Me niego a pensar que soy menos importante.
Me niego a vivir una vida que otros han creado para mí.
Me niego a buscar el personaje tradicional que te gustaría que fuese.
Me niego a levantar el brazo y esperar a que me den la palabra.
Tú y yo podríamos ser perfectos, como ella y él, que se funden de manera voluntaria y comparten, sin diferencias, el difícil sendero de la vida. Y no te hablo de amor, el amor es otra cosa; no se trata solo de hombre y mujer, el amor es más generoso y variopinto, y en el amor no debería haber rivalidad.
Te repito, tú y yo podríamos ser perfectos.
Nosotras lo somos, vosotros lo sois, estamos hechos a medida, desde la más insólita ciencia y el misterio más buscado por el ser humano.
Yo también soy perfecta, con todas mis virtudes, mis errores y sus aprendizajes. Quiero que la humildad y la inteligencia crezcan en mi mente de forma latente y con ruido. Quiero hacer mucho ruido, pero del que no molesta, del que se convierte en sonido, en palabra.
Pero me niego a tener que agachar la cabeza porque no soy lo que esperan.
Me niego a escribir un manual cada año para contarte mi historia y justificarme porque un día pierdo los papeles y me llaman histérica.
Me niego a tenerte miedo si camino a ciegas por el mundo.
Sin embargo, acepto incendiar los raciocinios y las lógicas absurdas, pero con palabras de amor, de arte y poesía.
Acepto abrazar mis días tristes y llorar si me sale. Porque no estoy loca ni es debilidad; se llama sensibilidad y a ti también te la dieron, pero quizá la perdiste mientras buscabas la crueldad y la superioridad que, seguro, encontraste.
Acepto una vida contigo, sin tus reglas, ni las mías. Pero sí con la ley en una mano y la empatía en la otra.
Acepto ser yo, ser única como tú y ser libre.
Por encima de todo, acepto ser mujer y que me mires de frente, justo en la línea de tus ojos, pero no por encima de tus hombros ni, mucho menos, por debajo de tus pies.
FIN


