a donde fuera, eso lo tengo claro, no me puedo resistir, y luego subiría a la Torre Eiffel y me haría un selfie para darle envidia a mis amigas, lo subo al Facebook y que revienten, a lo mejor la Trini se quiere venir conmigo, pero nos vamos sin su marido, solas, de amigas, como veinteañeras, pero esa a ver si se separa de su marido, que parece que le ha crecido un cordón umbilical hacia él, qué dependencia, niña, no tengo yo que soportar a mi marido, que ya se lo llevó el Señor y le tenga en su gloria, voy a tener que soportar al de la Trini, que menudo pieza está hecho, lo mal que huele, Trini, hija, regálale una colonia más resistente, que te tiras a las ofertas y tu marido va apestando, pues sola tendrá que ser, porque si espero a que mi hijo salga de su habitación para algo más que para comer, lo llevo claro. 

Macarrones con tomate, ensalada mixta, tampoco ofrecemos aquí gran cosa, no sé pa qué vienen, que ahí enfrente han puesto un restaurante de sushi tan de moda, hala a comer sushi, no vengáis aquí a comer casero que no está de moda, que si cocino como su madre, me dicen, un poco de respeto que yo podría ser vuestra hermana y, además, no creo que vuestra madre me llegue a la suela de los talones, o que os mande un táper, ah, no, que los señoritos ejecutivos no pueden comer de táper, vaya mundo se nos está quedando, yo le haría el táper a mi hijo si se fuera, pero menudo vago, ahí todo el día en su cuarto, teletrabajando con el ordenador, sin salir, cómo va a conocer así a nadie, que se piensa que me hace un favor quedándose en casa y yo deseandito que se vaya, así puedo andar en tetas por el salón. 

De segundos tengo solomillo a la pimienta y rape con boniato, bien, la verdad que la comida está muy buena, me queda bastante rica, no me extraña que se llene esto para comer, me pongo en media hora, en cuanto estos señores decidan subirse a trabajar de una vez por todas y me den un poco de tranquilidad, que me han dejado ya sin tortilla y no es ni mediodía, no sé cómo tienen tanta hambre, será que ayer se fueron de juernes ese y ahora hay que empapar, y lo bien que empapa una tortilla, eso lo sabemos todas las generaciones, Mari.

A tomar por culo, ya me han tirado otro café, si es que no ganamos para tazas, menos mal que esto no es mío porque les hacía pagar hasta las servilletas que me dejan tiradas por el suelo, que ya no estamos en el siglo XIX, que aquí ya se sabe que cocinamos bien, sed menos gorrinos, por el amor de Dios.

—Voy, cariño, no te preocupes, yo lo recojo, tranquila —dije con una sonrisa tierna y cercana a la petarda que lo ha volcado. No sé hasta cuando voy a poder fingir que me caen bien, yo sería una buena actriz, al final, ya tengo las prácticas de camarera.

Luli Borroni

Escritora desde que aprendí a juntar letras. Amante de la lectura y la buena vida.

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