Decisiones con custodia compartida

No te culpo por tenerme rabia. 

Te solté la mano, y eso duele. 

Te culpo por no querer entender que soltártela no fue solo decisión mía. 

Tú elegiste dejar de lado los abrazos, quererme a medias, no demostrarme que sí, pero sí de verdad, porque quizás algún día no estaría. 

Y con eso, un escenario apocalíptico que ni siquiera existía empezó a cobrar vida. 

Sin darte cuenta, como en esas profecías autocumplidas, aceleraste el escenario que más temías. 

Empujaste nuestro sino al no rotundo, me diste por hecho, y regaste nuestra despedida. 

Andrea Fernández

Curiosa patológica que procesa la vida escribiendo, bailando y conectando personas

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